Telecomunicaciones | Artículos | 03 DIC 2011

´Sin redes inteligentes no hay futuro para las operadoras´

Network World

Uno de mis colegas me comentaba el otro día la naturalidad con la que las nuevas tecnologías se han ido adueñando de nuestras vidas. Me hablaba de su hija pequeña de 6 años que, devolviéndole su iPad donde había estado viendo unos dibujos animados, le pidió que le leyera algún cuento, lo que él hizo abriendo el lector de ebooks donde, unos días antes, había descargado un precioso libro de historias para niños comprado en una conocida librería en la red.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?, fue una pregunta que me reconoció se le había venido a la cabeza en ese momento.

Redes inteligentesHace tan solo 15 años, esa misma escena podría haber aparecido en cualquier película de ciencia ficción. ¿Quién nos habría dicho que, unos años después, estaríamos usando una cosa que llamaríamos “tabletas” para ver vídeos, leer libros y revistas, o comunicarnos por texto e imagen con otras persona, sin tener que depender de cables, cintas, discas o controles remotos?

Seguro que alguno de nosotros, dotados de una imaginación más rica, podría haberlo anticipado, pero de lo que estoy seguro es que ninguno habría tenido capacidad para imaginar los cambios que ello produciría en nuestro mundo, en todo el mundo.

Un repaso sencillo a los principales cambios que hemos sufrido en estos últimos años podría ser el siguiente:

·                 La fusión de los teléfonos móviles con las PDA, que han facilitado el correo móvil.

·                   Las búsquedas de información en cualquier lugar gracias a la movilidad.

·                   La integración de cámaras y vídeo en equipos, permitiendo a los usuarios móviles compartir elementos multimedia, imagen en tiempo real y en movimiento.

·                   La convergencia de tecnología móvil y las redes sociales han aportado una auténtica interacción ubicua y en tiempo real.

·                   La aparición de un nuevo modelo de negocio, el de las tiendas de aplicaciones, que han creado toda una nueva economía y un ecosistema de usuarios, desarrolladores, propietarios de contenido y fabricantes de equipos.

El cambio es constante, el impacto es impredecible. Es posible que ya no haya nada nuevo que nos pueda sorprender, pero es bastante probable que seamos incapaces de medir el impacto que pueda llegar a tener. Todos sabemos que la incorporación de las cámaras y el vídeo a los equipos es algo normal, ¿pero somos capaces de llegar a entender el alcance que ello puede llegar a tener?

Ahora, en lugar de escribir notas, podemos tomar fotografías de unos diagramas dibujados en las pizarras blancas de las salas de reuniones. Podemos fotografiar la matrícula del coche con el que hemos tenido algún problema de tráfico o grabar los daños que se han producido y dónde, para luego enviárselos a nuestra aseguradora por correo electrónico. Y así muchos ejemplos distintos que suponen un mayor tráfico de datos que las redes deben manejar.

En 2009, la GSMA (Asociación GSM) había previsto cerca de 6 millardos de conexiones móviles para 2013, cifra ahora que ya se espera poder doblar para 2020. Pero al mismo tiempo que el uso “humano” crece, tal y como hemos podido ver al comienzo de este artículo, no podemos olvidar otro factor explosivo, como es el de las comunicaciones M2M (máquina a máquina) que va a venir de la mano de los hogares conectados. Empezamos a verlo ya en las televisiones, plataformas de juegos, lectores de Blu-Ray equipados con conexiones WI-FI, o en las nuevas propuestas como Apple TV.

La industria de la salud, del automóvil, de la energía, entre otras muchas, son demandantes hambrientas de nuevos tipos de comunicaciones y de servicios. Y así un escenario tras otro.

Todos confiamos en que las redes de telefonía móvil de las operadoras estén preparadas y sean capaces de soportar este crecimiento que podríamos llegar a llamar “salvaje”. Porque si las redes caen, arrastran con ellas todos estos servicios. Pero son unas redes sobre las que las operadoras parece que cada vez tienen menos que decir. Las operadoras deben soportar todo el esfuerzo inversor, y enfrentarse a un modelo de negocio en el que actualmente no parece que sean capaces de obtener ingresos adicionales con el que hacer frente a esas importantes inversiones necesarias para un futuro servicio de calidad.

Las operadoras se enfrentan al nuevo reto de hacer que sus redes no sean únicamente interesantes a sus clientes y a los proveedores de aplicaciones, sino también a ellas mismas. Necesitan convertir esas conducciones actuales en auténticas redes inteligentes que, gracias al conocimiento de las necesidades de sus clientes y de las peculiaridades del tráfico, puedan dar lugar a nuevas ofertas de servicios y a nuevas fuentes de ingresos.

 

Ricardo Miranda-Naón

Director General para España y Portugal de Tellabs

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