| Artículos | 01 FEB 2006

Una visión estratégica sobre redes de información

Juan C. Escobar.
Las Redes Inteligentes de Información (IIN) proponen un nuevo modelo que, más allá de la simple transmisión de datos, sienta las bases de las arquitecturas orientadas a servicios y la virtualización. Se trata de aplicar la inteligencia a los procesos de negocio.

A pesar de la, a veces enorme, inversión en tecnología que realizan las empresas, muchas organizaciones se encuentran con que los recursos de red y los dedicados a procesar y gestionar la información en sí permanecen completamente aislados los unos de los otros. Este es un caso común en organizaciones que tienen cientos de aplicaciones especializadas por departamentos y, por tanto, bases de datos que no se comunican entre sí. El resultado de esta situación es la incapacidad para compartir información de forma eficiente dentro de la organización. Un ejemplo típico es aquel en el que la información útil para la empresa acerca de sus clientes o proveedores no es accesible a todos los departamentos que necesitan consultarla sin crear diferentes redes paralelas. Este problema existe porque la gran mayoría de las infraestructuras de sistemas de TI han ido creciendo sistemáticamente sin una planificación apropiada. En otras palabras, con el tiempo, muchas empresas se han encontrado con múltiples sistemas y recursos distribuidos que no están coordinados y que están siendo usados con muy bajo aprovechamiento. Esta situación también provoca que el coste de soporte y mantenimiento de estos sistemas sea especialmente alto.
De aquí nace el concepto de Redes Inteligentes de Información (Intelligent Information Networks o IIN), con el que se propone un modelo que sirve no sólo para la transmisión de datos, sino también para trabajar sobre arquitecturas orientadas a servicios, servicios web y virtualización. IIN representa la evolución que las redes y los sistemas han experimentado en los últimos tiempos y la que experimentarán en los próximos. Por ejemplo, hace unos veinte años, la arquitectura de las tecnologías de red estaba basada en entornos propietarios y cerrados. Actualmente, las redes IP manejan datos con información de voz y vídeo con alta calidad y fiabilidad. Y no es necesario remontarse tanto en el tiempo. Si miramos diez años atrás, una empresa que quisiera dotarse de una solución de seguridad en su red sólo necesitaba instalar productos en múltiples puntos de la red. Sin embargo, la creciente complejidad de las redes y las nuevas amenazas que día a día aparecen hacen aconsejable que la seguridad sea una propiedad intrínseca a la propia red, del mismo modo que lo son otras funciones, como la calidad de servicio.
El foco no debe basarse pues en la capacidad de transporte de forma exclusiva, sino en el manejo de la información con inteligencia aplicada al negocio. Un ejemplo aclara esta afirmación: los equipos CRS-1 de Cisco son capaces de conmutar datos a más de 90 Terabits por segundo, es decir, serían capaces de procesar en 20 segundos toda la música mp3 registrada en el mundo, o de procesar una oferta de banda ancha para todas las aulas del mundo, o de proveer de enlaces de 2 Mbps a cada una de las pymes de España. La capacidad de procesamiento y gestión queda clara, pero la pregunta continúa en el aire: ¿qué utilidad tiene esto para una empresa? Es evidente que disponer de gran ancho de banda es parte de la solución, pero no la solución.
Estamos viviendo unos profundos momentos de cambio. Por un lado, es necesaria la mejora de la productividad para mantener y avanzar en nuestro Estado del Bienestar; además, la incorporación de nuevos usuarios con demandas más intensas de servicios de red es creciente y los nuevos dispositivos de usuario cada día exigen mayores recursos y prestaciones de la red. Tomando como base el año 2000, se estima que la población mayor de 65 años en la Unión Europea habrá aumentado en un 60% en 2050, mientras que, al mismo tiempo, el número de trabajadores en activo se habrá reducido en un 16%. Por ello, es necesario llevar a cabo procesos que nos permitan mejorar la productividad de nuestras empresas. Al mismo tiempo, el número de internautas en España se ha triplicado en cuatro años y esto nos permite confirmar que estamos en un nuevo punto de inflexión tecnológica.

Integración de servicios
El resultado de esta transformación es una nueva arquitectura de red que integra todos los servicios basándose en convergencia IP, lo que simplifica enormemente los recursos que la red necesita mediante la virtualización y lo que permite también que las aplicaciones no sean solamente los usuarios de la red, sino que la red se ponga al servicio de las aplicaciones de la empresa para integrarlas mejor. Por lo tanto, transporte integrado, servicios integrados y virtualización, e integración de aplicaciones son las fases en las que se sucede la evolución natural de las arquitecturas de red.
Durante la fase de transporte integrado –ya superada–, la voz, los datos y el vídeo convergen en una misma red, ofreciendo además soluciones de seguridad y movilidad y compartiendo los servicios de las aplicaciones que la red presta como estándar: agendas, multiconferencia, etc… En la fase de virtualización, la red se planifica para ofrecer a los usuarios recursos en función de sus necesidades: almacenamiento, capacidad de procesamiento adicional bajo demanda, redes con servicios de seguridad de autodefensa... En el último escalón de la evolución, que denominamos de aplicaciones integradas, la red se involucra en el contenido de los mensajes que fluyen por ella para tomar decisiones que ayuden a los sistemas. Por ejemplo, la red decide, aplicando las reglas de negocio definidas, que determinada información de una aplicación se dirija hacia un sistema u otro, pudiendo transformar la información, asegurar los contenidos, verificar la autenticidad… En otras palabras, se define un escenario en el que los sistemas pueden dedicar todos sus recursos a procesar y transformar la información, permitiendo que la red asuma las tareas comunes a todos ellos: priorización, cifrado, seguridad de acceso, calidad de servicio... De esta manera, es posible mejorar la relación entre el esfuerzo dedicado a innovar y el dedicado a mantener y soportar aplicaciones basándose en las tecnologías denominadas AON (Application Oriented Network).

Innovación y estándares
Este es el escenario de evolución tecnológica que Cisco Systems prevé para los próximos años como modelo de referencia basado en estándares abiertos e innovando con nuevos desarrollos. En este último caso, cuando el estándar aún no se ha definido, Cisco publica sus propuestas para que usuarios, socios y competidores las puedan valorar. Este modelo, que podríamos llamar de “coo-petencia” (cooperación y competencia), permite que no existan desarrollos cautivos, sino que el mercado seleccione los mejores productos y servicios siguiendo criterios de utilidad, coste, rendimiento, robustez y seguridad. Un ejemplo de esta estrategia es la tecnología MPLS, desarrollada por Cisco pero compartida y debatida en foros abiertos hasta convertirse en un estándar ampliamente aceptado por la comunidad tecnológica. De hecho, el pasado 20 de octubre la prestigiosa revista The Economist resaltaba a Cisco como un buen ejemplo de compañía en la que se reconoce que “compartir la información intelectual puede ser más

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