| Artículos | 01 NOV 2006

Paso al mañana

Infraestructura corporativa
No queremos jugar a adivinos. Si son pocos los consultores, expertos y analistas en condiciones de permitírselo, en nuestro caso sería una absoluta frivolidad. Pero sí nos atrevemos a señalar algunas de las tendencias fundamentales del mundo de las comunicaciones que, creemos, acabarán por triunfar. A medio y largo plazo, IP seguirá su carrera hacia la gloria, y la red –con altos niveles de capacidad y disponibilidad– facilitará el acceso transparente a todos los recursos, integrando los entornos fijos e inalámbricos y facilitando una casi ilimitada movilidad. El software será concebido, por fin, como servicio y bajo demanda, y la seguridad seguirá siendo un problema, aunque cada vez mejor gestionada e integrada con la red. Y algo fundamental: casi todo estará virtualizado y automatizado, sentando las bases de los modelos on demand, utility computing y grid computing.

La red transparente
Todo puede cambiar en un par de años, pero, tal y como respira hoy el sector, es de prever que los nuevos centros de datos se asentarán sobre redes de próxima generación con elevados niveles de inteligencia, flexibilidad y capacidad, en plena integración con los recursos informáticos, haciendo completamente transparente para el usuario el lugar donde residen aplicaciones, datos, servidores y almacenamiento.
Una infraestructura más robusta e inteligente será el elemento que haga posible que los una vez dispares recursos de almacenamiento, informática y red se integren en un sistema unificado, con el único fin de que la información viaje más eficientemente entre aplicaciones bajo demanda. Si el ancho de banda, la inteligencia de red y el control del tráfico no están optimizados será imposible sacar el máximo provecho a la potencia informática del nuevo centro de datos, por muy avanzada que sea.
En el logro de esta transparencia del networking jugarán un papel esencial tecnologías como Multi-Protocol Label Switching (MPLS), la gestión y aceleración inteligentes del tráfico, y la integración de redes SAN y LAN. Todas estas soluciones optimizan las infraestructuras de red actuales, pero, según los expertos, la siempre creciente necesidad de ancho de banda dentro de los centros de datos, unida a la caída de los precios de Gigabit, conducirá a que 10 Gigabit Ethernet se convierta en la opción más idónea para la mayoría de las troncales de las empresas.
No obstante, aunque la capacidad de la red siempre será fundamental, en ocasiones la alternativa óptima puede ser otra. Para una empresa que desee extender por la red la inteligencia del centro de datos, la aceleración Web y el caching pueden resultar opciones perfectamente válidas durante mucho tiempo. Llevar a la periferia de la red las aplicaciones y los datos que en un momento dado tengan que ser accedidos podría será una solución especialmente interesante. Existen ya para ello numerosos dispositivos (appliances) de caching y aceleración Web que permiten descargar las troncales de tráfico.

Velocidad inteligente. En cualquier caso, la fuerte caída de precios que Gigabit Ethernet ha experimentado en los últimos años, especialmente el del equipamiento para cableado de cobre, está jugando a su favor. Al fin y al cabo, si se puede conseguir por poco dinero más, ¿por qué no tenerlo? Aunque Gigabit seguirá mucho tiempo aún siendo más caro que Fast Ethernet, es indudable que la evolución a la baja de su coste está animando a muchos responsables de TI a adoptarlo. En este sentido, Dell’Oro Group asegura que los responsables de redes prefieren pagar un poco más y actualizarse a Gigabit aun cuando no vayan a usar a corto o medio plazo el ancho de banda extra. Además, la consultora justifica la compra de estos equipos porque no sólo aportan mayores velocidades, sino también nuevas y valiosas características, como autenticación 802.1X, integración con redes inalámbricas y capacidades QoS.
Otra muy distinta es la opinión de Gart-ner. Su vicepresidente, Mark Gabbi, se ha labrado un sólido reconocimiento mundial como defensor de las inversiones “inteligentes”. En su opinión, los responsables de TI más visionarios no deben dejarse llevar por los cantos de sirena de Gigabit y el ancho de banda bruto, sino invertir en soluciones que optimicen el rendimiento de las aplicaciones y las redes y que añadan valor a la infraestructura, como la seguridad. Con independencia de si el futuro a medio plazo le da la razón o no, lo cierto es que Gigabit Ethernet, cinco años después de su disponibilidad para LAN convencionales basadas en cobre, todavía no es habitual en las sobremesas. Y son muchos los que dudan que llegue a serlo a medio plazo.
Sea como fuere, lo que es indudable es que las cosas están cambiando y, en los próximos años, el networking implicará mucho más que la simple conexión de servidores y conmutadores. A medida que las empresas dejen de ver el centro de datos como la “sala informática” para considerarlo como un valor corporativo estratégico, terminarán optando por la instalación de soluciones que combinen tecnologías de red convencionales de alta capacidad e infraestructura Web.

El software como servicio y bajo demanda
Las aplicaciones tradicionales agonizan frente a un nuevo modelo de software, concebido como servicio y suministrado bajo demanda. Las aplicaciones de empresa convencionales, demasiado caras e inflexibles, no se adaptan al mundo “webificado”, siempre conectado, on-demand y en tiempo real de hoy. En el clima actual de constantes cambios, las grandes aplicaciones monolíticas –una para todo tipo de circunstancias– no ayudan a hacer negocio de un modo efectivo. Y una nueva generación de software, mucho más flexible en cuanto a arquitectura, costes y formas de uso, va ocupando su espacio.
En una primera aproximación a este software del futuro, aparece, cómo no, el concepto de arquitectura orientada a servicios (SOA). ¿Su aportación? Una matriz de servicios Web estrechamente relacionados que hace posible la composición y recomposición de los procesos de negocio. Su mayor beneficio es la flexibilidad. SOA permite a la empresa adaptar rápidamente su infraestructura a los cambios que se produzcan en el entorno de negocio, puesto que la mayoría de los procesos básicos ya están disponibles como servicios Web. Así, las nuevas funcionalidades pueden ser desplegadas como servicios Web para unirse a otros procesos necesarios.
Todavía nos encontramos en la parte de la curva de adopción, donde cada uno parece seguir su propio camino, entre muchas dudas y con metodologías dispares. Aun así, SOA no es una simple moda y, aunque exprimir todo su potencial no será fácil, el resultado final será una empresa ágil adaptada al modelo on-demand.
Aparece, así, la otra gran tendencia en el mundo del software: el auge que, en segunda instancia, está cobrando el software bajo demanda. Y es que este mercado, también llamado de software como servicio (SaaS), heredero de los restos del modelo ASP de los años del boom, está cobrando nueva vida, y no sólo para las pymes, también para grandes empresas. Gartner predice que un tercio de todo el nuevo software desplegado durante los próximos cinco años será suministrado como servicio, en vez de ser comprado e instalado internamente por las empresas.
Se trata de una modalidad qu

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