| Artículos | 01 MAR 2005

Menos costes, más ingresos

Optimización del rendimiento de las aplicaciones
No todas las empresas están dispuestas a reconocer la importancia que para el negocio tiene disfrutar de unos buenos niveles de rendimiento de sus aplicaciones. Y no es de extrañar, teniendo en cuenta la enorme dificultad que supone identificar las causas de la degradación del rendimiento. Es tan sintomático y cómico que, a la hora de buscar la fuente de un problema de este tipo, el personal técnico suele atribuirlo a cualquier cosa que no recaiga en su área de responsabilidad, ya sea a código mal escrito, servidores sobrecargados, dispositivos de almancenamiento lentos o enlaces WAN con poco ancho de banda. Pero ignorar el problema es asumirlo, y asumir los costes que acarrea, que no son pocos. Un rendimiento inaceptable de las aplicaciones puede provocar, a la corta o a la larga, la caída de la productividad de los empleados y de la satisfacción del cliente, además de gastos de capital innecesarios y pérdidas de oportunidades de negocio. Las organizaciones que quieran limitar tal impacto, antes de evaluar las posibles soluciones, han de conocer certeramente su alcance real. Dados los ajustados presupuestos de TI y las presiones competitivas en que se mueven hoy las empresas, el objetivo no es otro que reducir los gastos totales y expandir el negocio.

No es temerario afirmar que los problemas del rendimiento de las aplicaciones es hoy un mal común a todo tipo de empresas. Así lo confirman diversos estudios, como la encuesta realizada recientemente por Packeteer y la publicación Network World, editada por IDG en Estados Unidos. De los 190 suscriptores a la revista especializada sondeados, el 61% reconocen haber experimentado degradaciones significativas del rendimiento de sus aplicaciones, tasa que salta al 85% en el caso de empresas con ingresos superiores a mil millones de dólares. Y el problema cada vez es mayor: el 43% asegura que la ralentización de las aplicaciones se había incrementado durante los últimos doce meses.
Diferentes factores contribuyen a que este problema vaya cobrando importancia con el tiempo. La complejidad de los sistemas TI es uno de ellos. Las interacciones entre los múltiples y distintos recursos de datos, plataformas informáticas, aplicaciones e infraestructuras de red existentes en las empresas suponen un duro reto que afrontar. Un duro reto que, como afirma EMA (Enterprise Management Associates), crece en complejidad a medida que se extiende la tendencia hacia la virtualización, que comenzó a nivel de los circuitos y ya está alcanzando también a otros sistemas, como el almacenamiento. “Cuanto más se virtualizan las cosas, mayor es el reto de gestión que implican”.
Otro factor principal es, según Gartner, la naturaleza del clima en que se desenvuelven hoy los negocios. Como efecto del fenómeno que la firma consultora llama “globalización integrada”, las empresas están integrando de forma global los procesos de negocio a lo largo de toda la cadena de distribución y suministro, tanto en sentido ascendete como descendente. En la actualidad, se están gestionando las cadenas de suministro en tiempo real incluyendo plantas de fabricación situadas en cualquier lugar del mundo. En esta situación, una empresa que, por ejemplo, integrara en sus procesos de misión crítica una fábrica situada en China podría ver cómo sus inversiones se echan a perder por el simple hecho de que allí el rendimiento de las aplicaciones es tan pobre que sus empleados prefieren pedir a sus colegas de la sede central en Estados Unidos que introduzcan ellos mismos los datos correspondientes a dicha unidad de negocio. Parece una broma pero es un caso real contrastado por Gartner. Lo cierto es que la hiperaceleración de los procesos de negocio convierte a los sistemas de TI en cada vez más y más críticos. Al formar el camino por el que van y vienen las transacciones comerciales, cuando se vienen abajo o trabajan tan lentamente que los usuarios evitan su utilización, dejan de ser operativos y todo el negocio se resiente.
El paso de la informática cliente/servi-dor al modelo de aplicaciones basadas en la Web también está contribuyendo a agravar los problemas de rendimiento. Este nuevo diseño permite a las empresas extender el alcance de las aplicaciones a los socios comerciales, empleados móviles y otros tipos de usuarios, pero, en contrapartida, hace un uso mucho menos eficiente de la red subyacente, generando más sesiones TCP que las aplicaciones basadas en cliente/servidor. Secure Sockets Layer (SSL), al igual que otros mecanismos de seguridad, incrementa el overhead total del protocolo.
La consultora Meta Group describe el problema de una forma muy directa: “Los equipos de desarrollo de aplicaciones se centran fundamentalmente en la funcionalidad de negocio de una nueva aplicación y, aunque supervisan su rendimiento hasta su despliegue, por lo general no tienen en cuenta la velocidad a la que se refrescará la pantalla cuando se trabaja a través de una WAN”.

Impacto y consecuencias
Un rendimiento pobre de las aplicaciones puede tener muy amplias consecuencias, afectando siempre a la moral y la productividad del personal técnico y de los usuarios finales, y reduciendo en muchos casos tanto la satisfacción del cliente como las oportunidades de crecimiento del negocio. En la encuesta mencionada quedó patente el poder paralizante que tiene la percepción de tan amplio y crucial espectro de consecuencias negativas. De hecho, un 36% de las empresas sondeadas reconocen evitar el lanzamiento de nuevas aplicaciones por los problemas potenciales que pudieran tener con su rendimiento efectivo.

Sobre las operaciones internas. Los empleados, tanto los usuarios finales como el personal TI, se encuentran entre los más directa y duramente afectados por la ralentización de las aplicaciones. Para los usuarios finales, un rendimiento insatisfactorio influye en dos niveles: no sólo reduce la productividad, sino que además genera reticencia a utilizar la aplicación.
Como ilustra la figura 1, el 40% de las respuestas a la encuesta asegura que la degradación del rendimiento de las aplicaciones tiene un gran o muy gran impacto en la productividad individual de cada empleado, mientras que el 31% reconoce un impacto moderado. La productividad de los equipos de trabajo también se ve afectada: el 32% de las respuestas afirma haber experimentado una gran o muy gran pérdida de la productividad de los equipos, y un 33% un impacto moderado. Casi un 40% asegura que la degradación fue tan severa como para afectar la predisposición de los usuarios a usar la aplicación.
Pero no siempre es fácil cuantificar el impacto de los problemas de rendimiento en la productividad de los usuarios finales. Como advierte Meta Group, hay que tener en cuenta que el impacto siempre dependerá de la aplicación de que se trate y de quién la use, aunque será más fácil cifrar las pérdidas si las aplicaciones están vinculadas directamente a la generación de ingresos. En general, según Gartner, si los usuarios son internos, la degradación de las aplicaciones impactará los costes, mientras que si el rendimiento afecta a los usuarios externos del sistema, es probable que el impacto se produza en los ingresos.
Una métrica clave es el número de transacciones que los usuarios pueden realizar en un tiempo dado. De este modo, se puede cuantificar la pérdida de productividad en número de transacciones. En un caso documentado por Gartner, una firma de seguros vio como, cuando se puso en marcha una nueva apli

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