| Artículos | 01 FEB 2007

El vertiginoso avance de las TI exigirá un mayor control político

Prospectiva TIC 2026
Arancha Asenjo.
En 2026 habrá 3.000 millones de internautas con miles de millones de identidades virtuales; la velocidad de acceso será de 100 Tbps y un chip bajo la piel podría servir de medio de pago e identificación, entre otros prodigios. Pese a sus beneficios, los riesgos se multiplicarán y se necesitarán políticas, organismos y reglamentos más férreos.

Dentro de 20 años, la población alcanzará 8.000 millones de personas, de las cuales 3.000 millones estarán conectadas a Internet. Si cada uno puede registrar varias identidades virtuales, el resultado da vértigo. Esta explosión de “pseudos” creará problemas de gestión y favorecerá el aumento del cibercrimen. Ante esta futura realidad, deberían crearse organismos que controlen el nuevo entorno digital, como, por ejemplo, un registro civil de identidades virtuales. Así opina buena parte de los 50 expertos y directores de sistemas de información españoles, franceses y estadounidenses sondeados por las consultoras TI Gesfor y Prosodie para la realización de un estudio sobre el impacto de las TIC en 2026, que aborda el futuro de 11 aspectos tecnológicos y sus posibles consecuencias.
La duplicidad de individuos y “alias” virtuales exigirá a las empresas potenciar sus herramientas CRM para atender a sus clientes en todas sus facetas. El consumidor, por su parte, decidirá con quién comunicarse según la identidad adoptada y en virtud de factores como dónde se encuentra o procedencia de las solicitudes.
La otra cara de este desdoblamiento traerá la posible pérdida de identidad y, en consecuencia, problemas para realizar transacciones seguras. Como solución se proponen organismos que validen la veracidad del individuo tras el alias, como los poderes públicos, los bancos e instituciones financieras o terceros especializados. En todo caso, su respuesta deberá ser instantánea.
La cibercriminalidad aumentará no sólo por ataques de software sino con intrusiones no autorizadas, denegaciones de servicio, escuchas electrónicas y usurpaciones de identidad, robos de información, chantajes en Internet, etc. Casi todos los encuestados coincidieron en la creación de un cuerpo internacional que vigile estos crímenes, desarrolle una política común para interpelar a malhechores y cibercriminales, y comparta la responsabilidad para extraditarlos. La ONU e Interpol son los más citados para lograr el consenso, aunque muchos dudan de alcanzarlo y afirman que siempre existirán organismos o individuos “gamberros” y cibermafias transnacionales.
La situación cambia respecto a la protección y uso de datos personales. La mayoría opina que los Estados deberán proteger más a los individuos, pese a los riesgos de aislamiento de las redes por países o continentes y una mayor diferencia entre países desarrollados y pobres.

El nuevo papel de los operadores
Como en los últimos 20 años, el modelo de negocio de los operadores continuará su evolución. Algunos adelantan la convergencia del operador con el proveedor de contenidos, a fin de rentabilizar la inversión en la construcción de nuevas redes, y otros dudan de esta figura porque acabaría con un espacio digital democrático. Sí se considera posible, sin embargo, que mucho antes de 2026 se redefinan las relaciones entre la informática, las telecomunicaciones y los medios de comunicación, surgiendo un modelo mixto basado en la integración de componentes procedentes de cada industria.
El estudio también insinúa la posible desaparición de una red única y el surgimiento de Internet con dos o más velocidades, una para servicios gratuitos y otra de pago a varios niveles. Por contrapartida, los operadores de red deberán garantizar una neutralidad como responsables de un servicio público. Sin embargo, el estudio concluye que la neutralidad de Internet será política y que, cuando se convierta en una herramienta de poder, será controlado por los poderes públicos.
Probablemente, el avance de las tecnologías ópticas permita alcanzar los 100 Tbps en 2026. Semejante velocidad propiciará una fuerte concentración de los centros de cálculo para reducir costes y la conversión del planeta en una auténtica aldea global accesible desde cualquier lugar. Por otra parte, la generalización de la movilidad requerirá frecuencias cada vez más elevadas, con la consiguiente mala cobertura del territorio y la falta de comunicación dentro de los edificios.
A día de hoy, el móvil se vislumbra como el medio de pago del futuro, protagonismo que podría compartir con una tarjeta multifunción con DNI, tarjeta sanitaria, tarjeta bancaria, SIM, monedero electrónico, permiso de conducir, etc. No obstante, la biometría proporciona una visión más futurista: pagar mediante un control ocular que nos identificaría y retiraría el importe de la compra directamente de la cuenta bancaria, o llevar un chip implantado bajo la piel desde recién nacido como sistema de identificación. Sin embargo, operadores de telecomunicaciones y bancos no se podrán de acuerdo en los medios de identificación y de pago. Los primeros por no entrar en lógicas de confidencialidad y los segundos por querer ganar preponderancia en este proceso. Algunos encuestados ven en los poderes públicos el punto de equilibrio.

Externalización
En los próximos años, proliferarán las aplicaciones y plataformas de software como servicio (SaaS). Ya en 2026, SaaS dominará el espectro empresarial de aplicaciones estándar y de backoffice, si bien las soluciones del núcleo del negocio y las que permiten diferenciarse de la competencia permanecerán como recursos internos. En general, se aplicará una externalización segmentada y bien controlada a todos los niveles, incluso en hardware.
Por contrapartida, se empobrecerán las competencias técnicas de los informáticos. Algunos señalan que se transformarán en gestores de contratos, jefes de proyectos, expertos en redes y arquitectura, negociadores con los proveedores, especialistas de pre-producción y de gestión de la calidad del servicio. También disminuirá la población de informáticos, aunque seguirán siendo vitales para el diseño de aplicaciones específicas, para predicar las nuevas formas de trabajo y anticipar las transformaciones tecnológicas más interesantes para la organización.


El avance del código abierto
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En 2026 se producirá un equilibrio entre el software libre y el propietario. Los aplicativos libres se centrarán en las capas bajas de los sistemas de información, mientras que las soluciones que aporten valor y diferenciación serán propietarias. Entre los más proclives al uso de sistemas de código abierto se encuentran las start-ups y la Administración Pública; los bancos serán los más recelosos por cuestiones de seguridad.

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