| Artículos | 01 SEP 2006

El enésimo ministro

Hace ya un par de años, en uno de esos emblemáticos encuentros que el sector de telecomunicaciones celebra en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander al final del verano, un directivo de una importante operadora –que ya no está en esa empresa– decía que los ministros encargados de este mercado cambiaban a más velocidad que los problemas. A ese directivo experiencia no le faltaba –llevaba acudiendo religiosamente a la Menéndez Pelayo desde hacía más de una década–. Y sus palabras, además de grandes cargas de sorna, encerraban también enormes dosis de pragmatismo. Cuando hablaba, José Montilla era el nuevo y flamante ministro del ramo. Anteriormente, por esas mismas jornadas habían paseado, con una cadencia de apenas uno o dos años, otros dirigentes: Costa, Piqué, Birulés, Arias Salgado… Unas veces, las jornadas habían tenido mesas redondas con el título de UMTS; otras, con el de banda ancha. Y otras, con el sobrenombre de servicios convergentes. En definitiva, todas ellas eran definiciones más o menos artificiosas de la misma problemática, en la que sólo cambiaba la cara del personaje que, desde la Administración, anunciaba recetas más o menos ingeniosas para atajar todos los males.
Este año, la historia se repite. José Montilla dará paso durante este mes a un nuevo sustituto al frente del Ministerio de Industria: Joan Clos, otro catalán, hasta ahora alcalde de Barcelona y con una experiencia nula en telecomunicaciones. Lo más cerca que Clos puede haber estado de una centralita o de un cable de fibra óptica quizás sea cuando presentó las obras del Fórum de las Culturas, ese mastodóntico proyecto ferial barcelonés cuya gestión pasará a los anales de los grandes fiascos empresariales y que, ojalá, no sea una premonición de lo que puede deparar al sector de las telecomunicaciones en los próximos años.
Lo más preocupante para el sector no es que Clos, médico anestesista de formación, pueda generar dudas sobre su futura gestión como ministro encargado del ramo. Eso sería un juicio a priori injusto y que no viene al caso. Arias Salgado, Birulés, Piqué, Costa y el propio Montilla –esa ha sido la sucesión cronológica– tampoco sabían nada de telecomunicaciones, aunque en algunos casos –no todos– tuvieran una formación económica sólida. El tiempo se encargará de confirmar o desmentir los malos presagios con respecto a Clos, como ya ocurrió con alguno de sus antecesores.
Lo realmente aterrador es que, a juzgar por la elevadísima rotación de cargos que ha habido en la Administración, y lo variopinto de sus procedencias, las telecomunicaciones están demostrando ser la última prioridad del Gobierno, sea del signo político que sea. Después de ocho años de liberalización plena, si algo salta a la vista es la escasa continuidad en la línea de acción administrativa que ha habido con respecto a este sector. Con seis ministros distintos y casi tantos otros secretarios de Estado, posiblemente las telecomunicaciones ostentan la triste plusmarca de ser el sector administrativamente menos estable de toda la economía española. Y eso sin tener en cuenta los vaivenes en cuanto a su adscripción ministerial. Primero, recayeron en el poco sexy ministerio de Fomento, después fueron a parar al híbrido departamento de Ciencia y Tecnología. Y más tarde, acabaron en la gigantesca cartera de Industria, Comercio y Turismo, donde definitivamente quedaron diluidas casi al completo, o cuando menos, en un muy segundo plano. Esta continua inconsistencia, que a veces roza la irresponsabilidad, no se corresponde con el enorme peso que las telecomunicaciones tienen en la economía, al copar en torno al 5% del Producto Interior Bruto (PIB) y dar empleo directo a poco menos de cien mil personas.
En un país democrático los cambios gubernamentales forman parte del juego político, y deben ser aceptados por principio. Lo cual no significa que siempre sean eficaces. Quizás haya llegado el momento de que el mercado reflexione hasta qué punto una Administración que cambia de forma sistemática ha pasado de ser un revulsivo refrescante para las telecomunicaciones a su verdadero cáncer.

Contenidos recomendados...

Comentar
Para comentar, es necesario iniciar sesión
Se muestran 0 comentarios
X

Uso de cookies

Esta web utiliza cookies técnicas, de personalización y análisis, propias y de terceros, para facilitarle la navegación de forma anónima y analizar estadísticas del uso de la web. Consideramos que si continúa navegando, acepta su uso. Obtener más información