| Artículos | 01 OCT 2001

Decálogo para proyectos urgentes en Internet

Jaime Fernández.
Muchas empresas relacionadas con la Red, desde fabricantes de hardware y software hasta consultoras y medios de comunicación especializados, se empeñan en explicar las enormes ventajas de adelantarse a la competencia en el nuevo mercado virtual, entrando en el futuro hoy mismo, si no pudo ser ayer. Estas prisas, que ahora se entienden como propias del ‘tiempo Internet’, generan un tipo de proyecto donde se mezclan tecnologías muy novedosas, inversiones elevadas y plazos de ejecución ínfimos. La ayuda externa se ve, con frecuencia, como la mejor alternativa para lidiar con esos toros, que ya están en el albero de muchos departamentos de informática.

Se toma como algo natural –algunos dirían lógico– las constantes noticias y los anuncios diarios que explican las novedades del mercado tecnológico, en especial en el ámbito de Internet. Nada malo hay en esta carrera por ampliar y mejorar las herramientas que emplean los administradores de sistemas, los programadores o los gestores de redes. A muchos de ellos les parece loable que tal sistema o tal aplicación permita hacer todo eso que promete y mucho más, pero prefieren que sean otros los que prueben esas novedades del mercado. En especial, los departamentos de informática intentan evitar el empleo de varias de esas piezas en una misma solución, y mucho más cuando hay que hacer el trabajo en tiempo récord y, sobre todo, cuando no se trata de un proyecto interno, sino destinado a otros departamentos o a los clientes.
Los proyectos clásicos de informática, donde se procura seguir los mismos métodos que en otros proyectos de ingeniería, han dejado paso a los proyectos basura de Internet, así llamados por sus similitudes con la comida ofrecida por las grandes cadenas de restauración estadounidenses. Cuando la nevera está vacía, o cuando no se tiene tiempo para cocinar o, más sencillo, no se sabe cocinar, se levanta el teléfono y se pide una pizza o se coge el coche y se aparca al lado de la hamburguesería del payaso risueño. La falta de medios, de tiempo o de conocimientos son también las tres razones que llevan a muchas compañías a afrontar sus planes en la Red subcontratando a empresas especializadas en proyectos urgentes (basura) en Internet.
Aunque los resultados serán casi siempre de menor calidad que los obtenidos a través de un proyecto clásico (también se puede acudir a un restaurante de fama y comer mal), existen abundantes aspectos a cuidar a la hora de elegir a quien nos ayude a sacar adelante un proyecto urgente en la Red. Hay que ser conscientes de que los ingredientes que se mezclan en este tipo de combinados ya son explosivos por separado: tecnologías poco probadas, costes elevados y un exceso de prisa. Pero el resultado final seguirá dependiendo de la habilidad en gestionar el proyecto y del compañero de viaje que se halla elegido. Permítanos diez recomendaciones y un consejo final para afrontar este tipo de proyectos en Internet.

1- Los objetivos, muy claros. Invierta la mitad del poco tiempo de que dispone en definir, con el máximo detalle, los objetivos del proyecto. Internet se ha convertido en un nido de proyectos difusos, la mayoría de ellos con pocos pies y ninguna cabeza. Nadie le podrá ayudar con eficacia si usted no es capaz de saber a dónde quiere llegar. Y un plan que no funciona nunca es aquel de “ya lo iremos viendo según vamos avanzando”. Por ejemplo, ¿cree que su empresa necesita un sistema de comercio electrónico? Es posible que sí, y si no tiene muy claro a dónde quiere llegar con ese sistema, ninguna tecnología vendrá en su ayuda, y mucho menos en el campo del comercio electrónico. ¿Recuerda SET?

2- Estimar los recursos que se precisan para alcanzar los objetivos. ¿Quiere hacer una tarta de manzana? El libro de cocina le dirá los ingredientes que necesita, el tiempo de preparación y la dificultad del plato, con fotos incluidas. ¿Tiene un proyecto urgente en Internet? ¿Ha definido sus objetivos? Pues ha llegado la complicada, muy complicada tarea de estimar qué recursos debe emplear para cumplir sus metas, en el corto plazo de tiempo de que dispone. Como no existe ningún libro de recetas al respecto, tiene dos opciones: usted y su equipo poseen los suficientes conocimientos sobre la materia y la experiencia de otros trabajos similares, o buscan a alguien que los tenga y les ayude a estimar qué necesita para llevar el proyecto a buen puerto. Esta segunda opción es muy frecuente en la Red; la mezcla de nuevas y poco conocidas tecnologías, junto con el poco bagaje en estas lides de las empresas en general y de las españolas en particular, invita a solicitar una colaboración externa que ayude a valorar lo necesario para cada proyecto en concreto.

3- Contratar el tipo de ayuda que se necesite. Ya sabe lo que precisa para su proyecto. Quizá sea su gran día de suerte y compruebe con agrado que tiene en su empresa todos los materiales para construir la obra, incluyendo la mano de obra especializada. Pero lo más habitual es que le falten algunos elementos, o muchos. ¿Quién le puede ofrecer esa ayuda que necesita? Si acierta en la elección de la empresa que trabajará con usted para sacar adelante el proyecto, tendrá bastantes posibilidades de alcanzar sus objetivos, al menos los esenciales. Si yerra, podrá vivir el vértigo de un proyecto lanzado al vacío.
Son tantas y tan variadas las compañías que se dedican a echar un cable en proyectos urgentes en la Red que la selección del compañero de viaje ideal no es tarea sencilla. El término ‘xSP’ es el reflejo de este caos: ASP, ESP, ISP, NSP o WSP son una pequeña muestra de los acrónimos que utilizan algunos proveedores de servicios. A esto debemos sumar las consultoras clásicas, muy dispuestas a prestarle también su ayuda. Ante una oferta tan variada (y variopinta) tendrá que dedicar algo de su tiempo a buscar y evaluar las propuestas que le presenten para conseguir los fines del proyecto.

4- Valorar a la empresa que le va a ayudar. El anteproyecto es una herramienta básica que mantiene todo su valor a la hora de elegir una compañía que colabore con usted para lograr sus objetivos en Internet. Quizá el aspecto que toma una mayor relevancia a la hora de juzgar un anteproyecto para la Red es la experiencia que se aporte. Olvide las siglas y los cargos en inglés (en un famosos chiste, Forges compara a un párroco con un Product Manager) y, si no aparecen reflejadas en la documentación –un grave descuido–, pida todo tipo de referencias: ¿En cuántos proyectos de similares características han trabajado? ¿Quiénes eran los clientes? ¿Cómo desarrollaron los proyectos? ¿Se puede hablar con alguno de esos clientes? (si le dicen que sí, hágalo). La experiencia es un grado, pero mucho más en los desarrollos en la Red, donde poca gente ha bregado con todas las dificultades técnicas de este tipo de proyectos, máxime en trabajos de gran calibre. En resumen, valore cada aspecto de los anteproyectos como en un desarrollo clásico, utilizando el apartado ‘experiencia y referencias afines’ como el factor clave a la hora de formar su veredicto.

5- Planificando. Una planificación detallada es una bendición del cielo, sobre todo cuando se ajusta a los objetivos y a las características del proyecto. Por desgracia, es muy difícil lograr un plan realista de un día para otro y, en cambio, es

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