| Artículos | 01 MAR 2005

Bustelo-1; Montilla-0

Eugenio Pedrero.
Los que le conocen dicen que Carlos Bustelo es un tipo dicharachero, un político fino y un gestor empresarial sensato. Para muchos, es lo menos parecido a José Montilla, el actual ministro de Industria. Ambos no se hablan, y si lo hacen es por cortesía. Nunca ha habido química. Tardaron semanas en conocerse personalmente una vez que Montilla aterrizó en Madrid como flamante ministro de infinidad de cosas, entre ellas las telecomunicaciones.
Lo que empezó como una fría relación –cuando no pésima–, terminó estallando el 17 de febrero. Ese día el consejo de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), presidida por Bustelo, aprobó una resolución en la que acataba el Real Decreto del Gobierno del día 30 de diciembre por el que se decidía el traslado de la sede de la CMT desde Madrid a Barcelona. En su resolución, la CMT se atribuía el diseño de ese traslado en aspectos como el calendario y se explicaba que se iba a tomar su tiempo y que se mantendrían las oficinas de Madrid, por pura operativa. Desde el Ministerio de Industria se interpretó que esto último era un órdago de Bustelo, y se reaccionó de la forma más contundente. “Pues le echamos de la CMT”, es la frase que debió oírse en el Ministerio de Industria, que reaccionó como un niño que se coge una pataleta. ¿Con qué argumento se puede echar a Bustelo?, fue la pregunta. “Pues por incumplimiento de sus obligaciones”, dijeron los colaboradores de Montilla a la prensa.

“Cuando y como queramos”
A partir de ahí, cabe todo tipo de interpretaciones. Donde unos ven un Bustelo debilitado y acorralado, otros ven un hábil estratega que combina astutamente los tiempos y las jugadas. De momento, la CMT ha encajado un gol a Montilla. Le ha dicho “acataremos la ley, tal como exigías, y nos iremos a Barcelona”. Aunque sea una “deportación”, según las palabras del propio Bustelo. Eso sí, lo haremos “cuando queramos y como queramos”. Los que entienden de leyes, saben que hasta la última coma de un texto importa. En su decreto, el Gobierno obligaba a trasladar la sede a Barcelona, pero reconocía la competencia de la CMT para decidir cómo. Es precisamente lo que ha hecho el consejo de la CMT. ¿Qué va a hacer Montilla ahora? ¿Despedir a Bustelo porque no quiere irse ya y porque se empeña en dejar oficinas en Madrid? Montilla no ha calculado bien las fuerzas. Bustelo no está solo. Además de los trabajadores, es el consejo en pleno el que rechaza cambiar de sede. Incluidos los consejeros de PSOE y CiU. Los que tienen memoria, recordarán que el consejo de la CMT, por unanimidad, emitió una nota en julio rechazando el traslado y amenazando con llevar la decisión a los tribunales. El consejo finalmente no lo ha hecho, aunque no por falta de algunos de sus consejeros. Los trabajadores sí que han iniciado los trámites para recurrir la decisión del Gobierno.
El consejo ve en Montilla un ministro que pretende vaciarle de contenido. Además de Barcelona, el consejo está crecientemente indignado con el Ministerio por los globos sonda que envía sobre la posible liberalización de las tarifas de ADSL que quiere emprender, o por la reducción de precios de los móviles que se propone aplicar, por no decir la regulación que planea imponer en la voz sobre IP. Todo esto lo quiere llevar a cabo aparentemente sin tener en cuenta la labor que ya está haciendo la CMT en todas esas materias. ¿Dónde quedamos nosotros?, se preguntan algunos consejeros de la CMT. Lo de Barcelona es sólo la punta del iceberg de trifulcas mayores.
La resolución de la CMT es un plato envenado que se le sirve a Montilla. La resolución habla de los desperfectos que podría generar en el sector el traslado apresurado a Barcelona. Entre otros, dilatar el proceso de análisis y definición de mercados que está llevando a cabo la CMT, y que será la espina dorsal de la nueva fase de liberalización de las telecomunicaciones. Si no hay análisis y definición de mercados no se avanza, y si no se avanza, el mayor perjudicado será Montilla. En algunas materias, la CMT de hecho empieza ya a sufrir retraso en la tramitación de algunos expedientes.

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