| Artículos | 01 ABR 2002

ACIST denuncia el intrusismo y la escasa regulación de la integración de sistemas

Organización Catalana de Integración de Sistemas de Telecomunicaciones
Toñi Herrero.
Organizados en la Asociación Catalana de Integración de Sistemas de Telecomunicaciones (ACIST), creada en 1999, unas cincuenta compañías del sector (casi la mitad con cobertura nacional) especializadas en la instalación y mantenimiento de infraestructuras de comunicaciones reclaman un reconocimiento público y una mayor regulación. La formación y la lucha contra el intrusismo son sus principales ejes de actividad.
La situación en la que se encuentra el colectivo actualmente es de plena expansión. “Hemos pasado la etapa más difícil, que era la de creación y consolidación de la asociación en Cataluña, y desde hace un mes hemos obtenido la calificación de asociación con ámbito estatal; esperamos tener asociados de toda España”, señala Josep Padró, presidente de ACIST. La ampliación del ámbito geográfico de actuación de la Asociación, se debe, según Padró, a las diferentes peticiones de compañías que están fuera de Cataluña que, conociendo la iniciativa, se sintieron identificados con sus inquietudes y objetivos. “También tuvimos un gran eco dentro de otras asociaciones muy importantes del sector (Autel y Asimelec) con sede en Madrid, con las que estamos trabajando en diferentes parcelas conjuntamente”.

Problemas de formación. Entre los principales problemas a los que se enfrenta el colectivo se encuentra, en opinión de Padró, “el intrusismo que estamos padeciendo de otros sectores afines, tales como compañías de instalaciones eléctricas, constructores y de telefonía”. Otra dificultad es la formación técnica: “hasta la fecha está en manos de los grandes fabricantes multinacionales, que son quienes reciclan y forman el personal a un costo elevadísimo y sin ningún tipo de flexibilidad horaria que permita combinar la formación con el trabajo que están desempeñando estos técnicos”, asegura Padró. “Los distribuidores no son ningún problema para nosotros, siempre y cuando tengan claro el patrón de negocio donde ellos deben estar”.
Así, la ACIST entiende que el proceso de venta dentro de su sector ha de ser: fabricación-distribución-empresa de servicios-cliente final y “debemos todos respetar el canal establecido”. Pero en la actualidad “nos encontramos de todo: distribuidores, incluso fabricantes, que atacan al cliente final, provocando una distorsión de precios y confusión y una devaluación en la calidad de servicios, ya que éstos se valen de cualquier tipo de empresa”, destaca. Las principales actuaciones de la ACIST para hacer frente a estos problemas son identificar fabricantes y distribuidores que tengan claro el canal de distribución y facilitarles su labor y descatalogar internamente aquéllos que no lo respeten.

Rompiendo el aislamiento. Otra de los más destacables inconvenientes a que han de enfrentarse los asociados es la escasa regulación. Por eso, la Asociación está reivindicando su propia CNAE (Clasificación Nacional de Actividades Económicas), que pretende aportar una herramienta con la que identificar fácilmente el número de compañías que operan en España, tener información del volumen de facturación y trabajadores del sector, entre otros. “Actualmente nuestros asociados están amparados bajo diferentes CNAE y nos es muy difícil identificarlos”. Además, la asociación está promoviendo la imagen de calidad dentro de los asociados y se han obtenido grandes subvenciones para que las compañías que no tenían la ISO, la obtengan y además sin costo alguno. También se quiere promover e informar al cliente final de lo que representa estar asociado a la ACIST: “calidad, seguridad, profesionalidad”.
Pero además, según Padró, “está claro que hace falta una mayor regulación por parte de la Administración, porque en la actualidad ésta no tiene ni constancia de nuestra especialización. Y muchísimas empresas que están haciendo este tipo de instalaciones incumplen las normativas oficiales existentes”. Todas las iniciativas llevadas a cabo en este sentido han sido de carácter privado: “en ningún momento la Administración nos ha facilitado las cosas. Como se vio en los desastres que provocaron los tendidos de fibra óptica por las ciudades o la instalación de los repetidores de telefonía móvil, creemos que la Administración ha ido siempre a remolque en la implantación de las nuevas infraestructuras de comunicaciones”.
Aunque los resultados que se están obteniendo son “muy positivos, necesitamos un mayor numero de asociados para poder tener mas presión sobre los organismos públicos y privados”, concluye el presidente de la Asociación Catalana de Integración de Sistemas de Telecomunicaciones.

therrero@idg.es

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