| Artículos | 01 SEP 2005

El sueño de la 3G

Los nuevos retos del mercado de la telefonía móvil
Eugenio Pedrero.
Cinco años después de que se empezaran a conceder las licencias de tercera generación de móviles, esta tecnología empieza a arrancar. Para algunos, lo hace tarde y mal, pero, pese a ello, para otros menos pesimistas –aunque tampoco excesivamente optimistas–, la 3G tiene un enorme potencial. En cualquier caso, todavía tiene que demostrar que es capaz de desarrollar modelos de negocio estables y duraderos.

Los más creyentes miran las estadísticas. Al fin y al cabo, en todo el mundo, ya hay 66 redes 3G plenamente operativas en más de 30 países con cerca de 20 millones de usuarios. Y enarbolan esas cifras como la señal más palpable de que ese paraíso prometido ya está aquí. Como si se tratara de un nuevo advenimiento. Es el sueño hecho realidad.
Atrás queda ya el estigma de la tercera generación, a la que se acusó de haber sido uno de los mayores fiascos de la historia de las telecomunicaciones, con más de 120.000 millones de euros volatilizados en forma de pagos por unas licencias que sumieron en pérdidas colosales a las grandes operadoras internacionales.
En los últimos cinco años se ha pasado de la euforia más absoluta con respecto a la tercera generación de móviles al escepticismo más cruel. El UMTS (Universal Mobile Telecommications System) –bandera de esa nueva concepción de la telefonía celular– se transformó de héroe en villano. De la decena de titulares de prensa que generaba cada semana pasó al ostracismo más absoluto. En los dos últimos años, la opinión pública sencillamente ignoró que UMTS estaba ahí, gestándose. Fue la forma que tuvo la sociedad y el mercado de penalizar a una tecnología que causó verdaderos estragos en 2000. Solamente el gobierno de Alemania, por poner el ejemplo más notorio, ingresó más de 50.000 millones de euros en la subasta de licencias de telefonía 3G. Si esa cifra era todo un maná para las arcas del Estado alemán, fue un torpedo en la misma línea de flotación de las empresas, cuyas cuentas se quedaron tambaleando.
Sin embargo, tras las primeras decepciones, y fuera de los focos de la noticia, la tercera generación empezó entre bambalinas un lento pero firme peregrinaje hacia su implantación. Se calcula que a diciembre del pasado año en el mundo ya había alrededor de 16 millones de usuarios de teléfonos de UMTS, y que la cifra sigue subiendo a buen ritmo. Y eso supone que en diciembre de 2004 había una base de clientes 2,5 veces superior a la correspondiente a finales de 2003. Algunas estimaciones de grupos como Siemens –ya mucho más moderadas que las que se hicieron hace un lustro en plena burbuja tecnológica– apuntan a que los usuarios de 3G podrían alcanzar los 40 millones a lo largo de este año.
Lo realmente destacable y lo que demuestra que el sueño de la 3G se está haciendo realidad es el despliegue de redes que se ha ido produciendo en los últimos meses. En estos momentos hay ya 128 operadores comprometidos con la implantación de redes de tercera generación, sean de tecnología UMTS pura o de cualquier otra versión, como EDGE.

Suma y sigue
Se podría decir que una gran parte de las redes que ahora mismo están ya funcionando iniciaron sus servicios comerciales a lo largo del segundo semestre de 2004. En noviembre del pasado año se calculaba que había sólo 55 redes operativas en 24 países. Es decir, en apenas seis meses, se han puesto en funcionamiento diez redes más y seis países nuevos se han incorporado a la fiebre de la 3G. Pero, según una investigación del grupo Analysys que manejan operadores y fabricantes, será a partir de 2006 cuando la tercera generación despegue realmente. Si la cifra de abonados a UMTS en el conjunto de los países europeos es todavía reducida (alrededor de siete millones de abonados, es decir, un 2% de la base de clientes), los analistas y expertos estiman que podría representar el 8% de los usuarios de móviles a finales de 2005 y el 20% un año después.
En un espacio de tiempo más dilatado, los expertos calculan que la 3G tardará relativamente poco tiempo en ser la tecnología dominante entre los abonados, por encima de GSM y GPRS. Hacia el año 2008, prácticamente la mitad de los abonados de telefonía móvil de los países de Europa occidental podrían tener terminales UMTS. A partir de ahí, la 2G y la 2,5 G iniciarían el declive total.

El negocio del millón
En España, Telefónica Móviles, Amena y Vodafone han puesto grandes esperanzas en la 3G, y aunque algunos consideran que el lanzamiento que están haciendo de la nueva generación de móviles es un tanto descafeinado, a la espera de que el mercado madure por sí sólo, los tres operadores consideran que este año y el próximo los servicios UMTS serán los verdaderos protagonistas del crecimiento del mercado.
Javier Aguilera, hasta hace poco el máximo responsable de Telefónica Móviles en España, aseguraba que la telefonía de tercera generación alcanzaría la cifra mágica del millón de clientes en nuestro país a lo largo de este año. Puede que esa cifra, que generó grandes titulares en prensa, sea demasiado optimista. El tiempo lo dirá. De lo que no cabe duda es que tarde o temprano se alcanzará. Las operadoras lo necesitan.
Telefónica Móviles, Vodafone y Amena no sufrieron en España la vorágine de las subastas que se produjo en otros países. Al principio tuvieron que pagar relativamente poco por las licencias de UMTS, y aunque luego se vieron penalizadas con pagos extraordinarios de 600 millones de euros en su conjunto, esa cifra dista mucho de los 50.000 millones de euros que se pagaron en Alemania, los 35.000 millones que se abonaron en Gran Bretaña o los 20.000 millones en Francia. No obstante, el esfuerzo inversor para el despliegue que han hecho en los dos últimos años ha ido en aumento, y se calcula que ya se han dejado en desarrollo de infraestructuras alrededor de mil millones de euros, inversiones que necesitan rentabilizar cuanto antes.
Pero, de momento, parece que al mercado de la 3G le está costando abrirse paso en nuestro país. Según algunos datos que se publicaron en el primer trimestre, la venta de teléfonos móviles de tercera generación apenas llega a representar el 2% del total de las ventas de terminales en España. De los cinco millones de terminales que se vendieron durante los pasados meses de diciembre, enero y febrero, según algunas estimaciones, los íntegramente 3G apenas llegaron a 60.000 unidades. Es cierto que la telefonía analógica también empezó así, y que la digital, con GSM, también. Pero una vez que el mercado español, con más de 38 millones de usuarios, ha hecho de la telefonía móvil un artículo de primera necesidad, es difícil empezar a comercializar un servicio que falla precisamente en un aspecto tan esencial como la cobertura. Según los comercializadores, entre la población todavía hay cierto convencimiento de que la cobertura de la 3G es limitada.
Por otra parte, se alega que los precios de los terminales son demasiado altos, con tarifas que oscilan entre los 300 y los 700 euros. Aunque Telefónica Móviles, Amena y Vodafone han empezado a comercializar servicios de 3G con diversas promociones, la principal barrera de entrada para los usuari

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