Networking | Artículos | 01 JUL 2010

100G Ethernet y más

Aunque inopinadamente sin pena ni gloria mediática, llegaba por fin el mes pasado la ratificación por el IEEE del estándar 40G/100G Ethernet final, que da respuesta a las necesidades
crecientes de ancho de banda de los centros de datos de nueva generación, las redes de los proveedores de servicios y otros entornos de alto rendimiento y tráfico intensivo. Es posible que el anuncio durante los últimos meses de productos Ethernet de 100 Gbps pre-estándar de fabricantes como Cisco, Juniper, Extreme o Force 10 haya acabado por provocar el desinterés de medios y usuarios por la disponibilidad de la norma final, pero eso no debería haber quitado fuerza a la novedad, máxime cuando los titulares de los medios especializados contienen tantas veces –quizá ya demasiadas– auténticas naderías que poco aportan. Sobre todo porque han sido tendencias hoy tan fundamentales para las TI –y tan fashion– como la virtualización, los servicios de redes convergentes, el vídeo bajo demanda y los medios sociales las que han impulsado la creación del nuevo estándar. Sin olvidar que la disponibilidad de 100G Ethernet acelerará la adopción de 10G Ethernet –la versión de la norma con mayor tasa de crecimiento en la actualidad en un mercado tocado por la recesión– al ofrecer capacidad de agregación de enlaces de esas características, y que, asimismo, animará el despliegue de redes de acceso de gran ancho de banda, una de las prioridades de operadores y administraciones de Europa, Norteamérica y Asia Pacifico.
Tampoco hay que despreciar el valor que la estandarización de 100G tiene como primer paso hacia Terabit Ethernet, que podría estar disponible hacia 2015. ¿Demasiada capacidad? Como el propio IEEE asegura, si se analiza la evolución que están experimentando los centros de datos, parece el momento oportuno de empezar a pensar ya en tales capacidades. Según vayamos avanzando en el modelo de informática en nube, donde la potencia y el almacenamiento se pasan al centro de la red, será más necesario que nunca conjugar en presente la vieja aspiración de que “la red será el ordenador”, lo que sólo se conseguirá si la red es tan rápida o más que el ordenador. Las aplicaciones serán ilimitadas, desde la videoconferencia 3D en las sobremesas a soluciones verticales basadas en el tratamiento de imágenes para sectores como sanidad, defensa, investigación, ocio y mass media.
Pero antes de que 1000G Ethernet empiece a ser una posibilidad creíble, las soluciones 40G/100G tendrán que saber conquistar el mercado. Una barrera para su adopción masiva será el precio, demasiado alto en un primer momento, aunque, según el IEEE, sólo resulta caro en el caso de equipos ópticos de largo alcance, ya que para los de distancias cortas es “muy razonable”. Los precios iniciales de algunos productos 40/100G son incluso inferiores a los de las primeras soluciones de 10G. Cuando el retorno de la inversión de 100G sea más que evidente, algo que no sucederá en todas las organizaciones en un primer momento pero sí en otras muchas con necesidades inmediatas o a medio plazo de mayores niveles de rendimiento y calidad, su disponibilidad creciente irá abriendo el camino a nuevas aplicaciones y servicios donde velocidades aún mayores sean un requisito. Puede que la línea de evolución de Ethernet tenga algún día fin, pero desde luego aún queda muy, muy lejos.

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