Mundo profesional | Artículos | 01 DIC 2009

¿Innovación o propaganda?

España llega a la presidencia europea con el Paquete Telecom recién aprobado y un semestre por delante en el que, según todos los estudios de mercado, comenzará la recuperación del sector en
prácticamente todos los países del entorno comunitario salvo el nuestro, que no volverá a ver crecimientos en el gasto TIC hasta un año después. Y llega con una agenda repleta de buenas intenciones que esperemos que –a diferencia de lo que suele ocurrir con la Administración Zapatero– se concreten en algo mínimamente operativo. Pero, de momento, la contradicción entre la dura realidad española del sector y los objetivos proclamados por el Gobierno durante el periodo preparatorio de su presidencia de la UE sólo crea dudas sobre la efectividad real de tanta hiperactividad desplegada en cumbres y acuerdos con los representantes de la industria a escala europea.
En repetidas ocasiones, el secretario de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información, Francisco Ros, ha dado a conocer cuáles serán las prioridades fundamentales de la presidencia española en TIC, como, entre otras menores, el establecimiento de un marco que favorezca el despliegue de infraestructuras y servicios avanzados, donde la fibra es clave. De hecho, el Ministerio de Industria ya ha mantenido encuentros con asociaciones empresariales europeas del sector para transmitirles tales prioridades con la intención de consensuar y remitir a la Comisión y a otras instituciones de la UE un documento que recoja las necesidades y demandas más acuciantes de los agentes del mercado.
Cumbres, informes, acuerdos marco, promoción, documentos... Sobre el papel, nada que objetar, pero todas estas medidas respiran una falta de pragmatismo comprensible en parte por los largos y tediosos procedimientos de la UE para alcanzar acuerdos vinculantes, pero que, a la luz del tan errático como vanamente propagandístico comportamiento del Gobierno en todo lo que tiene que ver con la industria, la economía y los mercados, hace temer lo peor. Si finalmente se junta el hambre con las ganas de comer, estamos apañados. Porque cuando al ejecutivo se le piden medidas emprendedoras concretas que supongan un determinado compromiso económico, más allá de tapar agujeros, de haber respuesta, se produce tan tarde que pierde por el camino buena parte de su potencial.
¿Demasiadas suspicacias? “Ésta es la primera vez en la historia que todas las áreas que componen el hipersector TIC español descienden”, afirmaba recientemente Jesús Banegas, presidente de Aetic, advirtiendo que “en caso de que no cambien las políticas que está llevando a cabo el Gobierno, la situación no va a mejorar, con lo que eso significa para la economía de España”. Palabras que, de otras formas, vienen repitiendo los máximos representantes de las asociaciones sectoriales, como Asimelec, que no entienden como representando las nuevas tecnologías el 7% del PIB y conocidas las preocupaciones medioambientales del Gobierno, los programas TIC de Industria se hayan reducido un 66% para 2010 y el gasto público en I+D+i en un 30%. Y cuando, añadimos nosotros, la ley para una economía sostenible basa el desarrollo futuro español en la innovación, la tecnología y las energías renovables, y Francisco Ros advierte en foros internacionales del peligro que corre Europa si no invierte en I+D como recurso competitivo frente a otras regionales mundiales.
Éste es sólo un ejemplo -hay muchos otros, como la política impositiva aplicable a los agentes del mercado TIC o el recorte del gasto público en tecnología, sólo ahora en parte aliviado por la segunda fase del Plan E-, pero muestra lo insostenible que a la larga supone moverse bajo eslóganes tan vanguardistas como huecos, siempre con resultado final cero, cuando no negativo, porque el tiempo corre. Dicho sea con todo el “patriotismo” posible, que es mucho.

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