Mundo profesional | Artículos | 01 OCT 2007

Europa vs. Microsoft: una decisión inteligente con pocas consecuencias

Tras tres años de deliberaciones, el Tribunal de Primera Instancia de la UE confirmó el pasado septiembre –en sus dos principales puntos– la condena de la Comisión Europea contra Microsoft. Según su fallo, la Comisión estaba en lo cierto cuando reguló en contra de la estrategia de la compañía de empaquetar Media Player con Windows y de no compartir con sus competidores la información necesaria para asegurar la interoperatividad de sus productos con el sistema operativo de Microsoft.
Ha pasado poco tiempo desde la publicación de la sentencia del Tribunal, pero algunas consecuencias de esta sentencia están ya completamente claras. Según muchos, asesta un contundente golpe a la estrategia global de Microsoft de empaquetar aplicaciones software con su sistema operativo Windows, sentando un importante precedente legal para cualquier litigio antimonopolio contra la compañía que pueda producirse en el futuro. Para otras, las consecuencias no serán muy importantes.
La sentencia ha conseguido soliviantar al sector y a los reguladores, generando reacciones enfrentadas. Son muchos los suministradores de software –y especialmente los de código abierto– que han apoyado el veredicto, expresando su esperanza en que la decisión del Tribunal anime a la Comisión a analizar la situación ocasionada por otros programas que Microsoft incluye en Windows. Sin embargo, también hay quienes no ven con buenos ojos la sentencia. Entre ellos el Departamento de Justicia de Estados Unidos, que ha criticado severamente la postura europea argumentando que puede acarrear consecuencias desafortunadas que acaben dañando a los consumidores al enfriar la innovación y desalentar la competencia. En un comunicado, el Departamento de Justicia se manifiesta a favor de aplicar las leyes antitrust para proteger a los consumidores, no a los competidores. Postura que la Comisión ha respondido con firmeza, considerando inaceptable que representantes de la administración estadounidense critiquen la decisión de una Corte independiente fuera de su jurisdicción.
De cualquier modo, lo cierto es que la estrategia de empaquetamiento de Microsoft ha probado su efectividad en el pasado y es bastante cuestionable que Europa vaya a conseguir evitar que siga haciéndolo en el futuro, ni siguiera en nuestro continente. Como asegura el grupo industrial Association for Competitive Technology, que ha apoyado a Microsoft durante todo el proceso, para muchas pymes y consumidores el empaquetamiento puede representar una ventaja, y si tienen la posibilidad de adquirir soluciones de este tipo, lo harán. Cuando la Comisión obligó a Microsoft a vender una segunda versión de Windows (Windows N) sin Media Player, la medida o llegó tarde o, más probablemente, fue insuficiente. La Comisión, y ésta es la clave, permitió seguir vendiendo la versión empaquetada en paralelo y el mercado se decantó irreversiblemente a favor de ésta. Pese a las medidas impuestas por Europa, Microsoft ha conseguido desplazar a RealNetworks en este segmento.

Medidas poco efectivas
La Comisión no prohibió la venta de la versión empaquetada, como tampoco lo hace ahora el Tribunal de Primera Instancia. De hecho, en su sentencia de septiembre, este tribunal explicita: “esta Corte deja claro que Microsoft mantiene su derecho a continuar comercializando la versión de Windows empaquetada con Windows Player y que sencillamente se le exige ofrecer a los clientes de Windows la posibilidad de comprar el sistema operativo sin el reproductor de medios”. Aunque la propia comisaria de Competencia ha reconocido la poca efectividad de la medida impuesta por la Comisión al respecto en 2004, también ha dicho que no tiene intención de introducir modificaciones en ella. Así pues, a fin de cuentas y pese al revuelo generado en el sector por el dictamen, probablemente no llegará a implicar cambios reales tan profundos como muchos auguran.
Probablemente, Europa ha tomado en realidad la decisión más inteligente posible en una situación tan difícil como la que se le planteaba, dada la corta experiencia de los poderes públicos en un mercado salvajemente globalizado, competitivo y dinámico. Por una parte, salvaguarda la posibilidad de elección de los usuarios, pero al mismo tiempo evita caer en un excesivo proteccionismo que pudiera contravenir los principios de la libertad de mercado. Si los propios usuarios eligen la solución del fabricante dominante, no es responsabilidad de los reguladores.


Nuevo entorno competitivo
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La sentencia del Tribunal de la UE abre un nuevo entorno competitivo en nuestro continente. Como advierte la consultora Ovum, cualquier empresa que extienda su oferta más allá de su negocio principal –ya se trate de chips, sistemas operativos, aplicaciones o servicios– debería preocuparse por la posibilidad de convertirse en blanco de la Justicia si, como hace Microsoft, intenta popularizar un producto haciéndolo componente tecnológico de otro que domine un segmento de mercado.

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