Mundo profesional | Artículos | 01 OCT 2007

Espectros y entelequias

El espectro radioeléctrico siempre ha sido la piedra angular del negocio de los móviles. Como recurso escaso que es, el que posee frecuencias -adjudicadas por concurso de méritos o por subasta económica- disfrutará siempre de una posición privilegiada durante años frente a los simples comercializadores de servicios sin red. Como cualquier otro monopolio natural, una compañía con redes de distribución (en este caso a través del aire) siempre tendrá una palanca para poder estrangular el mercado si quiere. Por eso, la nueva política del Ministerio de Industria con respecto a qué hacer con las frecuencias radioeléctricas en España es un tema clave para determinar la futura evolución del negocio celular.
El Ministerio de Industria se plantea dos nuevas coordenadas que deben ser analizadas con esperanza, pero que también entrañan riesgos. Por un lado, plantea la neutralidad tecnológica, de manera que unas frecuencias, concebidas en su momento para una tecnología, puedan ser usadas para canalizar las nuevas. Por otro, plantea un reparto más equitativo de las frecuencias más antiguas, que disfrutan los primeros operadores (Telefónica y Vodafone), distribuyéndolas también entre los otros. La neutralidad (que en la práctica terminaría reconvirtiendo las frecuencias de 900 MHz de GSM hacia el más moderno UMTS) no es sólo una buena idea. Es sencillamente una obligación si se quiere impulsar el desarrollo en el sector. Ahora bien, el Ministerio debería ser tremendamente cuidadoso con su segunda propuesta de repartir las frecuencias. Cualquier paso en falso podría ser interpretado como una expropiación de esas frecuencias, que si bien se adjudicaron en régimen de concesión administrativa por unos años, no se pueden quitar sin más a las empresas que para poderlas explotar han tenido que acometer inversiones multimillonarias.
Conviene que el Gobierno abra un amplio debate sobre la conveniencia o no de repartir esas frecuencias en todo el sector, alejándose de posturas maximalistas. ¿Supone una ventaja competitiva para Telefónica y Vodafone el uso del 900 MHz.? ¿En qué medida están estrangulando el mercado? ¿Están en condiciones de usar esas frecuencias Orange y Yoigo? ¿Y por qué no repartir esas frecuencias también a otros nuevos entrantes, como los operadores de cable, que llevan años intentando zambullirse, sin éxito, en los móviles? Todas estas son preguntas que deberían responderse antes de abordar un asunto tan espinoso como el del reparto de un bien escaso que, más que ningún otro, condiciona la evolución de un negocio multimillonario.
El gobierno actual, al margen de que pueda renovar en las próximas elecciones de marzo, está ya en el final de la legislatura. Joan Clos, titular de Industria, plantea dudas sobre su continuidad una vez pasados los comicios. Quizás un debate con un trasfondo tan hondo debería afrontarse con una perspectiva temporal más amplia y de consenso político y sectorial que permaneciera al margen de cualquier vaivén electoral. Sólo desde esta perspectiva de pacto a largo plazo entre todas las partes, podría alcanzarse acuerdos sobre un tema en el que ya desde hace años se debería haber avanzado. Los que llevan tiempo en el sector, quizás recuerden que en su día se habló de crear una agencia del espectro encargada de intermediar los intercambios de frecuencias entre operadoras, sujetándose a las reglas del libre mercado. A fecha de hoy, esa iniciativa sigue siendo una entelequia..

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