Cloud Computing | Artículos | 10 MAR 2014

¿Qué nos enseña el carbón sobre la nube?

Los beneficios procedentes de adoptar cloud computing son claros: mayor productividad, mayor eficiencia y reducción de costes. Estas ventajas podrían hacernos pensar que las compañías necesitarán cada vez menos recursos al ir pasando servicios a la nube y, en consecuencia, el mercado cloud tendería a estancarse. Sin embargo, todas las previsiones indican lo contrario: dicho mercado continuará creciendo y las áreas de TI gastarán más en esta tecnología. ¿Qué está asando?
Lucio Martinez de Salazar
Lucio Martínez de Salazar Sepúlveda, Manager de Business Integration Partners (BIP)
Lucio Martínez de Salazar Sepúlveda, Manager de Business Integration Partners (BIP)

La situación actual de crisis provoca que muchos CIO vean la adopción de la nube como una posible solución para reducir costes. No obstante, esto sólo será posible si son capaces de evitar (o incluso “negar”) el crecimiento de la actividad en las áreas de TI que supondrá dicha decisión. Para entender cómo se produce esta situación, demostraremos en este artículo que el progreso tecnológico responsable de aumentar la eficiencia en el uso de un recurso (en este caso la nube) no disminuirá su consumo, sino que lo incrementará.

 

Irónicamente, no se trata de una afirmación de algún experto en cloud sino que se conoce como la paradoja de Jevons, que fue postulada en 1865 por el economista victoriano del mismo nombre. Jevons estudiaba la evolución de la demanda de carbón para estimar cuándo se agotarían las minas británicas. Durante su investigación, observó que, al contrario de lo que puede parecer, el incremento de la eficiencia en las máquinas alimentadas por carbón no frenaba su consumo global. Todo lo contrario. Comprobó que cuanto más combustible se quemaba, más se incrementaba su ritmo de consumo. Al parecer la eficiencia no provocaba una disminución del consumo del carbón sino su incremento. Es algo similar a lo que sucede con las galletas bajas en calorías: generalmente, no ayudan a mantener la línea porque, precisamente por su propia naturaleza “light”, las consumimos más que si fueran normales.

 

Para entender cómo afecta esta paradoja a la nube, tengamos en cuenta que esta tecnología se diseñó para que el almacenamiento, las comunicaciones, la capacidad de procesamiento,… fuesen más eficientes y baratas. Desde el ámbito TIC se vendió a negocio como soluciones que permitían un importante ahorro de costes, gracias a la reducción de infraestructura, espacio, energía y servicios que se podían externalizar a un tercero con la ventaja de comprar sólo la capacidad necesaria en un periodo determinado. Esta reducción de costes es cierta a corto plazo pero, ¿qué sucederá a medio y largo plazo? La fuerte competencia entre proveedores provocará una disminución de los precios (algo similar a lo que sucedió en el sector de las telecomunicaciones tras la aparición de los operadores móviles virtuales). Al disponer de más capital, las áreas de TI podrán abordar proyectos menos prioritarios que la crisis económica y el recorte presupuestario habían retrasado a esperas de un momento más favorable. Asimismo los usuarios, a quienes les parecían muy caros los “tradicionales” precios de TI y que encuentran muy atractivos los precios del cloud comenzarán a buscar nuevos usos para la tecnología, con el consiguiente incremento de la demanda hacia las áreas de sistemas, cuyos

presupuestos aumentarán para dar respuesta a las necesidades de negocio.

 

Esta hipótesis se ve reforzada por los datos del mercado. Gartner estima un crecimiento en 2013 de un 18,5 % de los servicios de cloud público con relación al año anterior. ¿Qué sucederá entonces? Exactamente lo que Jevons predijo: el ahorro de costes previsto se verá superado por un aumento global de la demanda, con lo que se incrementará la productividad pero también el gasto total en TI.

 

Por supuesto, este efecto no se aplica necesariamente a todas las áreas de negocio y dependerá del sector. ¿Qué empresas notarán más esta situación? Obviamente, las organizaciones que sean más intensivas en el uso de las TI (por ejemplo, banca y servicios financieros). Algunas compañías han optado por ampararse en la paradoja de Jevons como argumento en contra de la adopción de cloud computing. Desde luego, no es la mejor opción y es negar la realidad. La nube va a permitir lanzar nuevos proyectos sin necesidad de que los CIO se preocupen por si la capacidad de la infraestructura será la adecuada.

 

El reto de los directores de TI será adaptar su organización y funciones al nuevo modelo de consumo que trae la nube y comprender cómo sacar el máximo partido de ella, apoyándose en un riguroso control de costes. Para ello, probablemente deberá apoyarse en una Oficina del CIO (CIO Office) que asegure que la adopción del nuevo modelo sea algo progresivo, planificado y sostenible, estableciendo procesos de migración paulatinos y controlables que permitan garantizar la adecuada sustitución de los activos actuales y reorientar al personal de TI hacia líneas de trabajo de valor para el departamento. Asimismo, otra de las funciones clave será garantizar que la inversión en cloud computing se gestiona y controla de forma adecuada y eficiente a fin de garantizar la transparencia y entendimiento completo de las opciones en la nube y fuera de ella.

 

En conclusión, la paradoja de Jevons sigue siendo actual tras 150 años y, lejos de proporcionar una razón para ignorar el progreso, nos advierte para que nos mantengamos alertas sobre sus consecuencias. De la misma forma que Jevons vio en el uso creciente del carbón, el combustible de la revolución industrial, la nube alimentará la revolución tecnológica del siglo actual.

 



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