Actualidad | Noticias | 01 FEB 2005

(Opinión) La caída de los dioses

Si hasta los dioses caen, es tiempo de reconocer que, definitivamente, en telecomunicaciones las cosas están cambiando. El que un día fuera el rey indiscutible del sector en Estados Unidos, AT&T, acaba de ser objeto de una operación de compra por SBC, una de las “baby bell” en que tuvo que dividirse, hace ahora 20 años, el mítico operador para dar paso a la competencia. No es el caso de Saturno, precisamente, sino justo el contrario: el padre ha acabado devorado por uno de sus hijos.
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Y es que el mercado estadounidense de telecomunicaciones en nada se parece ya ni al del monopolio de AT&T, ni al que surgió de su división en 1984 en siete compañías regionales o RBOC (Regional Bell Operating Company), en un primer momento autorizadas a operar exclusivamente en áreas regionales específicas. De aquellas siete “baby bells” , tras un largo proceso de fusiones y adquisiciones, sólo quedan ya cuatro: Verizon (antes conocida como Bell Atlantic y, posteriormente, Nynex), Qwest (antes US West), BellSouth y la ahora “parricida” SBC. Todas ellas son hoy mucho más que aquellos RBOC originales, desde que la Telecommunications Act de 1996 les permitiese introducirse en el mercado de larga distancia, al tiempo que, recíprocamente, abrían sus mercados locales a la competencia.

En este nuevo panorama, SBC ocupa la segunda posición en el ranking de operadores estadounidenses, por detrás de Verizon, tras un largo proceso de compras bajo el que engulló compañías como Pacific Bell y Ameritech. En cifras, el estado real de SBC al día de hoy se calcula, por ingresos, en 41.000 millones de dólares; por base de clientes locales, en 53 millones de líneas; y por número de empleados, en 163.000.

Con estos resultados, y ante la situación que atravesaba AT&T desde hace ya tiempo, con ingresos a la baja y su salida del negocio de voz residencial, no es de extrañar que SBC opte ahora por tragarse al ex monopolio. Máxime teniendo en cuenta los reiterados intentos en este sentido que ha venido realizando mediante contactos y conversaciones desde 1997. Al final, SBC lo ha conseguido, dando lugar al mayor operador de Estados Unidos. ¿El precio? 16.000 millones de dólares. ¿Las condiciones? Los accionistas de AT&T recibirán 0,77942 acciones de SBC por cada acción de la compañía adquirida. Al cierre del 28 de enero, cada acción de SBC estaba valorada en 18,41 dólares. Además, AT&T pagará a sus accionistas un dividendo especial de 1,30 dólares por acción. Como chairman y CEO, la nueva compañía estará bajo la batuta de Edward Whitacre, CEO de SBC, y bajo la presidencia de David Dorman, CEO de AT&T.

La operación es de tal calado que obliga a Verizon a mover ficha. Así lo esperan los analistas, que consideran a Sprint y quizá a MCI y Qwest como posibles objetos del deseo del principal competidor de SBC. Es muy probable que incluso BellSouth no pueda permitirse permanecer quieto, intentando un acercamiento a alguna de las operadoras citadas. La consolidación, pues, continúa.

De momento, las ventajas para SBC parecen claras. La propia compañía valora la compra de AT&T como una oportunidad para llevar sus servicios al mercado más rápidamente y a un coste más efectivo. De hecho, se esperan despidos a corto y medio plazo. Y aunque reconoce que la operación ralentizará el ritmo de crecimiento de sus ingresos, espera que le sirva para ganar nuevas oportunidades de negocios mediante la venta de sus servicios móviles a las empresas clientes de AT&T. En la actualidad, ésta revendía a sus clientes servicios móviles de Sprint. En lo que no hay dudas para SBC, en cualquier caso, es, como reza en un comunicado de la compañía, la ventaja que le aporta apropiarse de una marca tan “reconocida y respetada mundialmente” como la de AT&T, “que ahora será parte de nuestro futuro”.

La operación, sujeta a la aprobación de los accionistas de AT&T y al visto bueno de las autoridades nacionales pertinentes, podría estar cerrada en la primera mitad de 2006. Para entonces, no cabe duda que el paisaje de las telecomunicaciones de Estados Unidos, como el del resto del mundo, ya habrá avanzada aún más en el camino de la consolidación. Es como si la liberalización estuviese cerrando un círculo paradójico, de los monopolios a los oligopolios y de los oligopolios ¿a los monopolios? Esperemos que no.


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