Actualidad | Noticias | 14 FEB 2005

(Opinión) Dos por uno

La decadencia de la telefonía fija – Nuevos modelos de negocio
Comunicaciones World

Ya.com: 33 euros al mes por una conexión permanente de banda ancha (regala las llamadas fijas nacionales). Wanadoo: 36 euros al mes por una conexión ilimitada de banda ancha (también regala las llamadas fijas nacionales). Telefónica: 39 euros al mes por una conexión de banda ancha de 24 horas al día (casi regala las llamadas fijas nacionales). Y ahora la pregunta del millón. Si usted fuera un inversor y le ofrecieran entrar en telecomunicaciones fijas, ¿no le daría pánico lanzarse a un mercado en el que los productos son gratis, como si hubieran perdido todo su valor añadido?

La telefonía fija tradicional de voz -madre de todo tipo de comunicaciones- está quedando inexorablemente relegada a un plano inferior desde el punto de vista económico. En volumen de negocio por servicios finales, por ejemplo, la telefonía móvil superó ya en 2003 a la telefonía fija en España. Además, su futuro es poco halagüeño. Sus ingresos se están sosteniendo gracias a fórmulas un tanto artificiales, como el de la cuota de abono, cuyo precio lo fija el Gobierno (en este mes de febrero Telefónica la vuelve a subir un 2%). El peso de la cuota de abono en el conjunto de los ingresos del fijo ha pasado del 20% en 1999 al 34% en 2003, y en estos momentos ya puede haber alcanzado el 38%. En cambio, los ingresos por tráfico (la parte no recurrente y donde de verdad se demuestra el dinamismo del mercado) han pasado del 78% al 62%.

Las ofertas de ya.com, Wanadoo y ahora la de Telefónica no son más que el certificado de defunción del modelo de negocio de la telefonía fija tradicional, que históricamente se ha apoyado en conceptos como la tarificación por tiempo, el coste de establecimiento en las llamadas y las cuotas de abono. Todos esos conceptos están, necesariamente, condenados a desaparecer ante la irrupción de nuevos esquemas empresariales como los que están trayendo, como si de un vendaval se tratara, Wanadoo y ya.com. Aunque más tarde que en otros países, las combinaciones comerciales de dos al precio de uno (Internet a alta velocidad como servicio que se vende con el regalo de las llamadas) empiezan a asomar en España. Y seguro que vendrán más ofertas de este tipo de aquí a diciembre.

Tecnológicamente es irrelevante cómo se ha llegado a esta situación (mayor uso de la interconexión por capacidad, implantación de la Voz IP, desagregación del bucle de abonado…). Lo que realmente importa es que la revolución ya ha entrado por la puerta y que los directivos de las operadoras tienen un inmenso reto por delante y muchas consideraciones a tener en cuenta. La primera reflexión que deben hacer es que los modelos de negocio en telecomunicaciones cambian permanentemente hasta incluso, como es este caso, darse la vuelta como un calcetín. ¿Alguien se acuerda de lo que ocurría hace diez años, cuando el fenómeno Internet empezaba a cuajar en España? Por entonces, era el acceso a la red lo que se regalaba con la conexión telefónica, y no al revés, como ahora.

La segunda es que, definitivamente, en el mundo de las telecomunicaciones han dejado de mandar los ingenieros. Son los comerciales lo que han impuesto su ley. A un usuario le importa poco si la oferta de Wanadoo o la de ya.com se consigue con interconexión por capacidad o con VoIP. Sólo sabe que por menos de 40 euros, por primera vez en su vida, podrá tener banda ancha y llamadas gratis durante todo un mes.
La tercera consideración es la más obvia pero la más difícil de tener en cuenta. Las ofertas combinadas no han hecho más que abrir la espita de lo que previsiblemente será una avalancha de convergencia de servicios de todo tipo. ¿Televisión a la carta más banda ancha y telefonía fija? ¿Móviles más fijo y banda ancha en una sola factura? Hay mil posibilidades. Será una carrera contrarreloj en la que se impondrá el modelo de ensayo y error para averiguar qué ofertas funcionan y cuáles no. Sólo hay una cosa cierta. Triunfarán aquellos que partan con una mentalidad lo suficientemente abierta para entender que ya no son las operadoras las que imponen sus leyes, sino los gustos de los usuarios.


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