Actualidad | Noticias | 10 FEB 2005

(Opinión) AT&T, último acto

El "business case" que representa, en su final, la historia de AT&T es cualquier cosa menos envidiable. Su compra por SBC rescata del pasado una trayectoria llena de fallos garrafales.
Comunicaciones World

Hubo un tiempo en que el rey de los operadores contaba con más de un millón de empleados, activos por valor de 150.000 millones de dólares (más que las tres firmas industriales más importantes de Estados Unidos juntas) y un volumen de ingresos de alrededor de 70.000 millones de dólares. Que la clave de tal éxito fuera el régimen de monopolio bajo el que operaba puede restar mérito a esas cifras, pero la magnitud es tanta que impresiona.

Luego vinieron vientos de apertura y, en 1984, AT&T se dividía en las famosas “baby bells”, de las que, tras un largo proceso de fusiones y adquisiciones, sólo quedan ya cuatro: Verizon (antes conocida como Bell Atlantic y, posteriormente, Nynex), Qwest (antes US West), BellSouth y la ahora “parricida” SBC. Estas supervivientes, sometidas a su vez a nuevos procesos de liberalización y a una creciente competencia, son hoy mucho más que aquellos RBOC originales, desde que la Telecommunications Act de 1996 les permitiese introducirse en el mercado de larga distancia, al tiempo que, recíprocamente, abrían sus mercados locales a la competencia.

Pero esa es otra historia. Lo sustancial aquí es que, con el tiempo, la AT&T que ha despertado el deseo de SBC se plasma, por ingresos, en 41.000 millones de dólares; por base de clientes locales, en 53 millones de líneas; y por número de empleados, en 163.000. No es lo mismo que en 1984, desde luego.

Y esto sin tener en cuenta el tesoro tecnológico que un día regentó en los Bell Labs, cuna de avances tan fundamentales para las telecomunicaciones como ATM o la integración de la voz y los datos. El mundo del networking de datos estaba revelándose apasionante y el futuro se abría rico en oportunidades. Pero las cosas fueron por otros derroteros, frustrando las expectativas. AT&T, por ejemplo, nunca supo explotar comercialmente con éxito sus tecnologías de redes de datos de empresa, mientras que firmas especializadas de nuevo cuño en aquel tiempo, como Cisco y 3Com, se iban quedando con el pastel. Al final, todas sus actividades de desarrollo y producción en networking y telecomunicaciones se congregaron en Lucent, que, más tarde, concentró en Avaya el corazón del negocio de soluciones corporativas.

Incapaz de crear el éxito, intentó comprarlo. Creyendo que el futuro estaba integrando la informática con las comunicaciones, AT&T compró al fabricante de miniordenadores NCR en 1991. Cinco años después, cambio de rumbo, y a soltar los activos adquiridos.

Otro hito en la historia de la compañía tuvo lugar en 1993, cuando se fusionó con McCaw Cellular Communications, entonces el más grande operador de móviles de Estados Unidos. Para, años después, dar otro cambio de rumbo. El resultado de la fusión se disgregó de la compañía para formar AT&T Wireless en 2001, que más tarde sería vendida a Cingular Wireless.

La última hazaña fue en 1999, año en que AT&T comenzó a interesarse por las compañías de televisión por cable (CATV) para construir redes de extremo a extremo. Invirtió alrededor de 100.000 millones de dólares en convertirse en la más grande compañía de cable de Estados Unidos de la noche a la mañana para liquidarlo todo en 2002. Otro nuevo cambio de rumbo, otro fallo colosal.

Mientras tanto, la competencia al negocio central de AT&T, los servicios a empresas, crecía y crecía, erosionando su cuota, y el negocio de consumo caía en picado. Veintiún años después de la pérdida del monopolio, AT&T es 9.000 millones de dólares más pequeño y sigue deslizándose por la pendiente: los ingresos en 2004 cayeron un 12% respecto del año anterior, y las pérdidas ascendieron a 6.100 millones.

De tan estrambótica y errática historia lo bueno sólo aparece al final. Hoy, AT&T ha vuelto a sus esencias, focalizándose en los servicios corporativos de gama alta. La cuestión es si ahora tiene algo que ganar fusionándose con SBC. El tiempo y los expertos tienen la palabra.


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