Actualidad | Noticias | 27 NOV 2000

Comentario: El fin del principio

Puede que la actual oleada de quiebras, cierres y despidos que tienen por protagonistas a las antes proclamadas punta de lanza de la modernidad y ahora menospreciadas compañías puntocom esté impidiendo un análisis reflexivo sobre la verdadera situación de este tipo de empresas dentro de la nueva economía.
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Para muchos, cada vez más, es como si las noticias que cada día nos llegan sobre el cierre o reajuste forzado de empresas de comercio electrónico, contenidos Web o incubadoras, junto con un cierto repliegue del capital riesgo hacia valores más seguros, estuvieran marcando el camino de regreso hacia el tipo de compañía tradicional, una vez pinchada la burbuja especulativa y deshecha la nube cibernética de la posteconomía. Y de nuevo se reabre el debate sobre el modelo a seguir en el nuevo contexto electrónico basado en la Red y las telecomunicaciones: ¿ladrillo y mortero o ladrillo y click?

Ante tanto ruido mediático, tanto marketing disneylandesco y tanto ejecutivo iluminado que, de aquí para allá, no para, en una fuga millonaria, de abrir puertas a la nada, ya es hora de que el sentido común se imponga. Hemos vivido una época en la que, en una amalgama bursátil sin sentido, ciberproyectos empresariales ruinosos por necesidad dado el estado actual de la Red, sus infraestructuras y su penetración real en los hábitos de los usuarios, se codeaban en una atmósfera enfebrecida, con sólidos fabricantes de equipamiento y operadores. Pero el jolgorio UMTS, en el que las subastas bimillonarias están pasando ahora factura a las previsiones a largo plazo de las teleco, junto con el necesario reajuste de las puntocom, nos están haciendo a todos más sensatos.

No es que este tipo de empresas definitivamente no tengan futuro, es que se nos había olvidado que, pese a las condicionantes propias del nuevo medio que es Internet y las nuevas tecnologías, como en literatura, todo lo que no es tradición es plagio. Y al final no salen los números.

Por ello, es de agradecer la cordura que aporta un reciente estudio de Merrill Lynch, en el que se compara la situación actual con la que vivió el mercado de ordenadores en los años ochenta: las empresas de Internet están saliendo ahora del "fin del principio", con la desaparición de "la gran mayoría" de las compañías actuales. Pero hay lugar a la esperanza. Según el estudio, algunas grandes firmas sobrevivirán y "volverán a ser buenos valores bursátiles". Es lo que pasó con el sector informático, que tras la selección natural que tuvo lugar a mediados de los ochenta, las que lograron sobrevivir conocieron 15 años de grandes ganancias.

En cualquier caso, habrá que tener claro que la economía podrá ser nueva, pero ante todo es economía. Es comprensible el desengaño que a muchas empresas que están a la expectativa para adentrarse del mejor modo en la nueva economía pueda producir que proyectos otrora laureados con gorritas y cuellos descorbatados arrasaba las páginas de la prensa general, económica y técnica, como el de Ecuality, estén hoy en la UCI, enchufados a una infernal maquinaria para seguir respirando, pero el pánico siempre es mal consejero. Se impone, como no podía ser de otro modo, la lógica. Los negocios, lleven una e delante o .com detrás, siempre serán negocios. Trabajar sin beneficios razonables en la cuenta de resultados podrá ser muy moderno, imaginativo y emprendedor, pero es con toda seguridad una estupidez insostenible. Lo nuevo ha de partir de lo mejor de lo viejo o el hostión será inevitable.





























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