Telecomunicaciones | Artículos | 01 ABR 2007

La hora de la fibra

Los que llevan años y años defendiendo la idea de que la fibra óptica acabará por imponerse como la mejor opción para soportar la rápida evolución de las nuevas tecnologías están de enhorabuena. La urgencia de la industria por dar respuesta a las crecientes demandas de ancho de banda al precio más efectivo ha estado prolongando la vida del cobre, el instalado y el por instalar, aportándole nuevas capacidades hasta llegar incluso a los 50 Mbps. Teóricos, eso sí, pero como siempre pasa con los estándares: las especificaciones marcan una cosa y la experiencia del usuario acaba siendo otra muy distinta. La eficacia de la familia xDSL ha sido en cualquier caso realmente sorprendente, estirando al máximo unas inversiones que, en algunos casos, tienen ya más de medio siglo. Pero la propia evolución tecnológica y social reclama nuevos horizontes. Los nuevos servicios de telecomunicaciones, las nuevas aplicaciones convergentes, los nuevos modelos de negocio imponen mayores anchos de banda sin los que la Sociedad de la Información nunca llegará a desarrollarse masivamente. Y la propia industria –fabricantes, operadores y reguladores– está comprendiendo que si, dentro de unos años –quizá no demasiados– no se garantizan los 100 Mbps que ofrece hoy la fibra, todo el mercado se resentirá. Las promesas de un mundo de banda ancha todo wireless no se contemplan aún más que como una atractiva utopía con escenarios futuristas muy alejados de la realidad. La convergencia fijo-móvil ya es un hecho que no dejará de avanzar pero que, al fin y al cabo, no hace más que dar por sentado la existencia complementaria de ambos entornos.
Ahora que la Comisión Europea ya estudia la forma de abordar la regulación de las redes de acceso de nueva generación y que en España la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones (CMT) y el Ministerio de Industria empiezan a considerar la cuestión, la fibra sale de las grandes redes troncales –públicas y privadas– para acercarse hasta el mismo domicilio de los usuarios. En sus variadas formas (hasta el hogar o hasta el edificio, entre otras muchas) y sus múltiples combinaciones con el cobre, la fibra ha dejado de ser la apuesta de futuro de un puñado de expertos para estar en la agenda de todos los implicados en el sector. La reciente celebración en Barcelona del FTTH Council Europe –organización sin ánimo de lucro para promover el uso de la fibra como tecnología de acceso– dejó constancia del cambio que se está produciendo. Como señaló su presidente, Hartwig Tauber, “durante los pasados doce meses se ha producido un incremento significativo en las dinámicas del mercado en torno a la fibra, con proyectos piloto en marcha, y la amplia aceptación de que esta tecnología representa el futuro para Europa. Todavía estamos por detrás de Estados Unidos y Asia pero nos movemos en la dirección correcta”. La propia Telefónica ya ha comenzado la primera fase de un proyecto para llevar fibra a sus redes de acceso.
La regulación o desregulación de estas nuevas redes será ahora el gran debate en las instancias europeas y nacionales. Las autoridades tratarán de allanar el camino a las nuevas inversiones no desactivando su potencial rentabilización por los que se lancen al nuevo mercado, fundamentalmente los operadores dominantes, con una normativa asfixiante. Los operadores alternativos y los reguladores asegurando que la fibra no se convierta en un nuevo régimen en monopolio de facto. El debate promete. En juego están unas inversiones enormes que algunas estimaciones sitúan en una horquilla que va de 1.000 a 7.000 millones de euros sólo para España. Y lo más importante, la supervivencia de un sector que, en otro caso, acabaría con el cobre al cuello, estrangulado por el propio negocio que tan rentable les fue en otros tiempos.

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