Telecomunicaciones | Artículos | 01 NOV 2007

Banda ancha a pleno rendimiento

Elena Romero.
En un mundo de servicios de telecomunicaciones definido por la movilidad, la banda ancha, la experiencia visual y la personalización, ¿cómo conjugar la cambiante demanda de los usuarios con la estabilidad de las redes? La respuesta consiste en establecer una arquitectura de red lo suficientemente flexible y manejable como para que cada nueva aplicación pueda integrarse en la base existente de una forma suave. En una arquitectura de “servicios totales” de este tipo se incluyen tanto las redes de acceso de alta capacidad fijas y móviles (HSPA, FTTx) como los elementos necesarios para gestionar estos accesos y facilitar la creación de aplicaciones multimedia (sistemas de control softswitch e IMS). Pero más allá de la suma de los elementos, esta arquitectura proporciona una visión holística de la red, caracterizada por los términos de “conectividad” y “conveniencia”.
Conectividad es el término que define las características básicas (calidad, seguridad, rendimiento, interoperabilidad) esperadas por los usuarios. En cuanto a conveniencia, hace referencia a la capacidad de estas nuevas arquitecturas para proporcionar los servicios requeridos independientemente de su situación o dispositivo de acceso, e incluso de los múltiples servicios que serán ofrecidos. Lo que es posible prever es una demanda creciente de ancho de banda, en consonancia con el incremento de los servicios de vídeo y de la interactividad, factores que ya deben considerarse en el diseño de las redes de hoy.
Anchos de banda sin límite, multitud de aplicaciones interactivas y personalizadas, todo tipo de servicios de vídeo... ¿estamos hablando del paraíso de los operadores o de su infierno? ¿Cómo ofrecer estos servicios a un precio que los usuarios quieran y puedan pagar? La respuesta no sólo depende de ese ingreso medio por abonado (ARPU) que los operadores se esfuerzan por incrementar sino en optimizar el coste de las redes. Y hablamos de coste entendido como coste total de explotación, que engloba tanto los equipos y servicios de despliegue como los costes operativos de gestión y mantenimiento durante su ciclo de vida.
Si cada nuevo servicio supone un incremento apreciable de los costes de planificación, despliegue u operación, el modelo no es sostenible. Por eso, una visión integrada de la red, un diseño optimizado y con visión de futuro, la gestionabilidad de cada elemento y de los parámetros que englobábamos en la conectividad son aspectos clave en la viabilidad de las redes del futuro. Y esta visión de ver el todo como algo más que la suma de la partes es la esencia de esta nueva generación de arquitecturas de red.


Elena Romero, Responsable de Desarrollo de Negocio de Redes de Ericsson

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