Networking | Artículos | 01 NOV 2008

Llegan las redes ópticas malladas autorre-generables

Vincent Morin.
Las redes ópticas autorreconfigurables constituyen un requisito esencial para que las empresas puedan hacer frente a los retos de la globalización de la economía mundial, incluyendo las operaciones financieras multimillonarias realizadas en tiempo real. Un fallo en la red de unos pocos segundos puede costar millones de dólares a las grandes organizaciones financieras que operan en los mercados mundiales.
Tomemos como ejemplo los cortes que se produjeron en los cables submarinos a principios de 2008. El 70% del tráfico de Internet entre Europa y Asia quedó interrumpido durante casi dos semanas cuando se rompieron accidentalmente con unos días de diferencia tres cables submarinos situados en el Mediterráneo y en el Golfo Pérsico. Puesto que estos cables transportan alrededor del 95% del tráfico telefónico y de Internet a nivel mundial no debe sorprendernos que la actual dependencia que las aplicaciones empresariales de misión crítica tienen de la red pueda tener consecuencias económicas negativas en caso de que se produzca en ella un fallo importante.
Por otra parte, la globalización de la red no se limita a las empresas. Las redes gubernamentales, educativas y de investigación utilizan redes terrestres y cables submarinos para intercambiar datos con todo el mundo y llevar a cabo actividades punteras de investigación y desarrollo. Un ejemplo de ello podría ser la radiología a distancia, que empieza a convertirse en un método habitual para atender urgencias fuera de hora mediante el uso de redes mundiales para el envío de imágenes médicas a radiólogos de cualquier rincón del mundo.
Sin embargo, el riesgo de interrupciones provocadas por causas naturales y humanas en las redes, así como el consiguiente riesgo de inactividad empresarial y, en definitiva, de pérdidas económicas, podría minimizarse si los operadores adoptaran un nuevo planteamiento para construir redes ópticas completamente malladas y autorregenerables que sepan “sobrevivir”. En todo el mundo las redes ópticas están migrando de las topologías punto a punto o en anillo hacia las redes en malla para diversificar rutas y lograr la máxima solidez.
La tecnología de mallas permite reconfigurar la red automáticamente para evitar interrupciones del servicio sin necesidad de intervención manual, y es capaz de hacer frente a varios fallos simultáneos. Esto significa que establece automáticamente rutas alternativas en caso de problemas en la red, de manera que el tráfico afectado se recupera en cuestión de milisegundos. En caso de un suceso catastrófico, como un corte de cables, se pueden restaurar las conexiones de red, garantizando en primer lugar el servicio para el tráfico de máxima prioridad a pesar de la existencia de diversos fallos en la red. Por tanto, las redes malladas ofrecen una disponibilidad casi del 100% y son enormemente resistentes.
La “inteligencia” que permite a la red ser consciente de sí misma y de su entorno es tal que es capaz de reaccionar automáticamente a cualquier evento que se produzca en ella. Esto se debe a la incorporación de un plano de control inteligente conforme a una serie de normas. Dicho plano de control consiste principalmente en un software que controla la red, descubriendo nuevos nodos, puertos y circuitos, y reconfigurando automáticamente la red en caso de fallo en algún enlace.
Pensemos en una red mundial con múltiples nodos en distintos países. El plano de control inteligente redespliega fibras ópticas troncales básicas como nodos multigrado y las utiliza como una gran red con recursos compartidos en cualquier lugar, desde redes metropolitanas hasta regionales, continentales, intercontinentales submarinas o mundiales, conectando dominios de Europa, Asia y África con América. Esto significa que los usuarios de la red no pierden conectividad ni siquiera en caso de que se produzcan varios fallos. En consecuencia, las empresas obtendrán mayores márgenes por sus servicios, reducirán sus cifras de CAPEX y OPEX, y conservarán a sus mejores clientes.


Vincent Morin, director de Ingeniería de Sistemas de Ciena para EMEA

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