Networking | Artículos | 01 ENE 2010

¡Feliz (Plan E) 2010!

Con el nuevo Plan E 2010 –o Plan E2, como también se le conoce–, el Gobierno pretende corregir al menos parcialmente su incierta política económica, que hasta ahora en nada ha
ayudado al sector TIC. A ello ha contribuido la certeza de que el paro en la construcción difícilmente puede empeorar ya al ritmo en que lo ha hecho durante 2008 y 2009, y de que los efectos de la crisis sobre el empleo han contaminado al resto de la actividad económica. Y sobre todo, obedece a la necesidad de ajustar su contenido a la ley que prepara el Gobierno con la que pretende imponer un cambio de rumbo a nuestra economía hacia nuevos modelos productivos bajo el mantra de la sostenibilidad. Un objetivo que, si bien ya figuraba en el programa electoral del PSOE en las elecciones de 2004, ha permanecido latente durante todos estos años sin prácticamente ningún impulso político y que sólo ahora se introduce como debate público, aunque, de salir adelante en la forma final que sea, no dejará sentir sus efectos hasta dentro de algunos años.
¿Oportunismo, encubrimiento de la falta de medidas inmediatas y efectivas, entretenimiento mediático para despertar esperanzas y apaciguar conflictos? Lo cierto es que, pese a las incongruencias del anteproyecto de ley, su espíritu es el mismo que el de la nueva convocatoria del Plan E. Más allá de levantar zanjas –apuntalando así un modelo productivo en gran parte causante de la recesión y del que el Gobierno parece querer alejarse por fin–, el Plan E movilizará 5.000 millones de euros, distribuidos proporcionalmente al número de habitantes de los municipios y en proyectos destinados a contribuir a la sostenibilidad económica, social y ambiental. O lo que es lo mismo, los nuevos fondos para el empleo y la sostenibilidad local incluyen ahora la financiación de proyectos que contribuyan al desarrollo tecnológico, abriendo así nuevas oportunidades de negocio al sector TIC. No es la panacea, teniendo en cuenta la difícil situación por la que atraviesa el mercado tecnológico, pero al menos ayudará a compensar la caída de 3.500 millones de euros que, según las asociaciones sectoriales, han sufrido los ingresos de la industria TIC española durante 2009. También aliviará otros efectos indeseables, como la reducción en un 66% de las inversiones del Plan Avanza y el tajo aplicado a los fondos de I+D+i.
Así lo están entendiendo los agentes del mercado, que se están movilizando con rapidez mediante acciones especialmente diseñadas para los ayuntamientos, al igual que las asociaciones del sector, como Aslan y Asimelec. Su acción asesora es vital para que los fondos en juego no acaben financiando exclusivamente la compra de nuevos ordenadores, sino que de verdad ayuden a innovar tantos los procesos internos de los ayuntamientos como sus comunicaciones con el ciudadano. Asimilec incluso ha remitido una carta a los alcaldes españoles dándoles a conocer las ventajas que aportan las TIC para lograr los objetivos contemplados por el Plan E2, sobre todo teniendo en cuenta la entrada en vigor de la ley de acceso electrónico. No es ésta, por cierto, la única medida tomada para impulsar el sector por Asimelec, que cada vez más se está convirtiendo en un valioso instrumento dinamizador de la industria TIC española en prácticamente todos sus frentes.

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