Mundo profesional | Artículos | 01 JUN 2007

No hay relación que cien años dure (o sí)

Julián Lorente.
Las empresas sucumben a la vorágine del mercado, tan cambiante que consigue romper la estabilidad de las relaciones y los proyectos, por firmes que estos sean. En los últimos meses se ha visto cómo lo que parecían estrategias inamovibles están sujetas a todo tipo de veleidades. Uno de estos casos es la relación de Telefónica con BBVA, entidad con la que la operadora firmó hace siete años lo que parecía una alianza para “comerse el mundo”, y que, sin embargo, fue muriendo con el tiempo. Lo más llamativo es que Telefónica no ha tenido ningún reparo en ir firmando acuerdos con Santander, gran rival de BBVA, en aspectos tan concretos como la banca por el móvil. En Latinoamérica, Telefónica Móviles está llegando a acuerdos con las filiales de Santander. Ya los tiene en Argentina y Brasil. Telefónica y Santander le están pasando por la izquierda a BBVA, que para más deshonra, ve como la operadora progresivamente se va diluyendo de su capital.

Los nórdicos quieren más. Igual de inestable que es la relación de Telefónica con BBVA, lo es la del grupo nórdico TeliaSonera con su socio español ACS en Xfera. El pasado año, los nórdicos se hicieron con la mayoría de Xfera (luego rebautizado como Yoigo). Telia controla más del 76% del capital económico, y cerca del 80% de los derechos de voto, frente al 20% de ACS. El pacto contemplaba que TeliaSonera se podría hacer con el 100% al cabo de cinco años. Pero los nórdicos, en vista de que Yoigo ha arrancado con un relativo éxito, y los directivos de ACS se entrometen en la gestión más de lo que sería de su agrado, quieren acortar ese pacto de recompra. Para Telia, empieza a resultar incómodo que el presidente de Yoigo, Ángel García Altozano, ejerza poderes ejecutivos que superan el ámbito institucional de competencias que teóricamente debería tener atribuido.

Se vende casa en Calle de Alcalá. Por otra parte, la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) también ha hecho borrón y cuenta nueva al proyecto inicial en el que pensó cuando se trasladó a sus nuevas ubicaciones en Barcelona, dejando la antigua sede de Madrid, en la calle de Alcalá. En el momento del traslado, se dejó vacía la sede madrileña, a la espera de darle un uso propio. No se pensó en venderla ni en alquilarla. Ahora, sin embargo, los directivos de la CMT trabajan intensamente en la búsqueda no ya de un inquilino, sino en la búsqueda de un comprador para ese histórico edificio, que algunas fuentes inmobiliarias apuntan a que podría estar valorado en 3.000 millones de pesetas. Quizás, en algunos directivos de la CMT pesen las presiones que están recibiendo desde el Gobierno para deshacerse de ese edificio, ante la previsión de que, el próximo año, de elecciones generales, cambie el signo político del Gobierno y se obligue a la CMT a volver al sitio donde estaba antes del traslado a Barcelona. Sin edificio al que volver en Madrid, el nuevo traslado sería mucho más difícil.

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