Mundo profesional | Artículos | 01 FEB 2008

¡El departamento de TI ha muerto!

¡Viva la utility computing!

El departamento de TI corporativo está desapareciendo a mayor gloria del modelo utility. Esta es la predicción clave del nuevo libro del polémico Nicholas Carr, “The Big Switch: Rewiring the World from Edison to Google”. El proceso de cambio traerá consigo la reinvención de los grandes de la industria y el despido de millones de trabajadores.
Carr, enemigo declarado de la industria de TI desde que en 2003 afirmara en su provocativo artículo “Does IT Matter?”, publicado en la Harvard Business Review, que las inversiones en TI no aportaban ninguna ventaja estratégica, vuelve a la carga. En esta ocasión, con un nuevo libro que está despertando incluso un mayor rechazo entre los CIO y en la industria en general.
Para la “bestia negra” de las firmas tecnológicas, “es improbable que el departamento de TI sobreviva, al menos tal y como lo conocemos hoy, ya que poco tendrá que hacer una vez que la informática empresarial abandone los centros de datos privados y se una al modelo de utility computing”. Cuando este cambio se produzca, “las unidades de negocio, e incluso los propios empleados, podrán controlar directamente el procesamiento de la información, sin necesidad de apoyarse en legiones de personal técnico”.
Según Carr, las compañías dedicadas a la utility computing reemplazarán a los departamentos TI corporativos del mismo modo que, a principios del siglo XX, las instalaciones eléctricas privadas fueron sustituidas por las plantas de generación de energía gestionadas por las compañías eléctricas. Como explica el políticamente incorrecto autor, los propietarios de las fábricas operaron en un primer momento sus propias plantas eléctricas, pero, a medida que los servicios de energía ofrecidos por terceros ganaban fiabilidad y aportaban mejores economías de escala, fueron externalizando esa función a compañías especializadas.
Nicholas Carr predice que el mismo cambio se producirá con la utility computing, cuando las compañías dedicadas a ofrecer servicios bajo este nuevo modelo consigan mejorar aspectos como la seguridad, fiabilidad y eficiencia. En su opinión, Internet y la “comoditización” del hardware y el software impondrán finalmente la utility computing frente al actual modelo cliente/servidor. “Siempre he pensado que, en teoría, la capacidad informática, como la energía eléctrica, podría ser suministrada por utilities a gran escala, y que tal ‘dinamo’ centralizada podría operar de un modo mucho mas eficiente y flexible que los dispersos centros de datos privados”, escribe Carr.

Hoy todo es “commodity”
Como uno de los factores que juegan en favor de la utility computing, Carr recuerda que tanto los ordenadores, el equipamiento de red y los sistemas de almacenamiento, así como las aplicaciones más comúnmente usadas, se están convirtiendo en “commodities”. Un proceso que incluso extiende a los propios profesionales de TI, cuyas tareas cada vez son más similares a las que realizan sus colegas de la competencia.
Otro de los fenómenos que ayudarán a que se produzca el cambio que el autor vaticina es la casi general sobrecapacidad de la mayoría de los centros de datos, de los que sólo se utiliza del 25% al 50% de su potencial. Su enorme consumo de electricidad –cien veces superior al de un edificio de oficinas comerciales– también contribuirá a su muerte. “La replicación de decenas de miles de centros de datos que utilizan un hardware y software similares y dan empleo al mismo tipo de profesionales está imponiendo penalizaciones económicas. Esto lleva al sobredimensionamiento de los activos de TI en cada sector de la economía, impidiendo así conseguir las ganancias de productividad que puede ofrecer la automatización informática”.
En su visión de la utility computing, Carr señala a Google como el líder del nuevo modelo, ya que corre los mayores y más sofisticados centros de datos del planeta para ofrecer servicios como Google Apps, en competencia directa con el software tradicional cliente/servidor de firmas como Microsoft. “Si las empresas confían en estaciones centrales como Google para satisfacer todos o la mayor parte de sus requerimientos informáticos, podrán reducir sustancialmente sus inversiones en hardware y software. Y todo ese dinero ahorrado dejará de ir a parar a las arcas de Microsoft y otros gigantes del negocio de TI”.

Mal futuro para técnicos y periodistas
Otras compañías que el autor destaca en el libro por su enfoque innovador basado en el modelo de utility computing son Salesforce.com, en el segmento de CRM; Amazon y sus servicios Simple Storage Solution (S3) y Elastic Compute Cloud (EC2); Savvis, líder en la automatización del despliegue tecnológico; y 3Tera, que comercializa un software llamado AppLogic para automatizar la creación y gestión de sistemas corporativos complejos. Ante el éxito de estos nuevos modelos de negocio, muchos líderes del hardware y el software –como Microsoft, Oracle, SAP, IBM, HP, Sun y EMC– ya están adaptando sus productos cliente/servidor a la “era utility”. “Unas tendrán éxito y otras no, pero todas habrán de estudiar los ejemplos de General Electric y Westinghouse. Hace cien años, ambas compañías hacían mucho dinero vendiendo sistemas y componentes de producción eléctrica a las empresas privadas; un negocio que desapareció cuando el suministro de electricidad cayo en manos de las grandes utilities. Sin embargo, GE y Westinghouse fueron capaces de auto reinventarse”.
Peor futuro espera a los profesionales de TI. Carr ve la generalización de la utility computing entre las empresas como una era en la que se podrá “gestionar toda una corporación con sólo una persona y un PC conectado a una utility distante mediante sencillos comandos a través de Internet”. Y no sólo predice la desaparición del PC –que se convertirá en pieza de museo dentro de 20 años– sino también la del programador de software, cuyo tiempo ha acabado. En este sentido, Nicholas Carr da varios ejemplos de compañías Internet de éxito, como YouTube, Craigslist, Skype y Plenty of Fish, que corren sus operaciones con una plantilla de profesionales mínima. YouTube tenía sólo 60 empleados cuando fue comprado por Google en 2006; y con 20 empleados, Craigslist es capaz de operar un sitio Web con decenas de miles de páginas de contenidos. La firma de VoIP Skype soporta 53 millones de clientes con sólo 200 empleados, y la agencia matrimonial online Plenty of Fish funciona con una sola persona.
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