| Artículos | 01 MAY 2003

Un pasito "p"alante", un pasito "p"atrás"

Proyecto Galileo
Eva Martín y Juan F. Marcelo.
Cada vez que el proyecto Galileo queda paralizado, se le corta la respiración a la mitad de la industria europea de telecomunicaciones y espacial. No es de extrañar, porque entre los años 2002 y 2007 se van a invertir casi 3.500 millones de euros.

El principal obstáculo del proyecto Galileo, que pretende crear un sistema europeo de navegación y posicionamiento global vía satélite que mejore el sistema norteamericano GPS y el ruso Glonass, es su envergadura. No es de extrañar, por tanto, que requiera el acuerdo y la participación de las diversas administraciones; de lo contrario nunca podría llevarse a cabo. Por ello, se beneficia del modelo de inversiones realizadas en la Agencia Espacial Europea (ESA), que siguen una regla especial con respecto al retorno geográfico. Si, por ejemplo, hay un proyecto en el que España pone 5 millones de euros, la mayoría de ese dinero debe regresar en forma de encargos a empresas españolas, y así pasa con todos los países. Este es un modelo que molesta especialmente a los norteamericanos, que lo califican de ayuda encubierta.
En realidad, la intención del sistema Galileo no es competir directamente con GPS. Según Pedro Luis Molinero, director técnico adjunto de Hispasat y presidente de turno dentro de Galileo Sistemas y Servicios (GSS), “pretendemos crear un sistema autónomo, pero que se pueda complementar con el sistema GPS. Buscamos la compatibilidad, la interoperatividad y la cooperación entre satélites GPS y el proyecto Galileo porque creemos que se producen beneficios mayores, por ejemplo en áreas urbanas. En muchas ciudades se produce lo que se llama cañones urbanos. Un ejemplo claro sería el de la Gran Vía madrileña. Una calle muy larga rodeada de edificios muy altos, donde hay ciertas dificultades para localizar los satélites de referencia GPS. Si hay un número mayor de satélites, resulta más fácil evitar este efecto. El proyecto Galileo pretende ser interoperativo”.
Estas razones no parecen convencer demasiado a los estadounidenses, que siguen intentando acabar con el proyecto europeo. De hecho, parecen haberse alegrado bastante cuando se ha producido el último parón.

España, en el punto de mira
El proyecto Galileo está de nuevo en peligro, pero la ESA no se siente capaz de desbloquearlo. Precisamente es España quien ha provocado la última parada. El Gobierno español se niega a aceptar los términos de un acuerdo reciente alcanzado entre Alemania e Italia, con el apoyo de Francia y Reino Unido, sobre la participación en el proyecto. Los españoles, a través de la empresa Galileo Sistemas y Servicios, tienen un 14% del total frente al 21,5% con que, respectivamente, intervienen franceses, italianos, alemanes y británicos. El problema es que se trata de reducir nuestra participación española hasta el 9,5%. Y hasta que no se consiga el consentimiento del Gobierno español, no se podrán liberar los 550 millones euros que la ESA tiene reservados para el proyecto. Otros países también sospechan que la postura española podría ser la factura que debería pagar el presidente Aznar por su apoyo al presidente Bush.
El caso es que, mientras España no se pronuncia, los americanos disfrutan con el estancamiento del proyecto. Para Pedro Luis Molinero, el problema es que “Galileo atrae a mucha gente y genera múltiples expectativas. Como en otros grandes proyectos, interviene mucha gente de muchos países y de muchas empresas. Por eso hay problemas de carácter estructural, cosas que hay que resolver y que no se pueden arreglar de un día para otro. Ahora mismo se están llevando a cabo negociaciones internacionales de muy alto nivel, y esas negociaciones requieren unos plazos determinados”.
Mientras tanto, el proyecto sufre ya un retraso de un año. Podría alcanzarse algún tipo de solución si se llegara a cambiar el acuerdo industrial entre alemanes e italianos. Con lo que ahora hay sobre la mesa, España debería aportar el 9,5% de los 550 millones de euros acordados para financiar esta fase de desarrollo de Galileo, y los otros cuatro países un 17,5% cada uno; el resto, se dejaría en manos de otros socios. Pero el Gobierno español considera inaceptable todo lo que éste por debajo de una participación del 10%, aunque se preferiría el 10,5%, lo que exigiría que cada uno de los otros cuatro países rebajaran un cuarto de punto menos.

Reparto industrial
Para colmo, alemanes e italianos insisten en que la sede del consorcio Galileo debería estar en Alemania y presidida por un alemán. Además, el montaje de los satélites se debería dejar en manos de la empresa italiana Alenia Espazio, las estaciones terrestres a cargo de la francesa Alcatel Space, y las cargas útiles de los satélites en manos de la empresa británica Astrium. Si se reparten así las tareas, ¿qué es lo que le queda a España en el proyecto? Esta es precisamente la clave de la cuestión. Muchos expertos opinan que el resto de los países intenta jugársela al Gobierno español.
Lo más curioso del asunto es que hasta hace pocos meses italianos y alemanes mantenían un fuerte desacuerdo sobre los niveles de inversión que debía realizar cada país, y también sobre el lugar donde debían situarse los cuarteles generales del proyecto. Por eso sorprende este acuerdo tan repentino.
Molinero no cree imposible una solución cercana. “Hay dos cosas fundamentales en este asunto. Por un lado, el deseo político por parte de la UE de dotarse de un sistema de navegación civil –bajo control civil– que sea un poco el exponente de la independencia europea y una muestra de su capacidad industrial y tecnológica. En ese sentido no hay la más mínima duda de que es lo que hay que hacer. Pero esa intención debe además implementarse desde el punto de vista industrial, y ahí es donde empiezan los problemas, a la hora de repartir las tareas. El programa ha sido tan atractivo para todo el mundo que hay exceso de dinero. Hay deseos por parte de muchos países de poner más dinero de lo que les corresponde, pero al final se llegará a un acuerdo”.
Para que el proyecto Galileo sea una realidad, una vez llegado a un acuerdo y liberados los fondos, es preciso preparar el lanzamiento de treinta satélites, que formarán la constelación del sistema. Los pájaros –así se les llama en el argot– estarán situados en tres órbitas circulares en torno a la tierra a una altura de 23.616 kilómetros. Veintisiete de ellos estarán operativos, mientras que tres se guardarán en reserva. Pero no está previsto lanzar todos a la vez. En una primera fase se lanzará una primera constelación de cuatro o cinco satélites para comprobar el funcionamiento correcto del sistema. Durante la segunda fase, que se llevará a cabo entre 2006 y 2008, se lanzará el resto de los satélites, de manera que entre 2008 y 2009 el sistema debería estar totalmente operativo.
Para que esto ocurra, es muy importante el papel de nuestro país. “España ha jugado hasta ahora el papel de impulsor político del programa. Al fin y al cabo se aprobó en la conferencia de Barcelona durante la presidencia española de la UE. España además hace el papel de socio industrial, igual que en otros proyectos, como Airbus o Arianne”, afirma el presidente de Galileo Sistemas y Servicios (GSS), en la que participan

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