| Artículos | 01 MAR 2006

Tiempos de mudanza

Eugenio Pedrero.
Lejos del glamour de las grandes operaciones que se han producido en el mercado de las telecomunicaciones en los últimos meses –como la compra de O2 por Telefónica, y de Amena por France Telecom- hay más movimientos que están pasando casi desapercibidos pero que serán en algún momento relevantes, o cuando menos, dignos para la reflexión y el análisis.
Durante meses, Telefónica ha negado por activa y por pasiva que fuera a hacer algo con su filial de directorios Páginas Amarillas. Pero el mercado nunca se lo creyó. Las acciones de TPI han andado revueltas durante todo este año. En apenas dos meses, se han revalorizado en torno al 20%. Todavía están muy lejos de los 25 euros que llegaron a alcanzar en los momentos de la burbuja puntocom, pero para muchos era un anticipo de movimientos corporativos ineludibles. Y Telefónica se ha visto obligada a reconocer que busca un futuro para su filial, que podría ser una venta parcial o total. La pregunta ahora es cómo diseñar esa operación. Algunos dicen que Telefónica prepara una opa (oferta pública de adquisición) para excluir a TPI del mercado bursátil para después vender el 100% de la compañía. O al revés, traspasar a un tercero, o un grupo de terceros, sus acciones, para que éstos a su vez lancen una opa de exclusión. Todo es posible teniendo en cuenta que los candidatos a la compra son, siempre y en todo caso, fondos de capital riesgo del tipo de CVC o Apax, expertos en este tipo de operaciones. El único problema es, como siempre, el precio. TPI, ahora vale una tercera parte de lo que valía hace cinco años, en los momentos del boom bursátil.
Y mientras Telefónica mira para afuera, en lo que antes fue el grupo Auna miran para adentro. Desde que France Telecom se hizo con Amena, siempre ha habido una soterrada pelea por el poder del nuevo grupo galo en España, resultado de sumar las fuerzas de Wanadoo, la telefonía fija y Amena. Belarmino Garcia, primer ejecutivo de esta última, trata de ganarse la confianza de los franceses enarbolando su éxito, que no es poco. Él es, sin ninguna duda, el artífice del éxito de Amena. Pero Antonio Anguita, teóricamente, ya era el hombre de confianza de France Telecom en España. Sin embargo, mientras Anguita no termina de cuajar como máximo responsable de la nueva aventura ibérica del grupo francés, Belarmino toma posiciones.
En todo caso, más complejo es el proceso de reestructuración que está llevando a cabo Ericsson en España, y que, fuera del sector de fabricantes, apenas se está dejando notar. Bajo el complejo esquema de una fusión de diversas sociedades, Ericsson España está efectuando una profunda reestructuración laboral que afecta a una horquilla de entre 800 y más de 1.000 empleados, que entienden que la medida no es más que una forma sutil de externalizar los trabajos, con todo lo que ello lleva implícito en cuanto a flexibilidad laboral. La pregunta no es si Ericsson hace bien o mal. Aunque el temor de los trabajadores sea más o menos fundado, la pregunta debería ser por qué ha tardado tanto en acometer una nueva reestructuración que se ajuste a las condiciones del mercado, que guste o no, obliga a las empresas a actuar y tomar medidas.
El sector de fabricantes no termina de salir de la crisis en la que se zambulló hace ya más de un lustro. Al menos en España, donde, como un goteo permanente, desaparece tejido industrial en este campo. Hace apenas unos meses, más de 300 empleados de la antigua fábrica de Alcatel en Toledo se embarcaron en un proceso de despidos ante el anuncio de cierre de esas instalaciones por parte del que ahora es su propietario, el grupo Sanmina. La noticia apenas mereció unas líneas en algunos medios de comunicación.

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