| Artículos | 01 JUL 2002

Teletrabajo: más productividad, menos gastos

Manuel Pastor.
Teletrabajar permite a los empleados incrementar su productividad entre un 10 y 30%, a la vez que las empresas logran reducir sus gastos. El teletrabajo, un modelo capaz de combinar los días de asistencia a la oficina con los trabajados desde casa, ofrece beneficios tanto a la empresa como al empleado.

El avance de las tecnologías de la información ha permitido que, desde un punto de vista estrictamente técnico, trabajar desde el hogar deje de ser una quimera y pase a convertirse en algo viable para un amplio abanico de actividades. Esta apetecible idea de tener el centro de trabajo en el propio hogar se ha hecho más tangible que nunca gracias a Internet. Es cierto que muchos trabajos nunca podrán realizarse desde casa, pero la gran mayoría de las tareas que se desarrollan en una la oficina pueden realizarse a la perfección a distancia.
Un teletrabajador es un empleado que trabaja en casa al menos un día entero por semana o el 20% de sus horas laborales anuales. El Estudio de la Comisión Europea eWork 2001 define el teletrabajo como la ?práctica laboral que utiliza las tecnologías de la información para incrementar la eficacia, la flexibilidad (espacio-temporal) y la sostenibilidad en el uso de los recursos?. Destaca en esta definición la inclusión de la palabra eficacia. Y es que, como sentencian estudios de IDC, el teletrabajo permite incrementar la productividad y competitividad de los empleados. El Employers Organization Report da cifras concretas al respecto: la productividad de un empleado se incrementa entre un 10 y un 30% gracias al teletrabajo.
A la hora de definir el teletrabajo conviene reflexionar sobre las apreciaciones de la Asociación Española de Trabajadores (AET). Prefiere referirse a él como e-trabajo, a la vez que resalta que no se reduce simplemente a ?trabajar a distancia?, sino que es algo más profundo que incluye el hecho de ?trasladar las mentes, no los cuerpos, creándose un espacio tácito de trabajo (oficina virtual) donde pueden coexistir todos los componentes virtualmente reunidos de un equipo de trabajo. Esto permite la aparición de nuevas relaciones, lo que facilita la configuración de organizaciones distribuidas?.

Algunos datos
Pero el teletrabajo, al margen de su todavía escasa penetración, no es nada nuevo. A pesar de que hace tan solo cinco años el teletrabajo era algo inusual, ya en 1993 la Comisión Europea publica un estudio sobre la Sociedad de la Información en el que expresa la necesidad de creación de nuevos empleos basados en la gran flexibilidad que ofrecen las tecnologías de la información. Sin embargo, casi una década después los avances realizados pueden catalogarse como pequeños. No existen demasiados datos relativos al número de teletrabajadores existentes en nuestro país ni en el resto de la Unión Europa. La consultora IDC es una de las pocas que ofrece previsiones sobre la evolución del teletrabajo en Europa. España, junto a Grecia y Portugal, aparece en el vagón de cola de la Unión Europea con apenas 200.000 teletrabajadores en 2002. Esta cifra se irá incrementando paulatinamente hasta alcanzar los 408.000 en el año 2005.
Los países europeos que tienen un mayor porcentaje de e-workers con relación a su número total de trabajadores son Dinamarca, Noruega, Países Bajos y Finlandia. En España este porcentaje apenas alcanza el 3%.
Atendiendo a los datos de IDC, en el año 2000 había 3,8 millones de e-trabajadores en la Unión Europea. Sus previsiones apuntan a que en 2005 se alcancen los 9 millones.

Desconfianza de los empresarios
Pero si a priori el teletrabajo reporta tantos beneficios a empresa y empleado, ¿cómo es posible que su penetración sea tan escasa en España? IDC estima que la falta de un marco legislativo apropiado, agravado por una escasa cultura empresarial y estructuras institucionales muy centralizadas, son los principales frenos que impiden el desarrollo masivo del teletrabajo en España.
Otra de las razones fundamentales atiende a elementos psicológicos. La falta de confianza en el trabajador es otra de las grandes lacras que debe afrontar el teletrabajo: si no veo al trabajador y no le controlo directamente, no creo que éste trabaje. Según palabras de Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas, ?ni empresarios ni trabajadores están concienciados con el teletrabajo. Da la sensación de que se trata de algo ligado al trabajo negro y a la precariedad laboral. Al empresario español le gusta ver a sus trabajadores sentados en la oficina y, cuando finalmente se recurre al teletrabajo es porque se considera que ese trabajo es accesorio y complementario a los grandes proyectos. Sin duda el teletrabajo es la cenicienta de la Sociedad de la Información?.
Esta gran falta de confianza se pone de manifiesto en una encuesta de la Comisión Europea realizada en el año 2000. Más del 55% de los empresarios de la UE afirman que la calidad del trabajo y la productividad del empleado se verían drásticamente reducidas por la implantación de un sistema basado en la flexibilidad y la movilidad. Esta percepción de los empresarios se antoja errónea si atendemos a los estudios de IDC, al Employers Organization Report (incremento de la productividad entre un 10 y 30% con el teletrabajo) y a la experiencia práctica de mucho teletrabajadores.
Casi todas las empresas que optan por el teletrabajo adoptan un modelo mixto que combina días en los que el empleado trabaja desde casa y días en los que acude a la oficina. La comparación de la productividad de unos días y otros es la mejor referencia para mostrar a los empresarios cómo mejora la calidad y cantidad de la actividad realizada por el empleado cuando trabaja desde casa.

Pros y contras
Tampoco hay que desdeñar otro factor fundamental: la lentitud con la que la empresa española evoluciona (el ya famoso miedo al cambio) y su pertinaz retraso tecnológico respecto a la mayoría de los países europeos. La evolución es fundamental ya que aquellas empresas que opten por el teletrabajo necesitan realizar una inversión inicial en tecnología. Aunque en muchas ocasiones no sea así, todo el material de trabajo que utilice el empleado debe ser costeado y suministrado por el empleador. IDC estima que un ordenador personal (preferiblemente uno portátil), un acceso a Internet de calidad garantizada (RDSI, cable), correo electrónico, telefonía y acceso remoto a la intranet corporativa son los pilares sobre los que se asientan las principales necesidades tecnológicas de un teletrabajador.
El retorno de la inversión es evidente cuando se habla del teletrabajo, y comienza a producirse de inmediato, en cuanto se reducen los metros cuadrados que hay que pagar mensualmente por la ?oficina?. Según datos de IDC, el teletrabajo permite ahorrar a la empresa un promedio superior a los 2.200 euros por empleado al año. No es una cifra desdeñable. Una empresa de 100 trabajadores que optase por el teletrabajo obtendría un ahorro de 1.100.000 euros durante un período de 5 años.
La reducción de costes es apreciable en cualquier tipo de empresa, pero cuando la que opta por el e-trabajo es una gran organización la cifra se torna escandalosa. Así, en Estados Unidos la ejemplar evolución hacia el teletrabajo adoptada por Bell Atlantic permitió reducir los gastos de esta empresa en 500 millones de dólares. Estudios liderados por Thomas Davenport, profesor de sistemas de información de la Boston University School of Management, demuestran que las empresas que implantan el teletrabajo logran reducir los espacios necesarios para las oficinas entre un 25 y un 67%. Este es el caso de la petrolera Shell, que logró reducir la factura de sus inmuebles en un 45%, como resultante de la introducción del teletrabajo en su fuerza de ventas.
Nada es completamente positivo ni negativo. Y, por supuesto, el teletrabajo tiene puntos a favor como factores negativos para la empresa y para el empleado. Los beneficios cuantificables que

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