| Artículos | 01 ABR 2003

Tecnología estratégica

Externalización (2)
Manuel Ruiz.
En muchas ocasiones, las inversiones tecnológicas consiguen resultados mediocres. La solución es acercarse a la tecnología con un enfoque estratégico en línea con los objetivos del negocio, siguiendo criterios de innovación, liderazgo y metodologías avanzadas de gestión.

Cuando hace unos años llegó la revolución de las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), muchos la recibieron como la solución y la clave del éxito empresarial. No tardamos tiempo en constatar el enorme fracaso al que ese optimismo estaba arrastrando a muchas empresas: las llamadas “punto.com”, paradigma de esa moda tecnológica, fueron sus principales víctimas. Tras unos escasos y resonantes éxitos que nos escandalizaron, fuimos alertados sobre la endeblez de un sistema que se lanzaba por un camino peligroso buscando una rápida explotación del nuevo filón de oro, pero que una vez pasado el fulgurante inicio se mostró vacío de contenido, originando una desconfianza hacia la nueva economía. Desde entonces se han realizado importantes inversiones en TIC con unos resultados muy mediocres, e incluso frustrantes en más casos de los que en realidad se reconoce.
Nuestra experiencia durante estos años ayudando a las empresas nos permite asegurar que el fracaso no depende de invertir mucho o poco en TIC, sino de no comprender que la tecnología es parte de la estrategia que una organización ha elegido en su camino para alcanzar sus objetivos.

Preguntas desmotivadoras
Hemos visto a las empresas hacer su apuesta tecnológica mediante la adquisición de buenas máquinas y avanzadas aplicaciones que les resolvían problemas puntuales (gestión de personal, control existencias, clientes, etc.) siguiendo el asesoramiento y los criterios del técnico comercial y del técnico informático que el proveedor pone a su disposición. En realidad, el resultado obtenido siempre es que sólo el personal usuario de esas nuevas herramientas es el que nota una sustancial mejora en sus actividades diarias, con el agravante de que si las cosas las hacen mal, las siguen haciendo igual de mal pero más rápido. Es un concepto que hemos llamado invertir en “tecnología de uso”.
La cuestión de fondo está en si los directores y responsables del negocio se preguntan si la empresa está realmente optimizando la tecnología, si hace mejorar proporcionalmente los beneficios y si la cultura corporativa se adapta a ella. Estas y otras preguntas similares son tanto más desmotivadoras cuanto mayor haya sido la apuesta por las TIC.
Frente a la tecnología de uso proponemos un nuevo concepto, la “Tecnología Estratégica”. Este sintagma, que funciona como una unidad en lo gramatical y conceptual al unir el arte (tecno) y tratado (logia) de los conocimientos propios de una industria con el que posee el arte para dirigir un asunto (estratega), permite afirmar que sólo el estratega que posee el conocimiento (del arma) tecnológico alcanza la victoria.
Normalmente, cuando hablamos de Tecnología Estratégica, el interlocutor suele oír una de las dos palabras, o tecnología o estrategia, y reacciona según lo que entiende. Cuando entiende la palabra tecnología, lamentablemente, comprobamos que provoca desconfianza, quebraderos de cabeza y un instintivo gesto de agarrarse la cartera del bolsillo. Aun sabiéndolo, y arriesgándonos a ser amablemente invitados a despedirnos con un “háganos una propuesta”, la ponemos sobre la mesa porque consideramos que la tecnología es un elemento fundamental para el desarrollo de una empresa. Eso sí, no por sí misma, ni independientemente.
Parece que la palabra estrategia es menos dolorosa, al menos para el bolsillo, aunque quizás recibamos una irónica mirada de soslayo, porque la estrategia en muchas empresas se reduce a desarrollar unas prácticas ya conocidas y experimentadas que todo el mundo dentro del sector realiza y aplica como un catecismo grabado en la memoria colectiva.
Afortunadamente, no siempre es así. En muchas ocasiones, encontramos el entusiasmo del directivo, cuando se trata de una persona de experiencia, que le hace pensar de manera creativa y objetiva respecto del futuro de su empresa, y, tal como pasaba hace años, de la calidad y la excelencia. Y descubre al poco de iniciarse la conversación que aquella empresa que hoy día no tenga la tecnología necesaria, aplicada a las necesidades de su negocio, no podrá ser competitiva y acabará siendo expulsada del mercado.

Lo mejor no garantiza el éxito
Con todo, para extraer algunas conclusiones, conviene en primer lugar analizar la desconfianza del directivo hacia la tecnología, producida por diversas circunstancias, como las siguientes:
- A las empresas se les provee de tecnología enfocada hacia las máquinas o aplicaciones pero, normalmente, no optimizan el rendimiento del negocio.
- Un director general está formado para dirigir empresas, no para gestionar tecnología, y sin embargo a diario deben tomar importantes decisiones relacionadas con cuestiones tecnológicas.
- Las empresas buscan soluciones de negocio, pero les venden tecnología. Si bien es cierto que muchas soluciones se desarrollan con la tecnología adecuada, pocos técnicos tienen el conocimiento profundo de la necesidad de la empresa y de su negocio.
Como primera conclusión de las tres premisas expuestas hay que decir que el problema, normalmente, no está en la tecnología, está en su aplicación. Disponer de la mejor tecnología no garantiza el éxito; muchas veces una solución sencilla es mejor y más aprovechable.
Viene al caso la anécdota sobre la sorpresa que recibieron los astronautas rusos cuando sus colegas americanos les enseñaron un bolígrafo que podía escribir en ausencia de gravedad, una tecnología revolucionaria para la conquista del espacio. Tan sorprendidos estaban los rusos, que los americanos se decían: ¡esta vez si que les hemos ganado!, ¡somos superiores! El “orgullo tecnológico” sólo duró hasta que los rusos les preguntaron que para qué habían empleado tanto esfuerzo en tiempo y dinero para desarrollar el invento cuando, como ellos, podían utilizar lápices.
Al hilo de estas reflexiones, cabe preguntarse si la tecnología está al servicio de la empresa o la empresa al servicio de la tecnología. Lo que las empresas buscan de verdad, y para lo que contratan directivos, es desarrollar su negocio, naturalmente obteniendo beneficios, y que dichos beneficios se sostengan a lo largo del tiempo. También quieren aportar valor a la sociedad, cuidar el medio ambiente, generar trabajo, ser excelentes. Y para ello han de aplicar metodologías de gestión que les permitan obtener rentabilidad, retorno de la inversión, reducción de gastos, incremento de ventas, mejoras de producción, ca- lidad, para lo cual realizan planes estratégicos de ventas, financieros, de marketing, de producción, ...... y soporte tecnológico. Es decir, las empresas utilizan la tecnología como una herramienta de soporte, no como algo estratégico que les puede ayudar a conseguir sus objetivos. Esto evidencia, como segunda conclusión, que, normalmente, las TIC no están normalmente alineadas con los objetivos y la estrategia de la empresa.
Esta falta de sincronización entre las TIC y los objetivos del negocio se debe a que los directores de la tecnología se dedican más

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