| Artículos | 01 FEB 2006

Siete mil días en la Red

Jaime Fernández.
En 1985 se enviaron desde la Universidad Politécnica de Madrid los primeros correos electrónicos a través de la red EUNET. Los demiurgos que se sumaron a la incipiente Internet a finales de los ochenta pueden sentir ahora cercanas las últimas frases de Roy Batty, el líder de los replicantes de Blade Runner: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tann- häuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”. Durante estos 20 años de Internet en España se han visto las grandezas y las miserias que van unidas a cualquier empeño humano, aderezadas con nuestra particular forma de entender la vida. En los comienzos fue el modem y las dificultades para que el uso de la Red se popularizara en nuestro país. Estábamos perdiendo de nuevo el tren de Europa, decían algunos agoreros, y éste era el último reflejo de nuestra falta de cultura científica y tecnológica. Cuando por fin arrancamos fue a lo grande, sin miedos ni cautelas, y en pocos años tuvimos en España más del 10% de los proveedores de Internet del mundo. En paralelo brotaron tantas publicaciones relacionadas con la Red que nuestra incultura tecnológica quedó sepultada debajo de todas ellas. Poco después se crearon docenas de compañías especializadas en Internet, con tantos y tan experimentados consultores como necesitaran las empresas que los contrataban. En algunos de esos proveedores, de esas revistas y de esas consultoras he visto, como Roy Batty, cosas que ustedes no creerían. Pero fue por poco tiempo, porque la crisis se llevó por delante a muchas de ellas, como lágrimas en la lluvia. Nos queda un presente convulso y un futuro inquietante: ¿qué le espera a la Red en España?
Dejemos a los visionarios de BT y su Technology Timeline que elucubren sobre las tecnologías que triunfarán en los próximos cincuenta años. La cuestión se puede plantear a corto plazo de otro modo, olvidando por un momento los detalles técnicos y levantando los ojos para observar si Internet va por el mismo camino que el resto de grandes medios de comunicación, controlados en sus aspectos esenciales por muy pocas manos. En nuestro país el poder político y el económico manejan con comodidad al Poder Judicial y al Legislativo, y ejercen un control enorme sobre el cuarto poder. La Red ha sido en estos últimos años una alternativa a la prensa convencional y a los canales habituales de información. Pero algunos detalles nos advierten que los usuarios de Internet también pueden ser “orientados” por los grandes poderes. Los portales más visitados y los buscadores más utilizados se nutren de las mismas fuentes de información, y hace falta buscar con cuidado para hallar otros datos, otras voces, otra forma de ver la Red y lo que ocurre en ella. Quizá sean la banda ancha, la voz sobre IP o el mundo de la “movilidad” las tecnologías que cambien la faz de Internet en España en los próximos años, pero será esa tendencia a la globalización de las mismas ideas y de los mismos principios, impulsada por los mismos de siempre, la que más afectará y condicionará a los diez millones de internautas que habitan nuestro país.

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