| Artículos | 01 FEB 2006

Más WiMAX

La revolución inalámbrica
Eugenio Pedrero.
Si las tecnologías fueran personas y actuaran como ellas, a WiMAX bien le podríamos llamar un sistema rebelde, pero con causa. Esta tecnología de comunicaciones inalámbricas es contestataria, está quebrando moldes y está poniendo patas arriba el conservadurismo de las operadoras más tradicionales, a modo de un insurgente protestón decidido a hacer saltar por los aires los regímenes más anquilosados e inmovilistas. Y no sólo ha roto con el pasado. WiMAX también quiere reinventar el futuro. De la noche a la mañana se ha hecho con el protagonismo de toda la industria de las telecomunicaciones, incluso poniendo en tela de juicio nuevos desarrollos como la telefonía de tercera generación. WiMAX se considera ya como algo más que una ruptura tecnológica. Es una nueva forma de concebir las telecomunicaciones.

Lo que empezó como una pequeña sublevación relativamente insignificante a través de pequeños y anecdóticos experimentos como Wi-Fi se ha convertido en una revolución en toda regla. No en vano, los responsables del gigante de fabricación de chips Intel denominaron a WiMAX como “lo mejor desde Internet”. Es como el acta fundacional de un verdadero quiebro tecnológico, de una nueva era, por mucho que los más escépticos, posiblemente hastiados de tanto experimento fallido como se produjo en años anteriores, lo vean como otro ensayo más.
WiMAX ha llegado para quedarse, y su gran novedad consiste en que, por primera vez, una tecnología competirá con varios rivales al mismo tiempo: los fijos tradicionales y los más avanzados de la banda ancha, los móviles clásicos y los de tercera generación… El reto está servido, la carrera ha empezado. La pregunta ahora es ¿qué puede dar de sí? ¿Hasta dónde WiMAX removerá, está removiendo ya, los cimientos de las telecomunicaciones? ¿Quiénes lideran este alzamiento? ¿Quiénes lo van a apadrinar en el futuro? ¿Quién serán los ganadores? Y por supuesto, ¿quién serán los perdedores?

La magia del 802
WiMax (Worldwide Interoperability for Microwave Access) es uno de los últimos desarrollos de lo que genéricamente se conoce como estándares de comunicaciones inalámbricas de la familia 802. Consiste en un estándar de telecomunicaciones inalámbricas que se está gestando a través de un grupo de empresas reunidas en lo que se ha venido a denominar WiMAX Forum (http://www.wimaxforum.org), que cuenta ya con más de un centenar de compañías involucradas de la talla de Intel y Nokia. Los protocolos sucesivos en tecnologías inalámbricas han ido escalando las posibilidades de estos estándares y con ellos, su potencial de comunicación, y previsiblemente también de negocio. Desde el 802.11, como es conocido técnicamente Wi-Fi (Wireless Fidelity), se ha pasado al 802.16, el WiMAX propiamente dicho. De ahí se saltará a versiones teóricamente superiores pero que todavía están en cocina y mucho más verdes, como Mobile-Fi (el estándar 802.20). De momento, el pasado mes de diciembre se aprobaba la versión móvil de la tecnología (802.16e), aunque no se espera que haya productos certificados hasta finales de 2006.
A WiMAX se le considera la evolución natural de Wi-Fi, un paso que perfecciona las deficiencias de este sistema y que, por tanto, puede ser una alternativa de comunicaciones mucho más eficaz. Para muchos, la enorme velocidad con la que se ha desarrollado toda la “familia del Wi”, por definirlo de alguna manera, está haciendo que se diga que este fenómeno es a las telecomunicaciones lo que fue Napster a la industria musical, una disrupción sin precedentes en la historia del sector. Otros hablan de la magia de los 802, unos estándares que pueden traer soluciones a problemas históricos y aparentemente irresolubles en el mundo de las telecomunicaciones, como, por ejemplo, la construcción a bajo precio de una alta capilaridad de la red (última milla). Pero, como en un cuento de niños donde se mezcla fantasía y realidad, lo que no se sabe, de momento, es si esa magia procede de la bruja buena o de la bruja mala. Los 802, y en concreto los 802.16, en sus distintas versiones (de ahí que también a veces aparezca la nomenclatura 802.16x) ¿serán beneficiosos para todos? O por el contrario, ¿habrá víctimas tras su implementación masiva en el mercado?
De lo que no cabe duda es que Wi-Fi, y ahora WiMAX, han creado gran ruido mediático. En parte, este ruido son ecos huecos en una industria acostumbrada a anuncios a bombo y platillo. Pero en parte también es debido a que realmente hay una sensación de que algo está cambiando en el panorama de las telecomunicaciones. Y lo está haciendo de forma súbita.
Lo que hace tan sólo menos de un lustro no era visto más que como otra tecnología más cuya moda pasaría rápidamente sin pena ni gloria, es ahora un fenómeno que está causando importantes consecuencias en la transformación del negocio de las operadoras y en la forma en la que los usuarios se conectan a Internet. En mayor o menor medida, ninguna empresa de telecomunicaciones está permaneciendo impasible ante la llegada de WiMAX. Entre otras cosas, porque los datos que se manejan sobre esta nueva forma de comunicación están adquiriendo cierta consistencia.
A finales de 2005 se calculaba, según estudios de Pyramid Research, que en el mundo ya había 118 millones de usuarios de Wi-Fi, una cifra realmente asombrosa si se tiene en cuenta que esta tecnología apenas estaba en los circuitos comerciales unos años antes. Hay que considerar además que las últimas innovaciones tecnológicas del mundo digital se tomaron más de una década para despegar; por ejemplo, las cámaras fotográficas y de video digitales, o incluso los CD para música. De ahí que, en comparación, ­obviando sus primeros pasos claramente insuficientes en cuanto a velocidad, el periodo de adolescencia de Wi-Fi, pionero de la familia de los Wi, haya sido relativamente corta; al menos desde la aparición del estándar a 11 Mbps (802.11b). Su vertiginoso despegue se empezó a producir entre 2003 y 2004, pero sobre todo fue en 2005 cuando adquirió velocidad crucero, al aumentar el volumen de usuarios en el mundo en más del 50% como por arte de birlibirloque.
El fulgurante éxito de Wi-Fi, impulsado sobre todo por el afán de descubrir fórmulas que escaparan a las redes tradicionales de las operadoras y, por lo tanto, a sus modelos de facturación, ha hecho que WiMAX, que se podría considerar como el hijo directo, esté viniendo al mundo sin ningún tipo de problemas en el parto. Gran parte del éxito de WiMAX se debe precisamente a la formulación tecnológica con la que está naciendo. WiMAX Forum actúa de garante de la estandarización del nuevo protocolo inalámbrico, lo que evita confusiones y diatribas tecnológicas inútiles que lo único que podrían aportar serían retardos en la investigación y el desarrollo.
Si ya Wi-Fi anticipaba una nueva forma de conectarse con banda ancha, WiMAX las ha multiplicado casi al infinito. Por primera vez, y a la espera de que la telefonía móvil de tercera generación despegue de una vez por todas, se está produciendo el primer eclipse real de cualquier otro modo de comunicación de banda ancha, especialmente los que u

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