| Artículos | 01 ABR 2003

Los desastres ocurren... a veces

Robert Assink.
La necesidad de asegurar el automóvil es, en la inmensa mayoría de los casos, una cuestión que no plantea dudas; se espera no tener que hacer uso de él, pero si surge un incidente, se cuenta con un respaldo. Los desastres pueden ser de mayor o menor gravedad, accidentales o provocados, errores naturales o humanos, pero.... lo cierto es que a veces ocurren.
Tal vez sería necesario realizar el ejercicio de trasladar esa conciencia individual y personal de “puede pasar” a la conciencia empresarial. Las empresas, con independencia de tamaño y sector, siguen sin contemplar en sus estructuras dos conceptos que, a día de hoy, resultan imprescindibles. Hablamos de planes de “recuperación de desastres” y, como consecuencia directa, en algunos casos “continuidad de negocio”. Las empresas deberían analizar si en el hipotético caso de desastre o incidente grave, serían capaces de reanudar su actividad y, si es así, en cuanto tiempo, con qué costes y con qué consecuencias para sus clientes.

Experiencias críticas
En los últimos meses hemos sido testigos de experiencias críticas que han afectado seriamente a la actividad de importantes compañías: varios cortes eléctricos prolongados en zonas de concentración empresarial de Madrid, que provocaron una perdida importante de datos y una parada en la actividad de muchas empresas; AOL que, después de permanecer varias horas fuera de servicio, perdió miles de usuarios que no dudaron en irse a la competencia; un huracán en el caso de UPS; un día de inactividad por problemas técnicos en Ebay con pérdidas de entre 3 y 5 millones de dólares; o el de mayor magnitud y gravedad, el ataque terrorista al World Trade Center de Nueva York, que afectó a centenares de empresas.
En cualquiera de los casos citados, o bien no existía un plan de contingencia, o si lo había, no era el más adecuado. Un plan de contingencia es una herramienta que toda empresa debe tener con objeto de desarrollar las habilidades y medios para sobrevivir y mantener sus operaciones en caso de que una eventualidad le afectara ocasionando una interrupción parcial o total de sus funciones. Hay que aclarar, que el hecho de contar con un plan de contingencia no implica un reconocimiento de ineficacia en la gestión, sino todo lo contrario, ya que supone una previsión ante una posible eventualidad. Tampoco es algo exclusivamente al alcance de las multinacionales y empresas grandes. Hoy en día, la especialización, metodología y el uso de las nuevas tecnologías facilitan el acceso a estas soluciones de continuidad de negocio a empresas de todo tipo según el tamaño y por relativamente poco dinero.

También cuestión de prestigio
En Estados Unidos, el 75% de las compañías, en algún momento, han experimentado una interrupción de sus operaciones: el 72% causada por fallos eléctricos; el 52% resultado de problemas de hardware; el 46% por incidencias en las telecomunicaciones y el 43% provocado por errores en el software.
En la gran mayoría de los casos, fueron eventualidades que no hubiesen supuesto ningún perjuicio para la compañía si hubiesen contado con un plan de contingencia. Éste no sólo evita pérdida de datos, daños informáticos o costes económicos; también protege la credibilidad ante los clientes y, en muchos casos, impide la pérdida completa del negocio. ¿Cuál es el coste de interrumpir la actividad? ¿En cuánto están valorados la reputación y el prestigio de una compañía?

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