| Artículos | 01 NOV 2004

Lamentos de otoño

Fin de año apático - Desenmascarando las falacias - Mucha pereza mental
La presidenta y CEO de Hewlett-Packard, en un arranque de sinceridad, ha entonado el mea culpa. A más de dos años de completarse el proceso de adquisición de Compaq, Carly Fiorina ha acusado públicamente a su compañía –y a sí misma– de no haber sabido sacar todo el jugo a la fusión: “se podría haber hecho mucho más”. La compra de Compaq por parte de HP se diseñó “desde un punto de vista táctico, no estratégico”, ha reconocido Fiorina en referencia al proceso de integración de los catálogos respectivos, que, según ella, se ha saldado sin conseguir el objetivo de que la oferta de la nueva compañía se diferenciara de la suministrada por otros fabricantes.
Los problemas del fabricante salen a la luz en un delicado momento en que el mercado corporativo mundial da evidentes muestras de apatía, dejando a las claras que, una vez más, las previsiones para el último trimestre de 2004 han pecado de excesivo optimismo. Y es que, como la propia Fiorina reconocía en los primeros días de otoño, coincidiendo con el escepticismo mostrado semanas antes por John Chambers, CEO de Cisco Systems, y algunos experimentados analistas, no se producirá el esperado rebrote del gasto en TI durante estos últimos meses del año.
Dice Fiorina que las empresas se han vuelto mucho más exigentes y discriminatorias a la hora de planificar sus compras tecnológicas y se han dado cuenta de que invertir en tecnología sin más no tiene sentido. Nunca lo tuvo, realmente, pero fueron muy pocos los que, en los tiempos de la explosión de las TI y, después, de las telecomunicaciones y de Internet, desenmascararon –por miedo o ignorancia– las falacias de los mensajes del sector. La contribución de las nuevas tecnologías a la mejora de la productividad y la competitividad era el axioma. Pero, como avisa Fiorina, si las decisiones de compra de TI no tienen en cuenta el retorno de la inversión, y la búsqueda de ventajas y beneficios específicos y concretos; si no se plantean previendo el modo en que la nueva tecnología se integrará e interoperará con la ya disponible en la empresa, no todas las adquisiciones serán acertadas.
Fiorina tiene razón y su sincera lucidez debe alumbrar los objetivos de la industria los próximos años. Está visto que la reinvención constante va ser el único modo de autoajuste de una industria que, afortunadamente, comienza a amoldarse a los cambios que se están produciendo en los hábitos de compra y a ciclos de ventas más dilatados, componentes permanentes de un sector cada vez más ágil. El usuario también ha de estar a la altura de las circunstancias y desenmascarar a aquellos suministradores que no acaban de enterarse de qué va la jugada.
Y como un poco de autocrítica nunca viene mal, también a aquellos medios supuestamente especializados que no son capaces, o no quieren serlo, de discernir entre el marketing de los suministradores, es decir, sus clientes, y lo que realmente interesa al usuario. Porque si los medios no queremos o no sabemos equilibrar nuestra supervivencia económica con nuestro verdadero cometido editorial, nos convertiremos en corifeos vergonzantes de la pereza mental y la falta de miras de los elementos más inmovilistas del sector.

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