| Artículos | 01 JUL 2004

¿La unión hace la fuerza?

Concentración de operadores
Marta Cabanillas.
Desde el Gobierno se suceden los mensajes –primero Piqué, y ahora Montilla y Ros– aconsejando una concentración de operadores de menor tamaño para constituir una alternativa fuerte a Telefónica en el segmento de las telecomunicaciones fijas y capaz de competir en mercados internacionales. Pero los problemas que afectan a este segmento son más profundos y complejos de resolver, como el fenómeno de sustitución de la telefonía fija por la móvil y, complicando aún más las cosas, el esperado auge de la voz sobre IP.

Interesante donde los haya el escenario que empieza a configurarse para la vuelta del periodo de descanso estival. UMTS está en marcha y continuará su curso. La banda ancha, principalmente vía ADSL, acelera su penetración y se hace aún más ancha tras el anuncio de Telefónica de duplicar la velocidad de sus diversas ofertas sin aumentar los precios. Al mismo tiempo, la telefonía, finalmente, y tras años de augurios al respecto, comienza a convertirse a ritmos acelerados en una commodity (tanto Jazztel como Telefónica y Auna han anunciado tarifas planas e incluso llamadas locales gratuitas). El móvil acapara aquí todo el crecimiento en detrimento de la voz sobre redes fijas, y, por si esto fuera poco, la voz sobre IP comienza a convertirse en una opción real que muchos proveedores ya ofrecen. Como colofón, la pérdida de cuota de Telefónica empieza a hacerse patente, principalmente a favor de los operadores de cable, lo que es interpretable como indicio de que comienza a vencerse la inercia en un mercado durante décadas dominado por esta operadora en situación de monopolio. Todo hace prever que con el otoño los operadores den a conocer iniciativas en las que se manifiesten sus estrategias para adaptarse a todos estos cambios; de hecho, ya han empezado a hacerlo.

Por una consolidación del mercado
Probablemente los mayores cambios vendrán de la mano de los operadores de redes fijas, dada su urgente necesidad de introducir importantes y rápidas transformaciones que les permitan superar el declive imparable del negocio asociado a la voz fija, la principal fuente de ingresos del sector durante la mayor parte de su historia. En este sentido, a principios de junio, tanto Francisco Ros, secretario de Estado de Telecomunicaciones, como el ministro de Industria, José Montilla, coincidían en manifestar su opinión sobre la conveniencia de una concentración en el segmento, que redujera a dos o tres el número de operadores integrales, sumándose así a la convicción ya expresada por Josep Piqué cuando se encontraba al frente del desaparecido ministerio de Ciencia y Tecnología. Además de una mayor fuerza para competir con Telefónica, los grupos resultantes de este proceso de consolidación podrían actuar con mayor éxito en los mercados internacionales.
No es ni mucho menos la primera vez que se oye hablar del asunto, pero la consolidación no parece ofrecer los encantos suficientes como para seducir por completo a los potenciales interesados. En diversas ocasiones se ha rumoreado sobre la existencia de conversaciones de fusión entre Jazztel y Uni2 –reconocidas, de hecho, por los propios implicados–, a veces introduciendo a Retevisión (ahora Auna) como tercer candidato, una posibilidad que estuvo cerca de hacerse realidad, pero que finalmente no cuajó. También se ha hablado de un posible matrimonio entre ONO y Auna que diera lugar a un grupo de cable capaz de medir sus fuerzas con Telefónica, y con creciente frecuencia empieza a aparecer en los discursos sobre la consolidación una quinta compañía, Comunitel, como potencial candidato a una fusión con Jazztel.
Precisamente Jazztel siempre ha expresado abiertamente su postura a favor de la unión con otras compañías. Ya en el año 2002, su entonces presidente, Martín Varsavski, reconocía encontrarse en conversaciones con Uni2 para logar una fusión que, en su opinión debería extenderse a la entonces Retevisión y a las operadoras portuguesas Novis y ONI, presente en España a través de Comunitel. “Juntos tendremos una buena oportunidad; separados, mucha dificultad”, aseguraba, refiriéndose a las posibilidades de desarrollar negocio en competencia con Telefónica. Y ahora, en la misma línea, Roberto de Diego Arozamenta, actual consejero delegado de Jazztel, considera que “desde el punto de vista de mejorar la rentabilidad de los operadores de telefonía fija, la concentración tendría sentido, dado que el nuestro es un sector intensivo en capital, donde las economías de escala son muy importantes”.

En busca del equilibrio
Por su parte, Juan Laso, director de Marketing de Comunitel, opina que “un mercado en competencia sano, exige un cierto equilibrio entre los competidores. Es obvio que en la telefonía fija, este equilibrio no es el óptimo y con competidores más fuertes mejoraría”. Respecto al impacto de una eventual concentración de operadores sobre el usuario final, Laso estima que “si la situación deviniera en un marco más competitivo del mercado, el usuario, ya se trate de particulares o empresas, siempre saldrá beneficiado”. Y es que un mayor número de proveedores no supone necesariamente un aumento efectivo de la competencia en el mercado. Si éstos carecen de la fuerza suficiente como para hacer frente de una manera seria al suministrador dominante, viéndose obligados a bailar al ritmo que éste marque, cualquier tentativa de competencia quedará abortada. Otros operadores, como Uni2, Auna y Ono, han preferido no pronunciarse respecto a una posible consolidación del mercado.

La competencia, en pañales
La escasa cuota de mercado que los entrantes han conseguido arañar a Telefónica es uno de los argumentos manejados tanto por Ros como por Montilla en sus discursos a favor de la creación de grupos más robustos basados en la unión de fuerzas. En el último ejercicio, Telefónica vio disminuir su cuota en tráfico de telefonía fija en un cinco por ciento, pero, aún así, mantiene un 75% del mercado. “Desde luego, un 25% difícilmente permite la viabilidad de tantos operadores en un negocio con la exigencia inversora que tiene el nuestro. Por eso resulta tan importante que desde los poderes públicos se vigile el cumplimiento por parte de todos de lo que está regulado en orden a preservar la libre competencia”, asegura Laso. De hecho, ninguno de los competidores de Telefónica ha logrado aún, transcurridos seis años desde la liberalización del sector, alcanzar beneficio neto.
Lionel D. Fernández García, director general de la asociación de operadores Astel, considera que, en cualquier caso, la situación de la competencia aún no es satisfactoria. Sigue existiendo una empresa con una posición de dominio en el mercado que, conforme a las Directivas Europeas, necesita un control regulatorio para evitar que utilice indebidamente esa posición, tanto en el mercado de telefonía fija como en otros muy relacionados con ella, como es el de la banda ancha. “Ha existido una grave inestabilidad de la regulación que ha impedido planificar debidamente sus estrategias a los operadores. Tanto los ministerios como la CMT han tenido su parte de responsabilidad. Lógicamente, el operador histórico ha defendido su presencia en el mercado, lo cual es perfectamente legítimo; pero, utilizando un símil deportivo, tampoco pue

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