| Artículos | 01 JUL 2001

La encrucijada de las telecomunicaciones móviles

GPRS en contexto
Ignacio Vidaurrazaga.
Dado el retraso de UMTS, que posiblemente no esté disponible hasta finales de 2002, la manera de incrementar a corto plazo el tráfico en las redes de móviles y los ingresos de los operadores con el desarrollo de las aplicaciones de datos es implantar GPRS y su evolución posterior EDGE.

Como es de sobra conocido, el mercado de las telecomunicaciones móviles en España ha tenido un nivel de crecimiento espectacular, especialmente en los tres últimos años. De acuerdo con el análisis comparativo realizado, dentro de un estudio reciente de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) sobre quince países europeos, donde también se han alcanzado importantes tasas de crecimiento en el sector, “España ha experimentado y sigue experimentando un fuerte crecimiento en cuanto a número de abonados de telefonía móvil, llegando a superar el número de abonados de telefonía fija y presentando el segundo porcentaje más alto de crecimiento durante el año 2000 de los quince países contemplados”. Sin embargo, según dicho estudio, este aumento del número de abonados en la telefonía móvil parece que ha de detenerse a corto plazo, puesto que el mercado se encuentra “en una situación cercana a la saturación”.
Por otra parte, en lo que a tráfico se refiere, el de telefonía móvil, que ha crecido porcentualmente en los últimos años mucho más que el de telefonía fija, representa un porcentaje muy pequeño del tráfico total de telefonía; y el tráfico móvil medio por terminal desciende mientras que el de telefonía fija se incrementa. Por ello, “la situación cercana a la saturación” y “la necesidad de incrementar el tráfico en la telefonía móvil” han llevado a los operadores de telecomunicaciones móviles a buscar la forma de aumentar el tráfico en sus redes por la vía de las nuevas aplicaciones, particularmente las que posibilitan la transmisión de datos, y en especial la Internet móvil, y dentro de ésta el comercio electrónico, conocido como m-commerce.
Sin embargo, la introducción en las redes GSM del sistema WAP para acceder a Internet desde el móvil no ha tenido en Europa, y en España en particular, el éxito que se esperaba, debido fundamentalmente a la baja velocidad de transmisión (9,6 Kbs) y al elevado coste del servicio, al estar basado en la tecnología de conmutación de circuitos, en la que la tarifa se establece en función del tiempo de conexión y no del tráfico y es preciso el establecimiento de la conexión en cada llamada. Esta situación contrasta con la de Japón, donde el servicio I-Mode de DoCoMo, filial de NTT, ha superado los 13 millones de usuarios utilizando la tecnología de conmutación de paquetes.
Precisamente, la eliminación de los dos problemas señalados en WAP (lentitud y coste) para el desarrollo de la Internet móvil se logra en la nuevas redes UMTS, con la combinación de la banda ancha y de la tecnología de conmutación de paquetes, tecnología ésta ampliamente experimentada en las redes fijas y que posibilita la aplicación de tarifas por volumen de tráfico cursado. En este sentido, los diferentes países de Europa, entre ellos España, han apostado fuertemente por UMTS como medio de impulsar el desarrollo de Internet móvil y tratar, de esta manera, de recuperar el retraso frente a Estados Unidos en Internet, aprovechando el hecho del mayor avance de Europa en las telecomunicaciones móviles.

La frustración de UMTS
Las grandes expectativas despertadas por UMTS se han visto, no obstante, frenadas por el afán recaudatorio de los principales gobiernos europeos, que vieron en la telefonía móvil la gallina de los huevos de oro para el logro de sus objetivos de equilibrio presupuestario. España, que en un principio adjudicó las cuatro licencias mediante concurso a un coste razonable, se unió posteriormente a la ola recaudatoria de otros países a través de las subastas, creando una tasa especial sobre el uso del espectro radioeléctrico, conocida como el “espectrazo”. Con ello los operadores se ven en la necesidad de, prácticamente, tener que duplicar sus recursos financieros, en las ya de por sí cuantiosas inversiones en redes y equipos para el desarrollo de UMTS, para engrosar las arcas de los Estados, con el consiguiente aumento de su nivel de endeudamiento y, derivado de éste, un importante incremento de sus costes financieros.
Por otra parte, la solución de las ampliaciones de capital (para financiar las inversiones y pagos al Estado de los operadores de UMTS) se ha visto cortada por la situación de los mercados financieros; y la opción de acudir a la financiación de las inversiones por los suministradores se ha reducido drásticamente por la evolución negativa de las economías occidentales, que ha afectado notablemente a los fabricantes de equipos y terminales, que, a su vez, se ven afectados negativamente por el retraso en la puesta en marcha de UMTS. Ante esta situación de bloqueo económico, los planes para el lanzamiento de UMTS se han visto fuertemente retrasados en todos los países. En el caso de España, tras una reciente encuesta pública del Ministerio de Ciencia y Tecnología, la fecha prevista (1 de agosto de 2001) en los concursos para la puesta en servicio de UMTS, y que los adjudicatarios respaldaron con los correspondientes avales, se ha visto demorada hasta junio de 2002, que creemos habrá de sufrir un retraso posterior, hasta finales de 2002 como mínimo, para la prestación del servicio con carácter general.
Por este motivo, los gobiernos europeos, entre ellos el español, se afanan ahora en buscar soluciones para compensar el desaguisado y ayudar al despliegue de UMTS. Soluciones como la autorización de compartir infraestructuras entre los operadores, las eventuales fusiones de operadores, medidas fiscales favorables y otras ayudas están sobre el tapete.
Pero, en cualquier caso, dado el retraso de UMTS, ¿cómo conseguir el objetivo de incrementar a corto plazo el tráfico en las redes de móviles y los ingresos de los operadores con el desarrollo de las aplicaciones de datos, la Internet móvil y el m-commerce? La solución se encuentra en la llamada generación 2,5 de redes móviles (UMTS es la tercera), con la introducción del sistema GPRS en las redes GSM y su evolución posterior a EDGE, que, si bien no es una tecnología de banda ancha, permite alcanzar velocidades de transmisión de 177,2 Kbps y, lo que es más importante, utiliza la tecnología de conmutación de paquetes, que posibilita la conexión permanente a Internet y la aplicación de tarifas por volumen de tráfico.
GPRS, además, no precisa de grandes inversiones, puesto que se trata de adaptar con equipos adicionales las redes actuales GSM y cuyas infraestructuras GPRS utiliza plenamente, en contraste con UMTS que requiere nuevas infraestructuras. En el caso de España, esta adaptación para GPRS ha sido ya realizada por los operadores con redes GSM, por lo que sólo falta disponer de terminales para comercializar y prestar los servicios, cosa que se espera que ocurra a partir de septiembre próximo.
La introducción de GPRS permitirá, además, un contraste de los nuevos servicios de datos por el mercado y una suave transición en el tiempo hacia UMTS, que incorporará las posibilidades de las aplicacione

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