| Artículos | 01 JUL 2004

Gestión de la configuración (1)

¿Merece la pena?
Aunque ha ido ganando importancia durante los dos últimos años, la gestión de las configuraciones sigue siendo una gran desconocida para muchas empresas. No es el caso en la comunidad de operadores y proveedores de servicios, donde estos aspectos tecnológicos siempre han sido fundamentales para las funciones de “aprovisionamiento”. En la empresa, sin embargo, su penetración ha ido calando más lentamente, cobrando protagonismo sólo allí donde se tomaba conciencia –quizá por propia experiencia– de que la mayor parte de los costes asociados a las TI está relacionada con las tareas y procesos de reparación y arreglo de las redes y aplicaciones.

Cualquier responsable de TI sabe que un gran porcentaje de los fallos de red está asociado a las malas configuraciones; de hecho, según datos de Enterprise Management Associates, del 30 al 80% de las caídas de red tienen su origen directo o indirecto en los errores de configuración. La respuesta más común al problema ha sido imponer procedimientos de cambios de red de considerable complejidad, tan costosos como ineficientes. En otros casos, dado el impacto, algunas veces espantoso, sobre los ingresos que los fallos de configuración pueden tener en un negocio, muchas organizaciones TI ni siquiera se plantean efectuar cambios de configuración en sus redes, optando por solventar estas cuestiones simplemente añadiendo capacidad de red. Un enfoque que, por supuesto, sólo consigue aumentar el coste de las TI al sumar elementos de red y ancho de banda innecesarios a unas infraestructuras muy poco optimizadas.

Identificación y ordenación
La gestión de la configuración promete frenar esta dinámica. Entendiendo por gestión de la configuración el proceso de identificación y ordenación de los recursos de red a fin de optimizar la calidad de la experiencia del usuario, es claro que estas tecnologías pueden aplicarse a cualquier nivel del modelo OSI, desde las redes físicas hasta las aplicaciones que viajan por ellas. Así, puede ser tan amplia como la gestión de la seguridad de un entorno de red, y tan específica como cambiar la tabla de routing de un dispositivo.
Para un proveedor de servicios, la gestión de la configuración puede involucrar múltiples herramientas y procesos manuales que trabajan conjuntamente en un flujo lógico para proporcionar servicio a los clientes. En este contexto, supone una parte fundamental del sistema de soporte de operaciones. En la empresa, las cosas son algo más simples pero también, desgraciadamente, están peor definidas.
Aunque la gestión de la configuración en la empresa puede implicar un sinfín de funciones, hoy su campo de acción se centra en la propia red, lo que no siempre significa falta de complejidad. De hecho, puede ser algo tan simple como la gestión del flujo de trabajo para automatizar los distintos procesos de aprobación requeridos para consumar un cambio de configuración, pero también tan complicado como la automatización de la configuración de redes heterogéneas. El límite al que quiera llegar una empresa en este campo depende en gran medida de los resultados que busque. Pero siempre habrá que tener en cuenta que, como dicen los expertos, en la mayoría de los casos dedicar incluso una pequeña atención a estas cuestiones trae consigo considerables dividendos en eficiencia operativa y reducción de costes.
Las bases para conseguir una gestión proactiva de las infraestructuras TI comienzan en la gestión proactiva de la configuración. Sin embargo, pese a su importancia, los agentes de la comunidad TI, incluidos los propios fabricantes y los organismos de estandarización, no han sido capaces de acercarse a estas tecnologías y procesos con una visión verdaderamente global. Esto se debe, en primer lugar, a que la gestión de la configuración es mucho más difícil de implementar de una forma ampliamente automatizada que la gestión de fallos o de cuentas, por lo que la mayor parte de las herramientas de este tipo se ha adoptado como soluciones muy concretas que dan respuestas exclusivamente a tareas especificas. Así, los usuarios que quieren disponer de una alternativa más global se ven obligados a integrar esas soluciones concretas o a crear las suyas propias. Y, como se verá, ninguno de los dos caminos es sencillo.

Ventajas y beneficios
Entonces, ¿por qué preocuparse por la gestión de la configuración? Actualmente, la implementación de un sistema de este tipo requiere la inversión de mucho tiempo y esfuerzos en su preparación; tanto que, en muchos casos, los responsables TI de la empresa preferirán pasarse sin las ventajas que, finalmente, pueda aportar. ¿Merece, pues, la pena? La respuesta de los expertos es un rotundo sí. Claro que no siempre las razones que aconsejan adoptar estas tecnologías son tan evidentes como para convencer fácilmente a los gestores financieros de la empresa. Por ello, los responsables TI deben conocer en profundidad primero las prestaciones y ventajas de la gestión de la configuración para llegar luego a evaluar sus beneficios para el negocio, justo lo que quieren oír los que manejan el dinero de la organización.
En primer lugar, la gestión de la configuración sienta las bases sobre las que se gestionará toda la infraestructura de red; sin ella, fallarán –o implicarán más complejidad– todas las demás funciones, como las de seguridad o las de optimización del rendimiento. Es obvio que tareas como, por ejemplo, el aislamiento de fallos serán imposibles si no se dispone de ciertos detalles sobre el estado de la configuración de los dispositivos que están experimentado problemas.
En segundo lugar, cada vez está más claro que, al prevenir problemas, la gestión de la configuración contribuye a mejorar el control de costes y la disponibilidad. Siempre es preferible no sufrir un fallo o un parón de la actividad. Los altos costes asociados al tiempo empleado por el personal en su resolución, así como la reducción de la eficiencia del negocio que generan estos fallos, afectan a la generación de ingresos. Aquí los beneficios pueden ser significativos: un fallo que afecte a cien empleados directamente implicados en la generación de ingresos puede acarrear pérdidas de incluso millones de euros en algunos casos.
Por otra parte, la gestión de la configuración puede hacer que las herramientas de gestión existentes en la empresa sean más efectivas al proporcionar un bucle de feedback con el que optimizar su actividad. En los centros de operaciones de red de las empresas, los sistemas de gestión permiten a los técnicos aislar fallos a medida que se producen, y cada vez en menos tiempo. Pero, una vez que el fallo ha sido localizado, casi siempre se requiere algún tipo de intervención manual en los dispositivos afectados para, finalmente, diagnosticar y corregir el problema. Y en muchos casos, este diagnóstico final y los consecuentes procedimientos correctivos requiren cambios en la configuración, una tarea que con la gestión de la configuración puede hacerse más rápidamente.
Con todas estas ventajas, parece claro que estas tecnologías representan una de las maneras de mejorar la productividad de las TI. No se explica, entonces, el poco entusiasmo con que han sido adoptadas hasta ahora. Quizá la razón se encuentre en el modo en que tales sistemas se venden y e

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