| Artículos | 01 OCT 2001

El espectro valdrá menos de la mitad en 2002

En 2002, los operadores de móviles, como el resto de agentes que explotan el espectro radioeléctrico para realizar sus negocios, habrán de pagar en conjunto 100.002 millones de pesetas menos que el presente año. Así lo acordó el Consejo de Ministros celebrado el pasado 21 de septiembre, al fijar la tasa para el ejercicio próximo en 59.998 millones de pesetas, un 65,41% inferior a la vigente en 2001.
De los 59.998 millones, 47.278 corresponden a las operadoras de telefonía móvil, que en 2001 tendrán que pagar 140.000 millones de pesetas. De esta forma, Telefónica Móviles será la operadora que más habrá de desembolsar, dado que es la única que cuenta con licencia UMTS, licencias GSM y DCS y telefonía analógica. Con licencias UMTS y GSM, a Airtel-Vodafone le corresponderá abonar un 60,87% menos que este año, y Amena un 66,86%. Xfera, única de las cuatro operadoras que no cuenta con licencia GSM, será la que más notará la diferencia: pagará 5.849 millones de pesetas por su concesión UMTS, cifra un 78,43 % inferior a la cuantía de la cuota que le ha tocado este año, y ha sido el más beneficiado por la reducción de la tasa
Las operadoras de acceso vía radio LMDS también se han beneficiado de la revisión del precio del espectro ya que han visto reducida su tasa en más de un 9%. En concreto, la cifra en este caso ha pasado de 11.104 millones de pesetas a 925 millones de pesetas.

Sobre tierras movedizas. Desde el Ministerio de Ciencia y Tecnología, siempre se ha subrayado el hecho de que la tasa se establece en función del valor de este recurso limitado en el mercado, y, desde luego, la incertidumbre respecto al futuro de UMTS ha contribuido a la bajada de esta variable. Un valor que, como es lógico, no hace otra cosa que reflejar la inestabilidad creada por los vaivenes del mercado por el que se rige, y que ha pasado de unas enormes expectativas –este año el espectro en nuestro país ha llegado a valer nada menos que catorce veces más que en 2000– a una actitud desconcertada y de crisis generalizada.
En general, la medida ha sido recibida con satisfacción moderada por las operadoras, que recuerdan que la tasa de las licencias de tercera generación sigue siendo “superior” a la fijada en el pliego de condiciones del concurso. Además, señalan que la tasa se ha fijado sólo para un año y exigen un “marco estable” que les permita definir su plan de negocio a largo plazo. Y, probablemente, no les falte razón, dado que la desmesurada subida del precio del recurso ha sido achacada por la opinión en general a un intento de mitigar en lo posible las consecuencias de lo que en su momento fue interpretado –todo hace pensar que, incluso, por el propio Gobierno– como una “metedura de pata” y que a la larga ha demostrado no serlo: la adjudicación de las licencias UMTS mediante concurso y no por subasta. El método elegido les hizo perder las desorbitadas cantidades recaudas por los Estados en otros países y que han logrado dañar los cimientos más sólidos en el segmento de los operadores de telecomunicaciones. Seguramente, el Gobierno mantuvo los pies en el suelo adoptando en la adjudicación la actitud adecuada. Pero ya es clásica la caracterización de España como un país que tiende a mirarse a través de los ojos del resto de Europa.

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