| Artículos | 01 ENE 2006

El correo basura sí da

Jaime Fernández.
Existen interesantes parecidos entre el spam y el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida. En ambos casos se habla de pandemias; el SIDA en la acepción clásica de la palabra, mientras que el correo basura es una enfermedad de la Red que ha afectado a casi todos sus usuarios. No se ha descubierto la vacuna que pueda frenar su expansión, y los tratamientos más avanzados intentan convertir a los pacientes en enfermos crónicos. No parece exagerado afirmar que todos los internauta son enfermos crónicos del spam. Los tratamientos también poseen similitudes, porque los más efectivos consisten en una mezcla de varios fármacos retrovirales o, en el caso del correo no deseado, de ciertas técnicas antispam. Note que los últimos y más reputados avances en la lucha contra el spam, como los filtros adaptativos o los protocolos de autenticación (SPF, DKIM, etc), tienen como objetivo reducir el número de correos basura que viajan por Internet, pero nunca eliminarlo por completo. Son, por tanto, tratamientos paliativos para hacer más llevadero el spam crónico que sufrimos todos los que tenemos una dirección de correo electrónico. Tampoco se vislumbra una vacuna a corto plazo: para este año que acabamos de estrenar se espera que el número de infectados por el SIDA y el número de correos no deseados aumente sin descanso. Esto provoca que, en el caso del SIDA, mucha gente se pregunte si se va por el buen camino en la lucha contra esta pandemia. En concreto, se critica que los mejores tratamientos contra esta enfermedad sólo están al alcance de una minoría que puede pagar sus elevados costes. Esta injusticia, conocida y denunciada incluso por varios gobiernos de países del tercer mundo, también ocurre en la lucha contra el correo no deseado: las mejores soluciones antispam no se encuentran al alcance de todo el mundo, ni mucho menos.
La clave de la batalla que se plantea cada día entre los delincuentes que viven del spam y los responsables del correo electrónico en la Red reside en los llamados ‘falsos positivos’, esto es, correo que no llega a su destinatario porque se consideró spam, aunque no lo era. Las mejores técnicas antispam reducen, y mucho, el porcentaje de ‘falsos positivos’ sin perjuicio del spam bloqueado, pero a costa de un elevado consumo de recursos en las plataformas de correo. Piense que dentro del concepto de correo basura se engloba todo tipo de mensaje pernicioso para el usuario: los que contienen virus, la publicidad no deseada o los numerosos timos y engaños que circulan por Internet. Quien busque un sistema robusto de filtrado para su empresa que elimine toda esa basura, con un mínimo porcentaje de falsos positivos, necesitará dinero o mucho dinero. No se trata de emplear programas de pago o no, ni de utilizar servidores más o menos potentes, ni de comprar soluciones estándar o a la medida. El correo electrónico de su compañía se encuentra en el mismo rango que el teléfono o el fax; son piezas clave de la empresa: no juegue con ellas. La pandemia que sufre el correo electrónico se combate con medidas paliativas caras, porque precisan de un buen ancho de banda, gran capacidad de proceso y un continuo y constante mantenimiento. Quien le diga otra cosa le está vendiendo un placebo que ayudará poco o nada a mejorar la salud de su sistema de correo.

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