| Artículos | 01 JUN 2006

El auge de la banca online

Eugenio Pedrero.
Tras un lento despegue, desde mediados de 2005, la banca online vive su mejor momento. Los depósitos gestionados por este tipo de entidades alcanzaron el año pasado la cifra de 17.601 millones de euros, con un ritmo de captación de depósitos de ocho millones al día. Se trata de un nuevo mercado bancario en que, además de las entidades financieras, también son protagonistas las empresas tecnológicas y de telecomunicaciones, que desarrollan todas las plataformas técnicas y hacen posible que el negocio funcione.

Hace ahora un año, Openbank irrumpía con agresivos anuncios en televisión ofreciendo la posibilidad a los clientes de ingresar dinero en un depósito y dando a cambio una rentabilidad del 6%, como la que estaba proporcionando ING Direct en ese momento. Era su forma de dar a conocer su cambio de nombre, y una forma de decir “estoy aquí de nuevo y esta vez he venido para quedarme”. La filial del grupo Santander salía así del olvido, después de cinco años en los que la banca online había estado poco menos que condenada al ostracismo, a raíz del estallido de la burbuja puntocom. Apenas un mes más tarde, Uno-e, el equivalente de BBVA, contraatacaba con otra rompedora campaña publicitaria en todos los medios ofreciendo depósitos al 8%. Y la cosa no quedó ahí. A la vuelta del verano, Openbank, para celebrar el día de Internet, que se conmemoraba el 25 de octubre de 2005, ofreció durante una semana la posibilidad de suscribir un depósito que daba una rentabilidad de hasta el 10%, algo nunca visto en el mundo online de los bancos.
No hacía falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que, a partir de mediados de 2005, como por arte de magia, algo fuera de lo común estaba pasando en las finanzas electrónicas. Para entender qué era exactamente lo que acontecía, necesariamente había que girar la vista hacia atrás. En 2000, los grandes bancos españoles se volvieron literalmente locos por estar en Internet. Fue cuando Santander apostó definitivamente por las finanzas online. Aunque el banco había creado ya la marca Openbank cinco años atrás, en 2000 la entidad presidida por Emilio Botín compró Patagón. Por su parte, BBVA, el gran rival de Santander, lanzó Uno-e.
Pero con el estallido de la burbuja tecnológica, a mediados de 2000, todas las expectativas que tenían las entidades en los negocios electrónicos se hundieron de la noche a la mañana. A partir de ese momento, los bancos online pasaron de héroes a villanos. No desaparecieron, pero quedaron relegados a un segundo plano, con un lento desarrollo comercial que se limitaba al lanzamiento de ofertas escasas y muy puntuales. En definitiva, entre 2000 y 2005 los bancos online como Openbank y Uno-e funcionaron a medio gas, aumentando su negocio y su base de clientes a ritmos muy débiles.

Negocio online = negocio tecnológico
¿Por qué de repente a partir de mediados de 2005 se revitaliza la estrategia de los bancos online y este tipo de entidades vuelve a hacer ruido publicitario en los medios? César González-Bueno, primer ejecutivo de ING Direct en España –firma que nunca dejó de crecer desde que irrumpió en España, en 1999- es realista. Define este cambio como una evolución natural del proceso de la banca online que, tras nacer con pocos clientes, fue creciendo paso a paso durante el periodo 2000-2005 hasta alcanzar una masa de clientes suficiente como para convertirse en una realidad tangible, con suficiente tamaño y relevante por sí misma. Según datos de la Asociación Española de Banca (AEB), la patronal de las entidades bancarias, los bancos online tuvieron durante el pasado año el mejor ejercicio de su historia. Los depósitos gestionados por este tipo de entidades, como Openbank, Uno-e, ING Direct y Popular-e, alcanzaron en 2005 la cifra de 17.601 millones de euros, cuando en 2000 apenas canalizaban depósitos por valor de 3.000 millones de euros. En la actualidad, se mueven a un ritmo medio de captación de depósitos de ocho millones de euros al día.
Esas cuatro entidades ya se encuentran en beneficios, y en total suman más de 2,4 millones de clientes. De hecho, el pasado año pasará a la historia como el ejercicio de su consolidación. Openbank, Uno-e, ING Direct y Popular-e, las cuatro entidades más representativas de banca online en España, superaron, de forma agregada, los 64 millones de euros de resultados netos, lo que supone un 53% más que en 2004. Fue también en 2005, a raíz del aluvión de ofertas que pusieron en marcha, cuando estas entidades crecieron más en clientes, sumando prácticamente medio millón de nuevos suscriptores. A todo ello no sólo ha contribuido la fiabilidad que da la banca online –todavía no ha habido un solo banco de Internet en España que haya supuesto una estafa o que haya quebrado o dejado sin atender sus compromisos con los clientes–. También el hecho de que tiene el atractivo de sus mejores ofertas, posibles gracias a que cuenta con menores costes que puede trasladar al cliente en forma de mejores precios. Asimismo, ha influido a su favor el aumento del uso de Internet en España, gracias, entre otras cosas, a la popularización de la banda ancha, con ADSL a la cabeza como principal sistema de acceso.
Todos estos ingredientes han conformado un nuevo escenario para la banca online, hasta el punto de que este fenómeno ha dejado de considerarse como una mera anécdota. Ahora, empieza, por fin, a verse como un negocio sólido, abierto a nuevas posibilidades. Pero también a nuevos desafíos, que no se circunscriben únicamente al mundo de las entidades bancarias, y a la operativa financiera a través de Internet. Cuando se habla de banca online, por lo general la gente automáticamente piensa en la combinación de un banco tradicional e Internet. Pero hoy empieza a verse como un concepto mucho más amplio. En realidad, debería hablarse de banca electrónica, que además de Internet, incluye otros canales alternativos a la tradicional oficina bancaria, como los cajeros automáticos, las tarjetas de crédito, la banca telemática, o por teléfono, o incluso la teletienda –ahora proliferan numerosos anuncios en televisión por las mañanas ofreciendo créditos rápidos a golpe de llamada de teléfono y con apenas trámites burocráticos–. Por otra parte, el componente tecnológico de la banca electrónica es ya tan importante, que en el mundo de las transacciones online los protagonistas, además de las entidades financieras, son también las empresas tecnológicas y de telecomunicaciones, que desarrollan todas las plataformas técnicas y hacen posible que el sector funcione.

La máquina frente al hombre
Es desde esta perspectiva bajo la que ha empezado a dividirse el negocio bancario en dos grandes formas de operar. Por un lado, las actividades que se hacen de forma electrónica, es decir, sin intermediar personas. Y por otro, las que utilizan empleados de carne y hueso y la oficina física como nexo de unión fundamental con los clientes. Poco a poco, las entidades financieras han ido comprobando como las actividades electrónicas han ido ganando peso con respecto a las actividades más “manuales”, aunque las dos siguen conviviendo y lo seguirán haciendo durante muchos años.
Según datos de las grandes entidades, la venta de productos sigue haciéndose de forma personal. Es deci

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