| Artículos | 01 SEP 2005

Del LMDS al WiMax

Eugenio Pedrero.
Si alguien que trabajaba en el sector de telecomunicaciones en España se hubiera marchado del país hace unos años –pongamos en el año 2000- y volviera hoy, comprobaría que su agenda de contactos se ha quedado caduca. Muchos de los directivos estrella que protagonizaron los felices años de la burbuja tecnológica se encuentran desaparecidos de escena. Al menos del sector telefónico. La pregunta es dónde están. La respuesta: en otros mercados. Eso es obvio. Pero, ¿hay alguno en concreto al que han acudido con entusiasmo? Sí: la energía eólica. Es éste un sector muy alejado de las telecomunicaciones pero resulta curioso, cuando menos, que en él estén haciendo sus pinitos personajes tan destacados como Martín Varsavsky, el que fuera fundador de Jazztel y de ya.com. Varsavsky, casi por inercia, también ha tirado como un imán de otros directivos que formaban parte del equipo inicial de Jazztel, como Antonio Carro. A Juan Villalonga, el que fuera presidente de Telefónica, desde su privatización completa en 1997 hasta que fue sustituido por César Alierta, en 2000, también se le atribuye un gran interés por invertir en energías eólicas en algunas zonas de Latinoamérica. Villalonga parece querer seguir alejado del mercado español, donde a pesar de sus méritos al frente de Telefónica -reestructuró laboralmente la compañía, y la engrasó comercialmente, por ejemplo- sigue siendo objeto de duras críticas y enemistades.
Puestos a hacer memoria histórica, y si seguimos mirando cómo eran las cosas en el año 2000 y cómo son ahora, encontramos otra área en la que se ha experimentado una enorme transformación: el LMDS (Local Multipoint Distribution System). Hace cinco años, el Gobierno concedió seis licencias para explotar esta tecnología inalámbrica, entonces prometedora, que daba nuevas oportunidades a los adjudicatarios, entre ellos, Jazztel, ACS, Comunitel, Iberdrola, la antigua Cableuropa, Aló, y Telmex. Pero hoy, de aquellas seis licencias, adjudicadas a otros tantos consorcios (Banda 26, Broadnet, Skypoint, Abrared, Aló y Firstmark), sólo quedan tres, fruto de las fusiones o el cierre. Skypoint se fusionó con Abrared, dando lugar a Neo, que sigue vivo pero en cuyo capital ya sólo está presente Iberdrola. Neo compró la cartera de clientes de Broadnet y Banda 26, que desaparecieron. Aló también está activo, aunque finalmente vio desaparecer a algunos accionistas de su capital, como Dragados. Firstmark, finalmente, cambió su nombre por el de Iberbanda, aunque es el que menos transformaciones ha sufrido tanto en su capital como en su actividad comercial. Hasta ahora. Porque Telefónica negocia su compra. La razón es sencilla. La compañía que preside Alierta, en su día, quedó fuera de los concursos de LMDS y ahora parece haber buenas razones para entrar en ese mercado.
El Gobierno prepara en estos momentos un concurso para conceder licencias para tecnología WiMax, pues, aunque hay una parte de frecuencias que son de uso libre, otra parte del espectro estará protegida por la legislación, de manera que no pueda haber interferencias. Y parece ser que uno de los proyectos es ligar la concesión de las licencias de WiMax a los operadores de LMDS existentes. De ahí el interés de Telefónica por Iberbanda, y, teniendo en cuenta que LMDS no ha alcanzado una gran representatividad comercial, dicen que del Gobierno porque el operador dominante, desde su fortaleza financiera, impulse la tecnología.

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