| Artículos | 01 ABR 2003

Crece la burbuja Wi-Fi

La Comisión Europea acaba de hinchar un poco más la burbuja Wi-Fi con la publicación de una recomendación que insta a los Estados miembros a fomentar el desarrollo de las redes locales inalámbricas como medio de acceso público a Internet. La medida en sí es positiva, por cuanto contribuye a difundir entre los ciudadanos los sistemas de acceso de banda ancha; por ahí nada que objetar. Pero, rizando el rizo de la cautela, también es cierto que da alas a un sistema de acceso público que, pese al interés que está despertando por fin entre los proveedores de servicios -garantizándose, por tanto, una existencia siquiera marginal asegurada- no tiene el éxito masivo asegurado. La 3G -cuando llegue- y DSL, tecnologías con las que coexistirá tanto como competirá, todavía tienen mucho que decir.
Nos vienen advirtiendo desde hace algún tiempo, pero entre todos seguimos engordando la burbuja Wi-Fi. No es que no tenga posibilidades esta tecnología, todo lo contrario. Hasta Negroponte anda diciendo por ahí que las redes inalámbricas podrían acabar modificando incluso el propio modelo de negocio de los operadores, fijos y móviles. Es justo lo contrario: ya sabemos como acaban las expectativas desaforadas que suelen generar a priori las excelencias tecnológicas de determinadas soluciones. Lo sabemos, qué si lo sabemos, pero no escarmentamos.
Cualquiera que sea el futuro, al día de hoy la industria se mueve deprisa en torno a una tecnología que, tras muchos años de intentos, parece estar logrando por fin calar hondo entre los usuarios, convirtiéndose en estos momentos de tristezas económicas en una de las pocas áreas de esperanza y crecimiento. Y, tras la sorprendente movida inalámbrica a escala planetaria que pusieron en marcha las “comunidades wireless” -tachadas de utópicas por los mismos que intentan aprovecharse ahora comercialmente de sus objetivos visionarios- los operadores y proveedores de servicios comienzan a considerar las WLAN como una nueva clase de ofertas de acceso público, ya sea en conexión con las redes fijas o con las móviles. El modelo de integración 3G-WLAN en los “puntos calientes”, los llamados hotspots, tiene sus apologetas y sus apocalípticos, y donde unos ven coexistencia pacífica, otros auguran la victoria de David contra Goliat, siendo aquí el gigante una tercera generación que no acaba de asomar las narices. Idéntica coexistencia o aniquilamiento puede plantearse en el binomio WLAN-ADSL, al menos en el mercado residencial, donde en un futuro podría dejar de ser necesario que cada usuario disponga de un acceso cableado de banda ancha; bastaría con el que le brinde su proveedor de accesso inalámbrico (o comunidad wireless, ¿por qué no?), al que se conectaría sin necesidad de cable. El reto, todavía más teórico que real, está en pie y su evolución no sólo dependerá exclusivamente de cuestiones tecnológicas ni de anchos de banda.
Las cosas no están muy claras todavía y apostar por estos tipos de accesos inalámbricos públicos es una iniciativa de final abierto en cuyo éxito intervendrá de manera decisiva tanto la voluntad de los agentes del mercado como la de los usuarios, que son los que al final deciden. Por ello, es de destacar el empeño de la Comisión Europea por promover el desarrollo de estas soluciones como una oportunidad más para difundir entre los ciudadanos las posibilidades de la banda ancha. En concreto, la Comisión ha adoptado una recomendación en la que insta a los estados miembros a promover Wi-Fi facilitando su desarrollo y autorización sin condiciones específicas para su utilización como acceso a Internet en lugares públicos, como aeropuertos, estaciones de tren y centros comerciales.
Optando por la vía de la coexistencia tecnológica, Erkki Liikanen, comisario europeo para la Sociedad de la Información, está decidido a que los Estados miembros empiecen a ver las redes WLAN como un complemento a otras tecnologías de acceso de banda ancha, como ADSL, el satélite o la televisión.”La recomendación supone un paso importante para el desarrollo de servicios multiplataforma y acceso a conexiones de Internet de alta velocidad. Las redes WLAN van a dar a los ciudadanos europeos el acceso necesario al conocimiento que supone la Sociedad de la Información desde lugares públicos y más allá de sus conexiones en el hogar”, asegura Liikanen.
La recomendación, que sugiere a los Estados miembros que fomentan el desarrollo de estas redes Wi-Fi sin necesidad de regular el sector de una forma específica, complementa los objetivos del Plan de Acción eEurope 2005 y el paquete de telecomunicaciones aprobado recientemente, que sientan las bases de la colaboración entre los estados miembros en la introducción de estos servicios. A partir de la recomendación, discutida por los estados miembros en el Comité de Comunicaciones celebrado el 24 de enero, una segunda tendrá que identificar el espectro de radio y armonizar las frecuencias necesarias mediante parámetros y requerimientos. Esta segunda parte se discutirá en la Unión Internacional de Telecomunicaciones durante la celebración del World Radiocommunication Conference 2003 en el mes de junio, que establecerá un espectro de radio adicional para el sistema WLAN en el rango de 5 GHZ.
Así, parece pues que Wi-Fi ha encontrado otra vía de despegue en el continente europeo. El apoyo que ha recibido de la Unión Europea es fundamental, más por lo que tiene de incitar a los Estados a que no metan sus manos en el asunto con cuestiones regulatorias que podrían acabar asfixiando tan incipiente mercado, que por lo supone de una muestra más de la buena voluntad comunitaria hacia la Sociedad de la Información, ese nuevo El Dorado de los tiempos que corren.
Si Wi-Fi sigue su actual carrera hacia los cielos -nunca mejor dicho-, y consigue postularse como una alternativa real de acceso público a Internet, como decíamos, al final podría acabar con un rotundo éxito. O como una solución minoritaria, cuando no marginal, si las cosas no le van tan bien; es decir, con un estrepitoso fracaso teniendo en cuenta tanta expectativa levantada. Esta obviedad la sabe cualquiera, pero seguimos actuando como si no. Hay modas que acaban empalagando, y ésta ya empieza.

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