| Artículos | 01 JUN 2002

¿Competencia? ¿Qué competencia?

El modelo ha fracasado - Cuotas por decreto - Apoyo a la inversión en redes
A finales del pasado mes de mayo, Josep Canós, primer ejecutivo de Retevisión, planteaba en un foro sobre telecomunicaciones organizado por el Iese una serie de medidas drásticas para aumentar la competencia en el sector de telefonía fija y en el mercado de telecomunicaciones en general. Canós pedía en primer lugar una mayor implicación de toda la Administración, empezando por el Gobierno, el Ministerio de Ciencia y Tecnología, y los órganos reguladores, como la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones y el Tribunal de Defensa de la Competencia. El máximo responsable de Retevisión, el mayor competidor de Telefónica en España en telefonía fija, abogó por un marco más transparente y uniforme para el desarrollo de los concursos públicos. Asimismo, solicitaba que legalmente se estableciera una distribución de las cuotas de mercado al operador dominante, de manera que se impusiera a Telefónica la obligación de no superar un determinado nivel en servicios novedosos como la banda ancha o ADSL.
Al margen de la mayor o menor originalidad de estos planteamientos, la propuesta de Retevisión debe llevar a hacer una profunda reflexión sobre el modelo de liberalización que existe en España. ¿Hasta qué punto es acertado? ¿Es necesario cambiarlo? Y sí es así, ¿en qué medida? A todas luces, el resultado del proceso de liberalización, después de más de tres años de experiencia, deja mucho que desear, tanto para los usuarios domésticos como para los empresariales. Las cuotas de mercado que han arrancado los nuevos operadores a Telefónica en gran parte de los servicios son ínfimas si se comparan con algunos de los principales mercados en el ámbito europeo. Los precios han bajado, pero no con la misma rapidez e intensidad que en otros países del entorno. Las alternativas reales a Telefónica, con operadores que puedan ofrecer toda la gama de servicios en un paquete conjunto, son nulas o casi nulas. En cierto modo, todo el mundo es consciente de que el modelo de liberalización ha fracasado. Lo que nadie tiene claro a estas alturas son las recetas que se deben aplicar para aliviar la situación.
Retevisión plantea, en resumen, un mayor intervencionismo de la Administración que posiblemente empeoraría el problema que se quiere resolver. Establecer cuotas de mercado a Telefónica niega de plano la idea de competencia. Si los nuevos operadores tienen, por ley, cuotas de mercado preestablecidas y garantizadas, se olvidarían por completo de aspectos tan esenciales como competir en precios o mejorar su eficiencia para arañar mercado al ex monopolio. De hecho, hasta ahora, los nuevos operadores han actuado a remolque, con escasos descensos de tarifas con respecto a los precios que, por ley, tiene que tener Telefónica. El conocimiento exacto de la evolución de precios del antiguo monopolio les ha relajado a la hora de mejorar costes y productividad. les de competitividad. Del mismo modo ocurre con los precios de interconexión. Esta estructura de negocio era válida para los primeros momentos del proceso de apertura, pero ahora va camino de perpetuarse ante la falta de desarrollo de infraestructuras propias por parte de los nuevos operadores.
Es cierto que hay que defender la competencia, pero este principio que nadie discute no puede promoverse con un todo vale. Ahora, más que nunca, se necesitan ideas imaginativas que ayuden a todos a salir del bache. ¿Cuáles? Es algo que debe plantearse desde todos los ámbitos del sector. En cualquier caso, el tradicional recurso de defender a los nuevos operadores en detrimento del antiguo monopolio a través de una política reguladora asimétrica puede acabar siendo una fórmula que se agote en sí misma.
En puridad, podría decirse que sólo cabe la solución de defender las nuevas inversiones de los operadores en sus propias infraestructuras, pues de otra manera no podrán escapar del poder de Telefónica y plantarle cara. Esta medida, además de ser defendida a veces demagógicamente, tiene sus contras evidentes: nadie hubiera entendido que se hubiese seguido ese modelo cuando TVE perdió el monopolio y se creó Retevisión como titular neutral de las infraestructuras de difusión. Pero a estas alturas la situación no admite volver a ese modelo, que por otra parte hubiera sido de difícil aplicación en el caso de una compañía mayoritariamente privada como ya en 1998 era Telefónica.
Otro contra es que en la complicada situación económica en que nos encontramos pocos podrían asumir un mayor ritmo de inversiones en redes. Pero de admitirse como solución podría solventarse con ayudas por parte de la Administración, ayudas que se necesitan hoy más que nunca y que podrían ir desde un mejor tratamiento fiscal a una política más activa en incentivos a la inversión en redes, pasando por campañas de concienciación para que la población conozca los nuevos servicios de Internet, verdadero campo de batalla para todas las operadoras. Puede que no tenga sentido pero lo que no lo tiene es seguir como estamos.

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