| Artículos | 01 ENE 2003

Compartición de infraestructuras para reducir costes

Telefonía móvil
José M. Huidobro.
Para reducir los enormes gastos financieros y riesgos asociados a la construcción de las redes móviles de tercera generación (3G), una opción que se están planteando varios operadores, en distintos países, es la de unirse para compartir las inversiones y gastos. Muchas son las ventajas de compartir una red, incluso para GSM, sin embargo, los operadores también tienen que ser conscientes de sus aspectos negativos.

Uno de los temas más candentes en Europa durante los años 2000-2001 fue el de las subastas de licencias y los “Beauty Context” organizados por las Agencias de Regulación Nacionales (ARN) en los diferentes países, con el resultado de unos costes directos en licencias (64 licencias entre todos los países que componen la Unión Europea) de más de 100.000 millones de euros (104.000 correspondientes a los procesos de subastas y 5.200 a los de los concursos), suficientes para construir cuatro eurotúneles, y unas inversiones totales comprometidas, para un periodo de 10 años, superior a los 150.000 millones de euros, un dinero con el que se podrían construir. El proceso de adjudicación de las licencias fue un primer capítulo de la historia 3G que suscitó gran entusiasmo, especulación, endeudamiento y, quizás, algunas exageraciones, sobre el que no entraremos a opinar en este artículo, ya que nuestro interés se centra en lo que va a suceder después.
Hoy afrontamos el siguiente capítulo de esta historia: la construcción de las redes de 3G y su puesta en servicio comercial, con toda las dificultades que ello conlleva, tanto en el despliegue de infraestructuras para soportar el servicio como en el lanzamiento de terminales y aplicaciones. Se espera que este capítulo implique importantes inversiones, no solo en equipos sino también en el marketing para convencer a los usuarios de las bondades del nuevo servicio, con la esperanza de su futura recuperación, algo que diferentes pronósticos auguran que no será posible hasta dentro de 15 ó 20 años, y en algún caso, como el alemán, hasta 30, contemplándose diferentes escenarios, unos optimistas y otros pesimistas.

Para reducir inversiones
Ante esta situación, que se pone de manifiesto ahora con toda su crudeza, es lógico que los distintos adjudicatarios se replanteen la situación y actúen teniendo en cuenta que las inversiones que realicen no pueden esperar tanto tiempo para ser rentables. Esto está produciendo retrasos en el lanzamiento y salida de algunos mercados, en espera de que la tecnología esté más madura y exista cierta demanda en el mercado que genere un ARPU sustancial.
Por otra parte, se plantea la compartición de las redes, un hecho contemplado y promovido por la Unión Europea al objeto de reducir las inversiones necesarias, ya que de esta manera la misma infraestructura, creada para dar una mínima cobertura atendiendo los compromisos adquiridos, podría ser operada por varias compañías, siempre que el número de usuarios no supere su capacidad, algo que a corto plazo no parece probable. También se ven reducidos, evidentemente, los gastos de operación. Hay que tener en cuenta, además, que actualmente se está realizando el despliegue de las redes GSM/GPRS, denominadas de 2.5G, lo que supone unas inversiones añadidas a las propias y necesarias para el despliegue de la 3G, parte de las cuales podría ser aprovechada. Un caso en el que también se podría aplicar esta reducción de costes e inversiones es el de los Operadores Móviles Virtuales (OMV), pero por sus particularidades no entraremos a tratarlo en este artículo.
La red móvil consta de varias partes, básicamente el núcleo de la red (UTRAN/UMTS Terrestrial Radio Access Network) y las estaciones base de radio (emplazamientos) que dan cobertura a los usuarios ubicados en su zona de cobertura. Dependiendo de qué se comparta y cómo se comparta, el ahorro de costes puede ser mayor o menor, la extensión de la red más o menos rápida y su gestión más sencilla o más complicada.
Las distintas soluciones técnicas que se pueden dar son: red compartida común (basada en itinerancia nacional), red compartida geográfica (basada en itinerancia nacional), UTRAN compartida (basada en RNC virtual) y emplazamientos compartidos (alternativa básica -emplazamiento, antena, transmisión-). Cada una de estas soluciones, que pueden darse independientemente o combinadas (solución híbrida), se pueden implementar en distintas fases, siempre respetando los operadores las especificaciones del 3GPP para la construcción de las redes de 3G (WCDMA), y siendo la magnitud del ahorro conseguida diferente, pero en cualquier caso importante, debido a las economías de escala logradas.
Las dos primeras son las que aportan un mayor ahorro, que puede llegar a ser superior al 50%, pero requiere del establecimiento de acuerdos de itinerancia (roaming) nacional. La última es la que menos ventajas proporciona (ahorro medio del 20% al 30%, según que se comparta solo el sitio o el equipo de acceso radio, respectivamente), aunque, por contra, es la más sencilla y rápida de implementar, ya que solamente requiere ponerse de acuerdo sobre que elementos compartir, pudiendo estar incluso subcontratado el montaje de éstos a una tercera compañía. En el escenario de UTRAN compartida, las dos redes WCDMA son compartidas físicamente, pero están separadas lógicamente.
Un aspecto que hasta ahora no ha sido comentado es el de los servicios, ya que aunque la red sea compartida, puede existir una diferenciación entre los servicios multimedia que presten los operadores que se sirvan de ella. En este caso, también pueden ser diferentes los modelos de negocio y de facturación, ya que el operador se puede limitar a ofrecer su red móvil a otros o tener un mayor control, ofertando el mismo los servicios, a través de un portal propio, a sus abonados. Una amplia y variada oferta de servicios será una manera de controlar el cambio de operador, ya aumentará la fidelidad de los usuarios.
El proceso no es irreversible y, así, en el futuro, cualquier red compartida puede migrar hacia redes individuales, algo que puede llegar a ser necesario o aconsejable en función de las circunstancias de mercado, requisitos de capacidad, cambios legislativos y la situación de los propios operadores. Por tanto, la reversibilidad del proceso permite un ajuste al entorno

Los efectos de compartir
De una manera genérica, a continuación se exponen las ventajas y desventajas que supone la compartición de redes. Es de destacar que primeras pesan más que las segundas, aunque, como siempre, serán muchos los factores que haya que tener en consideración, no solamente técnicos, sino también políticos y de oportunidad, para decidirse o no por una solución de este tipo.
Entre las ventajas cabe citar:
- Gastos financieros y riesgos. Cuando la disposición de los inversores a financiar la industria de telecomunicación es muy baja, es importante explorar nuevos modos de conseguir el capital necesario para las ingentes inversiones a realizar. Debido a que los ingresos por servicios móviles de tercera generación son difíciles de prever, una cuestión importante es el riesgo financiero asociado a la construcción de una red. La red compartida aumenta la capacidad en uso de una red, reduciendo así el riesgo de capacidad excedentaria. No obstante, los operadores han de cumplir con las obligaciones contra

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