| Artículos | 01 JUN 2004

Banda ancha vía satélite

Más allá de ADSL
Concebidos originalmente para otras misiones, los satélites de comunicaciones han incorporado en los últimos años el acceso a Internet como una de sus aplicaciones centrales. En un futuro no lejano, tendrán un papel fundamental en la convergencia entre la banda ancha, las comunicaciones móviles y las señales de televisión. Entretanto, su importancia radica en la cobertura universal que ofrecen.

En una visión simplista, alguien podría pensar que las necesidades de acceso a Internet están suficientemente satisfechas con ADSL; pero esta sería, además de simple, una visión estrecha de la realidad. Entre el conjunto de tecnologías que facilitan el acceso de banda ancha, ADSL es una solución transitoria que permite a los operadores prolongar la vida útil de sus redes existentes, en espera de que la demanda de contenidos más ricos exija (y haga rentable) ampliar el ancho de banda disponible con otras tecnologías afines. En las entretelas del auge actual de ADSL y de otras soluciones terrestres, a los satélites les está reservada una cuota de protagonismo como medio de acceso a Internet para millones de habitantes del mundo.
Si se mira hacia atrás, se puede comprobar que en la historia de los satélites ha habido momentos en que pudieron parecer redundantes, pero sucesivamente han incorporado nuevas aplicaciones y, de hecho, cada vez hay más ingenios en órbita, sin apenas capacidad ociosa. Son, sin discusión, el medio más versátil para transmitir y distribuir señales regionales de comunicaciones. Hasta comienzos de los años 90, su explotación estaba reservada a un puñado de entes de carácter público o semipúblico, como Intelsat, Inmarsat y Eutelsat. Comenzó entonces el boom de los servicios satelitales privados, que ha tenido y tiene entre otros exponentes a los europeos Astra y a los españoles de la serie Hispasat, cuyo uso más conocido por el público es la difusión de canales de televisión. Pero no el único, como se verá.
Entretanto, los satélites de órbita baja, destinados a prestar servicios de telefonía móvil internacional, no han conseguido asentarse como negocio. Los de la constelación Iridium, promovida inicialmente por Motorola, y los nonatos de Teledesic -en los que Bill Gates se dejó un pellizco de su fortuna- son ejemplos dramáticos de la complejidad financiera intrínseca a esta actividad, que exige una elevada inversión inicial en espera de retornos futuros. El mercado no estaba maduro (¿lo está?) para estas iniciativas, pero el entusiasmo regresa ahora con la incorporación de mayor valor añadido a la telefonía móvil multimedia. La convergencia entre ésta y las redes IP podría cambiar el paisaje.
Para los operadores de satélites de comunicaciones, como Eutelsat, Astra e Hispasat, entre otros, no es un problema técnico ni financiero añadir Internet a su oferta, y sin dudarlo se han lanzado sobre la presa de este mercado creciente. Su ventaja relativa es notoria: gozan de una cobertura que abarca el 100% de su huella sobre la superficie terrestre, un rasgo que ninguna otra tecnología puede igualar.
En la Unión Europea, que ha hecho de la extensión de la banda ancha un punto central de su estrategia de la Sociedad de la Información, sólo el 65% de la población dispone de esa facilidad potencial, que no real. En España, la cobertura potencial es del 91% de la población, pero para llevarla hasta el 100% hay que recurrir a otras tecnologías; es aquí donde el satélite aparece como una alternativa o, más bien, como un complemento.

Telefónica no se descuida
Para el responsable de este negocio en Telefónica de España [www.telefonicaonline.com], Francisco Quintana, el satélite es un instrumento crucial para cumplir con la universalidad del servicio que presta. Se trata de atender a una demanda dispersa que dispone, en el mejor de los casos, de acceso funcional a Internet –a través de telefonía rural vía radio o de la móvil GPRS– pero no de banda ancha. “Esto no quiere decir –aclara Quintana– que la banda ancha no vaya a llegar a ese segmento de la población; pero, entretanto, el satélite nos permite cubrir las necesidades de acceso bidireccional a Internet y a redes privadas en áreas aisladas o con orografía difícil para otras tecnologías. Hay casos insospechados de demanda en el medio rural que mucha gente desconoce”.
La sustitución de la obsoleta telefonía rural TRAC –unas 250.000 líneas– ha sido adjudicada a Telefónica, pero se materializa a través de soluciones que en algunos casos son aportadas por otros operadores. Se ha hecho en unos casos con tecnología GPRS y en otros con LMDS. “Desde el punto de vista de las obligaciones normativas, que incluyen el acceso funcional a Internet dentro del servicio universal –subraya Quintana– bastaría con ello, puesto que no se nos exige otra cosa. Pero hay una decisión tomada por Telefónica de ir más allá de las obligaciones, porque entendemos que existe una demanda para ese servicio”.
Esa demanda viene incentivada, en buena medida, por los programas gubernamentales de dotación de Internet al medio rural, que suelen traducirse en el equipamiento subvencionado de acceso por satélite a ayuntamientos o centros escolares, en muchos casos conectados a su entorno por redes locales o inalámbricas. Un ejemplo de ello es el programa Internet Rural, que gestiona el ente público Red.es [www.internetrural.es] y que, en parte, recurre al acceso por satélite. En total, el número de conexiones por satélite gestionadas por Telefónica –explica Quintana– supera el millar, “pero con toda seguridad el número de clientes multiplica por cinco la cifra de antenas”.
El principal problema está, reconoce el directivo de Telefónica, en que el equipamiento de usuario es caro –2.430 euros actualmente– por lo que el coste inicial de acceder a Internet por satélite no puede compararse a ADSL (si bien las subvenciones ayudan a pasar el trago). La política de precios de Telefónica apunta a acercarlos a las tarifas ADSL, pero con una cuota de alta e instalación elevada, de 642 euros.
El servicio prestado por el operador utiliza como segmento espacial la capacidad del satélite español Hispasat, del que es un destacado accionista. En las condiciones actuales del mercado, Quintana no cree que prospere un negocio mayorista suficiente como para crear una cadena de valor hasta llegar al usuario final. Telefónica incorpora el acceso por satélite en su propia oferta, y sus competidores no son otros operadores de comunicaciones ni proveedores de Internet, sino las propias empresas de satélites, que se apoyan en socios locales.
El servicio de acceso bidireccional que comercializa Telefónica requiere contar con una antena parabólica, que deberá dedicarse con carácter exclusivo a este servicio, y un codificador/decodificador, conectado al terminal mediante una interfaz Ethernet, que envía y recibe los datos en ambos sentidos. Este tráfico viaja a través de los recursos del satélite y de la Red IP del operador. En esta oferta se incluyen modalidades de valor añadido, como buzones de correo y espacio para páginas Web, así como soluciones de seguridad. La variante multipuesto, la más utilizada, admite una red local de hasta 16 equipos. Las fórmulas prop
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