| Artículos | 01 NOV 2001

Al servicio de la nueva economía

Leandro Pérez.
A medida que se desarrolla la Ley de Moore, más productos y servicios basados en chips aparecen, y las consecuencias de la ley de Metcalfe se encargan de distribuirlos. Las telecomunicaciones comienzan ahora, además, a crear una nueva generación de productos y servicios.

En 1965, el presidente de Intel, Gordon Moore, hizo su famosa observación: “La potencia de proceso de los chips se dobla cada 18 meses, con precios constantes”. Esta observación se cumple casi matemáticamente a lo largo de los años y se conoce actualmente como Ley de Moore. Se trata del fundamento esencial del nacimiento de la Nueva Economía, puesto que cuanto más se desarrolla la ley, más productos y servicios basados en la incorporación de chips se crean, hasta tal punto que nos aproximamos a su ubicuidad.
La ley de Moore produce las mejoras en la relación precio/prestaciones en todos los componentes hardware de un sistema informático. Estas mejoras son más apreciadas cuanto mayor sea el número de chips que incorpora el componente. La magnitud del fenómeno es espectacular cuando se comparan situaciones con perspectiva temporal, tal y como reflejan las tablas adjuntas.
Ninguna industria ha evolucionado al ritmo tan vertiginoso como la de los semiconductores. Mientras que, por ejemplo, los aviones en servicio hoy en día son por lo general modelos de la década de los 70, resulta difícil encontrar en las empresas ordenadores portátiles con más de tres años.
Otro fenómeno añadido al de la ubicuidad que la Ley de Moore está provocando es el de la creciente miniaturización. fenómeno que puede observarse claramente en la telefonía móvil y en los ordenadores tipo “palmtop”, por poner dos ejemplos. Incluso en la industria del automóvil podemos encontrar signos de esta tendencia, pues aunque, obviamente, su tamaño siempre tendrá un mínimo para poder alojar al conductor, la incorporación de microprocesadores y de nuevos materiales ligeros, basados en plásticos avanzados, lo están configurando como un medio extremadamente liviano y con cientos de microprocesadores.

Ley de Metcalfe
Según R. Metcalfe, fundador de 3Com: “El valor de una red aumenta proporcionalmente al cuadrado de los nodos conectados en la misma”. La Ley de Metcalfe puede intuirse fácilmente reflexionando sobre el hecho de que el valor de una máquina de fax aislada sería cero, y cómo su valor aumentaría cuadráticamente a medida que hubiese otras con las que poderse comunicar.
Cada vez que un nuevo ordenador se conecta a Internet, el valor del conjunto aumenta produciendo economías externas para los ya conectados. La Ley de Metcalfe, junto con la Ley de Moore, es por tanto fundamental en el ritmo espectacular con que se está desarrollando Internet, donde cada vez es más barato conectar potentes ordenadores a una Red cuyo valor crece exponencialmente. A medida que se desarrolla la Ley de Moore, más productos y servicios basados en chips aparecen, y las consecuencias de la ley de Metcalfe se encargan de distribuirlos.
Hasta hace poco, el factor más limitante para el desarrollo de la Red era la escasez de ancho de banda a precios razonables. Este hecho desincentivaba el acceso por la lentitud y carestía. Hoy, como consecuencia de la Revolución de las Comunicaciones, por los procesos de desregulación, globalización y avances tecnológicos en este sector, el problema está siendo superado de tal forma que George Gilder, analista tecnológico de gran prestigio, ha pronosticado que “la capacidad de Ancho de Banda de la Red se triplicará anualmente durante el próximo cuarto de siglo”. El incremento del ancho de banda permitirá el desarrollo y utilización económica de aplicaciones multimedia (texto, números, sonido, imagen) en la Red.

Revolución de las comunicaciones
Mientras que en los últimos 20 años se han producido mejoras del orden de mil veces en la potencia de los ordenadores, tanto en capacidad de proceso como en almacenamiento, las telecomunicaciones, por el contrario, no han seguido este ritmo y los usuarios no han podido apreciar las importantes mejoras tecnológicas (fibra, satélite, etc.), debido fundamentalmente a la falta de competencia en el sector y las políticas gubernamentales de mantenimiento de precios altos en algunos servicios para subvencionar otros.
Hoy, la ola de desregulaciones y globalización, junto con la explosión de Internet, está permitiendo la aparición de un gran número de nuevos operadores, la aceleración de la innovación tecnológica y el desarrollo de nuevos productos y servicios. Y las telecomunicaciones han comenzado el camino que la industria informática inició hace 30 años. Un dato puede avalar el inicio de la revolución: el volumen del tráfico se dobla cada 100 días.
Pero aún permanecen una serie de limitaciones, que deben ser superadas para no comprometer el éxito de la revolución en marcha:
- Orientación a la voz. Dentro de los próximos dos años el tráfico de datos excederá al de voz y las compañías de telecomunicaciones deberán transformar su infraestructura, construida durante 100 años para transportar voz, en otra que soporte transmisión conjunta de paquetes de voz y datos sin las limitaciones actuales causadas porque el concepto de “llamada” no es eficiente para el tráfico Internet ni la conmutación de circuitos alrededor de dicho concepto es adecuada para gestionar millones de paquetes por segundo. Afortunadamente, la tecnología está permitiendo crear redes orientadas a la transmisión de paquetes de datos con el protocolo IP y transmitir la voz, una vez digitalizada y comprimida, junto con los datos.
- Limitado ancho de banda del bucle de abonado. Hoy en día, adicionalmente a la “orientación a la voz” de la infraestructura existe otro factor limitante: el reducido ancho de banda del bucle de abonado. Mientras que la fibra del backbone transmite a terabits (1.024 Gbps), el acceso común domiciliario, con par de cobre, es 10 millones de veces más lento. Nuevas tecnologías como xDSL, cable de TV y satélite están permitiendo superar esta limitación.
- Sistema de pricing no adecuado. La función actual de pricing (minutos, número de llamadas, distancia) no se ajusta al esquema de costes de las telcos, con altos costes fijos y bajos costes variables, y esto está desincentivando el desarrollo de nuevas aplicaciones y servicios. Los nuevos sistemas de pricing, van a permitir a las empresas crear nuevos servicios y aplicaciones basados en las telecomunicaciones y una mayor utilización de las aplicaciones actuales, en las que el elevado coste es un impedimento. Actualmente se empiezan a ver esquemas basados en tarifas planas más ajustadas a las necesidades del mercado.
Superadas estas limitaciones, el gran incremento esperado de ancho de banda en el bucle de abonado de acuerdo con la estimación de George Gilder, y el consiguiente aumento de la velocidad de acceso a Internet provocarán un aumento de los servicios proporcionados a través del Web:
- Compras por catálogo on-line, con calidad de imagen comparable a los prospectos impresos, con facturación y pago electrónico.
- Trabajo en grupo a larga distancia, con videoconferencia de alta calidad.
- Acceso a sistemas de negocio vía periféricos hand-held/wireless, en la línea de lo ya introducido por las compañías de a

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