Actualidad | Noticias | 07 SEP 2001

(Opinión) Xfera, los inalámbricos LMDS y las fusiones que vienen

La negativa de Ciencia y Tecnología a conceder una licencia GSM a Xfera para aliviarle la espera de la llegada de UMTS complica aún más el ejercicio económico que ahora empieza, especialmente agitado para el sector de las telecomunicaciones y las nuevas tecnologías.
Comunicaciones World

Después del parón que el último curso escolar supuso para las operadoras telefónicas y las compañías de Internet, bloqueadas por un castigo bursátil sin precedentes, ha llegado la hora de la reordenación de todos los negocios. En un clima donde todas las expectativas han quedado desmontadas y donde se impone la dictadura de la rentabilidad, nada quedará a salvo de la reestructuración. El proceso incluirá ventas de activos, nuevos recortes de presupuestos y personal, y una nueva oleada de fusiones y consolidación de empresas. En España, son varios los grupos empresariales que están en lista de espera para una profunda revisión ante su futuro incierto.

La situación actual Xfera está muy lejos de la euforia con la que este consorcio se adjudicó, en marzo del pasado año, la licencia de telefonía móvil UMTS. La cúpula directiva, a cuyo frente está Antonio Cantón, ideó un plan de lanzamiento muy agresivo y rápido en pleno boom de la telefonía móvil, cuando el número de usuarios en España crecía al ritmo del cien por cien mes a mes. Sin embargo, Cantón se encuentra ahora con un mercado maduro en el que han cambiado todos los patrones comerciales: el número de usuarios de móviles crece con cuentagotas. Además, Airtel, Amena y Telefónica están defendiendo con uñas y dientes los usuarios que ya tienen gracias a fuertes campañas de fidelización.

Bajo este panorama, y ante la presión de los socios, que no están dispuestos a perder cantidades millonarias a corto plazo, el grupo Xfera se ha visto forzado a rehacer su proyecto. Su último
movimiento ha sido pedir ayuda al Gobierno bajo la excusa de que si no se le tiende un cable, el proyecto nacerá muerto, lo que dejaría la competencia celular en España reducida a tres operadoras.

De esta forma, Xfera venía solicitando al Ministerio de Ciencia y Tecnología frecuencias para operar en GSM, lo que, a todas luces, contradice las bases del concurso, que adjudicó una licencia para UMTS. Para Xfera, disponer de frecuencias propias de GSM no sólo hubiera sido un recurso técnico que posibilitaría su lanzamiento de forma más rápida. También se trata de una fórmula para aumentar su valor, y por lo tanto, las plusvalías de los socios si estos deciden vender. De hecho, ninguno de ellos tiene vocación de permanencia. De un lado el tándem Vivendi-FCC ya ha encargado a un banco de negocios que estudie distintos modelos para lo que eufemísticamente ahora se conoce como poner en valor la compañía, y que tradicionalmente se ha entendido como desinvertir en las mejores condiciones posibles. Por otro lado, de todos son conocidas las dificultades por las que está atravesando la operadora nórdica Sonera. Esta compañía, socio del grupo constructor ACS, que también considera su inversión en Xfera como puramente financiera, ha renunciado a la licencia de UMTS en su propio país, y ya ha puesto en venta sus acciones del operador español.

Al examen de Xfera se unirá el que tengan que sufrir
los operadores inalámbricos LMDS. Su crisis ya empezó en los primeros meses de este año, cuando poco a poco sus respectivos socios tecnológicos fueron entrando en un laberinto de dificultades financieras que ya ha llevado a alguno a la quiebra. Así, fueron cayendo en desgracia Teligent, el socio de Banda 26, y cuyas acciones han sido ahora compradas por Jazztel, que ya contaba con una participación mayoritaria; el rebautizado Star 21, socio de Skypoint; y UPC, presente en Banda Ancha. Son sólo algunos casos.

El poco optimista panorama se completa con problemas internos entre los socios. Una vez que, por ejemplo, Comunitel, socio de Skypoint, ha pasado a manos de la lusa ONI, no está claro que estrategia seguirá la operadora inalámbrica. ONI sólo sacará adelante el proyecto si controla la gestión; de lo contrario, venderá su participación, dejando la compañía en manos del tándem Recoletos-El Mundo, con escasa experiencia en telecomunicaciones. En otros casos, se repite la situación de incertidumbre. Aló negocia la compra a UPC de su participación para hacerse cargo de Banda Ancha, aunque la empresa que dirige Rivas-Micaud dispone de poco músculo financiero. Iberdrola, por otra parte, se está replanteando que hace con Neo.

Con todo, la solución que algunos directivos están vislumbrando es la de los matrimonios entre operadores inalámbricos, de manera que se unan aquellos que tienen una licencia de 3,5 MHz con otros que cuenten con una de 26 MHz. Sería la única fórmula para dar más valor a las compañías, rentabilizar la instalación de antenas y hacer viable
los proyectos, al menos a medio plazo. Muchos están todavía a tiempo de unirse, dado que apenas han avanzado en el despliegue de sus redes, y no se darían situaciones de redundancia de instalaciones. Llegan tiempos de cambio.

























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